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Para envejecer se necesita…

La familia desempeña un papel fundamental en el cuidado de los ancianos. Cariño y respeto no deben faltarles. Fotos: Agustín Borrego
La familia desempeña un papel fundamental en el cuidado de los ancianos. Cariño y respeto no deben faltarles. Fotos: Agustín Borrego

La redecilla en el pelo para no despeinarse, la pulcritud en rostro y cuerpo, los buenos modales, la manera delicada y correcta de hablar, el buen carácter, la sonrisa… Así la recordé durante años y hoy, cuando casi han transcurrido cuatro décadas, encuentro a la maestra —que enseñó a leer y a escribir a muchos de los de mi generación— alegre y conversadora como siempre.

¿Y es que el tiempo no ha pasado por esta mujer que dedicó gran parte de su vida al magisterio? ¿Cómo ha logrado acumular años con una vejez digna que aún le permite plenitud de saberes y experiencias? ¿Cómo ha podido sobreponerse a los achaques propios de una centenaria con una disposición sorprendente?

Sixta Catalina Cruz Miranda nació el 6 de abril de 1912, “casi a principio de siglo”, en una finca de la localidad de los Arroyos de Mantua, en Pinar del Río. Era la mayor de 13 hermanos y, excepto a dos, ha sobrevivido a todos.

Deseó siempre llegar a la vejez y ahora, rodeada de sobrinos, en un ambiente familiar y de cariño, solo lamenta la pérdida de la audición que no le favorece su afinidad por los encuentros y las largas conversaciones entre amigos.

¿Cómo ha llegado así a esta edad?

“Eso me pregunta todo el mundo, ¡hasta los médicos me dicen: ‘bueno y usted que ha hecho para durar tanto’, pues tener muy buen carácter, mantener la higiene, la alimentación, la diversión, participar en todas las actividades y acumular bastante paciencia”.

Envejecimiento: ¿malo o bueno?

Buen carácter y paciencia, siempre distinguieron
a la maestra Sixta.

Datos aportados por el departamento de Asistencia Social y Adulto Mayor del Ministerio de Salud Pública muestran que más del 75 % de los cubanos sobreviven a los 60 años, mientras en la próxima década lo hará el 87 por ciento. Estos resultados han sido posibles gracias, en primer lugar, a la Revolución que posibilitó un proceso de educación, garantías de seguridad social y de salud, principios universales, accesibles y asequibles a todos los ciudadanos.

Hoy en nuestro país, las personas mayores de 60 años constituyen el 18,3 % de la población total, cifra que ha ido incrementándose con el transcurso del tiempo. En 1985 este indicador era de 11, 3 %, mientras en el 2010 fue de 17,8 por ciento.

Las estadísticas reflejan que estamos ante una nación envejecida, lo cual no es “malo ni bueno”, según los especialistas. “Tenemos una estructura de población envejecida y su causa fundamental está en los bajos niveles de fecundidad. En eso también incide el elevado índice de esperanza de vida (78 años), así como los reducidos niveles de mortalidad infantil”, señaló la doctora Grisell Rodríguez Gómez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana.

“Esta situación es el resultado del proceso de transición demográfica, de disminución de los altos niveles de mortalidad y fecundidad, como les ha ocurrido a los países más avanzados. Ahora, eso genera un reto y es que la población en edad laboral activa será menor en comparación con la de cero a 14 años”.

La especialista explicó que en un futuro se necesitarán más geriatras que pediatras, así como una mayor atención integral al adulto mayor, que posibilite aprovechar la experiencia de estas personas que rebasan los 60 años.

La ancianidad no es como la juventud

A los 101 años cumplidos, Sixta sorprende cuando habla de su quehacer diario. Confiesa que no se detiene ni un momento, siempre con el tiempo ocupado. “La ancianidad no es como la juventud, un joven realiza una actividad en cinco minutos, pero el anciano necesita, por lo menos, media hora”, dijo sonriendo.

Duerme mucho, se levanta dos o tres veces por la madrugada a tomar un medicamento, en pequeña dosis, para el corazón; luego vuelve a dormir. “A las siete de la mañana, quizás un poquito más tarde, me dan el desayuno. A veces me despierto a las nueve o nueve y media, y ¿sabes a qué hora salgo del cuarto? —preguntó con picardía— un rato después, pues me pongo a arreglar la cama y otras cosas”.

También se entretiene mientras lee, empata pedacitos de tela y remienda a mano, no obstante, una de las actividades que más disfruta es asistir al Ciro Frías (círculo deportivo en Arroyo Naranjo) donde dos veces a la semana participa en el proyecto Nuevo Amanecer. Allí celebró su centenario con una fiesta y le entregaron un diploma que ella guarda con recelo, donde se puede leer: “Por sus 100 años de esfuerzo, sacrificio y vida junto a su familia que la ha cuidado hasta estos tiempos en que la descubrimos”.

Desayuna y almuerza, en las tardes come poco, toma jugo de pepino (muchas veces lo hace ella) y al acostarse gusta beber un poco de agua con azúcar prieta. Es una costumbre de familia y señala que funciona como un somnífero. Se baña con agua caliente, “pues el médico me dijo que era bueno para la artrosis”. Al conocer esta historia quizás muchos se pregunten cómo llegar a una vejez saludable. Criterios médicos confirman que para ello debe mantenerse un ciclo vital, desde las edades pediátricas.

Al mismo tiempo, existe un grupo de factores que pueden limitarla, como la fragilidad que le aporta al individuo el envejecimiento endógeno, las enfermedades, los efectos de los accidentes y el ambiente ecológico y social negativo.

Salud, alimentación, actividad física, cultura, motivación y entorno, son elementos a tener en cuenta en la búsqueda de la longevidad que, cada vez más, se hace notable en nuestro país. Sobre todo, es necesario que el anciano viva rodeado de un clima familiar, donde no falten respeto y cariño. Sin esto, lo demás caería en el vacío.

“Los centenarios constituyen el mejor ejemplo de envejecimiento exitoso, más que víctimas son sobrevivientes y la mayoría han desarrollado mecanismos que les han permitido enfrentarse a múltiples restricciones para alcanzar así el límite extremo de la vida humana”, recoge un estudio publicado el pasado año bajo el título Los centenarios en Cuba, testimonio impreso de lo logrado por la Revolución en materia de salud.

• En el 2025, uno de cada cuatro cubanos tendrá 60 años o más.

• Desde el 2015 habrá en Cuba más personas mayores que niños y en el 2025 tendremos 156 mayores por cada uno de ellos.

• Se puede afirmar que 75 de cada 100 cubanos que nacen vivirán más allá de los 60 años.

• Esperanza de vida a los 60 años: 22,9 más.

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