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Cuando no existen culpas ni culpables

Jornada Cubana Contra la Homofobia
Jornada Cubana Contra la Homofobia

Una de cada diez personas en el mundo es homosexual y una de cada cinco familias cuenta, al menos, con un integrante de esta orientación sexual. Las cifras comentadas esta semana a propósito de la, Jornada Cubana Contra la Homofobia apuntan, cada vez más, a la necesidad de una educación que despeje los mitos y los prejuicios que existen sobre el tema.

Según los especialistas, hay tantas sexualidades como personas, de ahí que el respeto sea un asunto de humanidad. En ese camino se inscribe, precisamente, esta VI Jornada cuyo lema es Por una familia libre de homofobia y transfobia.

¿Y por qué este mensaje educativo a la familia? En su seno se fomentan sentimientos, se educan conductas, se trazan patrones, y en este espacio, mejor que en otros, la gente construye su propia felicidad. Por eso en la lucha contra la homofobia —u otras fobias— padres y madres tienen un quehacer infinito.

Solo el amor vale

Si para denominar a los heterosexuales hubiera tantos vocablos peyorativos como los que existen para los homosexuales, seguramente aquellos serían poco aceptados. Aún cuando la ciencia despeja incógnitas, cientistas del tema aseguran que este tipo de orientación no se elige, no se trata de influencias, ni se llega a ser homosexual porque algo falló en la educación familiar.

Sencillamente, es la decisión de cada cual de amar y entregarse a una persona, aunque esta sea de su propio sexo. Entonces, qué ocurre cuando un hijo/a se encuentra ante esta disyuntiva que desde el punto de vista social —entiéndase el entorno, la comunidad, los vecinos— todavía encuentra reticencias.

Sin duda, se viven culpas, vergüenzas, temores, incertidumbres, desdichas y la mayor parte de las veces —es lo más peligroso, sobre todo en los adolescentes— hay silencio y ocultamiento por parte de los descendientes homosexuales.

En este caso la familia no puede dar la espalda, cerrar ojos y corazones; no es lo más aconsejable. Acompañar a los hijos en el largo camino de la vida no debe estar condicionado a una conducta sexual determinada. Lo verdaderamente importante es que son seres humanos, frutos de amor, de intimidad. No son enfermos, frustrados, limitados, como antiguamente se les consideraba. Son, sencillamente, diferentes.

Papá, mamá, soy gay, ¿qué hago?

Considerado un fenómeno mundial, la homofobia encuentra antídotos en estudios que desencadenan acciones para contrarrestar tales rechazos.

En nuestro país, el pionero en estas lides es el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), auspiciador principal cada año de la Jornada, que convoca a sexólogos de diversas latitudes.

Así, los académicos mexicanos Rinna Riesenfeld y Luis Perelman desarrollaron esta semana el taller Papá, mamá, soy gay, ¿qué hago?, familia y homosexualidad construyendo caminos juntos. Una especie de guía dirigida a enseñar a afrontar esta realidad.

Entre algunas de las recomendaciones, los investigadores proponen a los padres desprenderse de mitos y tabúes existentes. “Ser homosexual no es algo que te hicieron, ni que puedes hacer por alguien, ni influye lo que hiciste como mamá o papá. Está en la naturaleza”, afirma Rinna.

Un elemento fundamental es escuchar a los hijos. “Acércate a ellos, no adivines, pregúntales qué ocurre y si puedes ayudar o no. En ocaciones la familia se siente responsable, debe cuidar a sus cachorros, protegerlos para que no sean lastimados, y muchas veces en este tema los hijos llevan ventajas en el conocimiento y las ayudas pueden ser pésimas”.

A propósito de esto, Rinna comentó que el 49 % del abuso hacia homosexuales (de tipo psicológico, emocional y hasta físico) se comete por la propia familia y lo peor “por amor y por querer ayudar”.

Lo otro, según ella, es “fomentar grupos de padres que puedan hablar, compartir historias y experiencias, desatar sentimientos”, y aproximarse a quienes trabajan la temática, como es el caso del Cenesex, donde además existe bibliografía especializada.

Para Perelman, “ante todo hay que aceptar al hijo, y desprendernos de la pésima educación sexual que tenemos. Ser homosexual no es terrible, no es enfermedad, no es vergüenza. Se trata de una orientación sexual y eso significa ¿quién te gusta?, ¿de quién te enamoras?, ¿quién te hace fantasear? Eso mismo ocurre con los heterosexuales. No hay diferencia.

“Entonces es fundamental saber ¿quién eres?, ¿cómo te sientes?, ¿cómo es tu cuerpo?, ¿quién te hace mover el corazón?, ¿te gustan los chicos o las chicas, o los dos? Esa es tu orientación sexual, y no se trata de un gran misterio. Frente a las decenas de palabras que nos hacen llorar, sentirnos humillados y avergonzados, existen otras que recompensan el alma, como amor, cariño, unión, arcoíris”.

Perelman llamó a la responsabilidad de la vida sexual adulta, “lo que cada quien sienta agradable con su cuerpo es una cuestión personal, y no tiene nada de malo si sabe cuidarse y pedir ayuda, es un asunto de prácticas sexuales, de intimidad”.

 Confianza en el futuro

En el camino contra la homofobia hay avances, los derechos sexuales ya se contemplan como parte de los derechos humanos, y existe la tendencia muy clara de reconocimiento legal. Todavía hay resistencia, pero no resulta sencillo reestructurar en las mentes conceptos que a lo largo de la historia han sido tratados como tabúes. Empecemos por respetar la individualidad, la diversidad, y así construiremos una sociedad justa y humana.

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