Los primeros en la historia

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En la tribuna de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, de izquierda a derecha Esmel Saad
Barrera, Francisco Díaz Febles, Arcel Quevedo Osorio, Dimas Ramón Martinto Brown y Celia Hernández. Foto: Leonardo
Fernández

En Santiago de Cuba, hace 30 años, en la soleada tarde del 26 de julio de 1983, cinco trabajadores recibían de manos de Fidel, el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, el más alto galardón en el quehacer laboral cubano. ¿Los elegidos?: Celia Hernández, Francisco Díaz Febles, Dimas Ramón Martinto Brown, Esmel Saab Barrera y Arcel Quevedo Osorio.

Cinco días antes, el 21 de ese mes, en el Palacio de la Revolución, el propio Comandante en Jefe estrenaba el lauro en el pecho de Blas Roca Calderío, primero en lucir la Estrella de Oro acreditativa.

Francisco Díaz Febles, el inseminador

Francisco Díaz Febles, el inseminador, es un conversador empedernido, que gusta hablar “de lo humano y lo divino” —como prefiere decir—. “Soy un hombre feliz, me gustan los pequeños placeres de la vida, ver a mi familia reunida, que todos se quieran”. Antes me habló de Grúa Nueva —donde nació— un bateycito avileño cercano al antiguo central Violeta —ahora Primero de Enero— donde la pobreza aventajaba con creces a la caña.

La primera vaca que gestó tuvo jimaguas, “pero se me murieron los terneros —recuerda— después vino la otra, y el ternero nació sanito, y después otra, y otra, y miles de vacas y terneros más.

“Me faltan palabras para describir, por ejemplo, cuando nace un ternero, cuando nace sanito, sin problemas… Es un orgullo que no tiene nombre. Es de las mejores cosas del mundo”.

Dimas Martinto, el machetero

A decir verdad, no siempre se llamó así. Por razones que se pierden en la memoria familiar, María Ernestina, la madre, invirtió los apellidos del pequeño y desde entonces se nombra Dimas Ramón Martinto Brown, pero todos lo llaman Martinto, a secas.

En 1961 se estrenó como machetero en campos de Chambas, Ciego de Ávila. Lejos estaba de pensar que esa sería su gran obra.

En 1971 ¡192 mil arrobas! y un año después ¡228 mil! Su leyenda creció junto a Braulio Maza, Dagoberto Prado y otros. Son casi 5 millones de arrobas de caña las que sumó Martinto en su vida de machetero. “Claro, tuve que olvidarme del deseo de ser un pelotero famoso y de las fiestas. Bien vale la pena que casi todo lo que me he propuesto lo he logrado con el trabajo”.

Esmel Saad Barrera, el Morito

Arropado en una voluntad a toda prueba, este chofer holguinero, entonces con 34 años, llegó a la gloria. ¿Qué sientes?, le preguntó un reportero y su respuesta no se hizo esperar: “Deseos de seguir trabajando”.

En homenaje al Primer Congreso del Partido, el Morito se propuso —y cumplió— mil viajes voluntarios convirtiéndose en iniciador del Movimiento de los Destacados. Para el Segundo Congreso la cifra se elevó a 5 mil y a partir de ahí, cada año superaba la cifra.

Arcel Quevedo, la leyenda

Cuando se habla de operadores de combinadas cañeras los grandes se inclinan ante Arcel Quevedo, de Holguín. En sus 33 zafras con la máquina —estuvo siete como machetero— acumuló más de 92 millones de arrobas, por lo que puede decirse que es el hombre que más caña ha cortado en Cuba.

En 1986 Arcel derribó nada menos que 6 millones de arrobas, pero antes, en 1975, en homenaje al Primer Congreso del Partido, impuso una marca que aún hoy permanece y, seguramente, se mantendrá por siempre. “A las once de la mañana del día 27 de enero comencé a cortar para el nuevo récord —ya llevaba seis o siete horas cortando, pero no se computaron– y 24 horas después acumulaba 123 mil arrobas. A las cinco de la tarde del día 28, luego de 36 horas continuas de labor, llegué a las 127 mil arrobas”.

Celia, de cocinera a Heroína

En 1973 Celia Hernández se fue a la zafra como cocinera de las brigadas que cortaban en el campamento Pedroso 2, del central Amistad con los Pueblos, en la hoy provincia de Mayabeque. Como machetera no contaba con ninguna experiencia, pero sí suficiente voluntad para vencer cualquier avatar que el trabajo impusiera.

“La primera vez que me fui a un plantón de caña fue el 16 de abril, para conmemorar el Día del Miliciano”, recuerda. Nacía así, casi casualmente, la excelente machetera que fue, pues al año siguiente se convirtió en Heroína de la Zafra, el más alto galardón que anteriormente entregaba la zafra azucarera.

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