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Manuel y Virgilio Gómez Reyes: Inmensos en su humildad

Manuel Gómez Reyes y Virgilio Gómez Reyes. Fotos: Cortesía de Bohemia
Manuel Gómez Reyes y Virgilio Gómez Reyes. Fotos: Cortesía de Bohemia

En un auto Dodge conducido por Fernando Chenard Piña, jefe de la célula revolucionaria a la cual pertenecían, arribaron los hermanos Manuel y Virgilio Gómez Reyes a la ciudad de Santiago de Cuba, el 25 de julio de 1953. La noche anterior habían salido de La Habana, en unión de Giraldo Córdova Cardín y Eduardo Montano Benítez.

El traslado a la capital oriental obedecía a un motivo muy bien definido: llevar a cabo la acción armada para la cual se preparaban desde meses antes bajo la dirección del joven abogado Fidel Castro Ruz, con quien habían establecido estrecha amistad desde los días en que este cursaba estudios en el Colegio de Belén, donde ambos hermanos laboraban.

Trabajo duro y mal remunerado

Manuel había nacido el 11 de septiembre de 1911, y Virgilio, el 19 de mayo de 1913, en un humilde hogar campesino de San José de las Lajas, en la provincia de La Habana, y desde niños se vieron precisados a laborar en el corte de caña y otras tareas agrícolas para contribuir a la subsistencia familiar.

El año 1930 se acercaba a su fin cuando Virgilio consiguió empleo en el Colegio de Belén, como fregador de platos y ayudante de comprador. Allí poco después se le unió Manuel, en condición de cocinero. Por entonces participaban activamente en la lucha contra el régimen tiránico de Gerardo Machado Morales.

Una generación diferente

La culminación de sus estudios en Belén y su entrada a la Universidad de La Habana, no implicó que Fidel se alejara de los hermanos Gómez Reyes, pues se mantuvo en contacto con ellos y los visitaba con frecuencia. Además de una sólida amistad, los unían la militancia ortodoxa y las ansias de un futuro luminoso para la oprimida patria.

La confianza que le inspiraban a Fidel, determinó que este los tuviera en cuenta cuando decidió organizar un movimiento revolucionario para luchar contra la tiranía impuesta por Fulgencio Batista mediante el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Una vez más, Manuel y Virgilio, aquellos humildes hombres cuya única riqueza eran los brazos con que ganaban el mísero salario que apenas les permitía paliar las más perentorias necesidades familiares, no lo defraudaron.

Incorporados a la célula de la barriada de La Ceiba, en Marianao, dirigida por Fernando Chenard Piña, como otros cientos de jóvenes participaron en entrenamientos realizados en la Universidad de La Habana y en fincas localizadas en las inmediaciones de la capital del país. Llegado el momento de la acción, Manuel y Virgilio estuvieron entre los seleccionados.

Rumbo a la inmortalidad

Ya en Santiago de Cuba, se alojaron en la casa de la calle Celda marcada con el número 8. Pasada la medianoche partieron al punto de concentración, la granjita Villa Blanca, en la carretera de Siboney, donde recibieron las últimas instrucciones: integraron el grupo responsabilizado con tomar la Posta No. 3 del cuartel Moncada.

La combinación de diversos factores impidió el éxito de la empresa y, junto con otros compañeros, Manuel y Virgilio resultaron capturados, torturados y asesinados, durante la ola de crímenes ordenada por Batista.

Inmensos en su humildad, Manuel y Virgilio Gómez Reyes, quienes sufrieron en carne propia las consecuencias de ser pobres y de los desmanes de gobiernos que permanecían ajenos a los intereses de la nación, ofrendaron sus vidas en la lucha por un futuro luminoso para su pueblo.

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