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«Cuba es ejemplo de seguridad alimentaria»

Theodor Friedrich, ingeniero agrónomo y doctor en Mecanización Agrícola, de origen alemán, es desde hace poco tiempo el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Cuba. Sobre diferentes aspectos de la labor desarrollada y por ejecutar y sus propósitos principales en el país dialogó en entrevista exclusiva con Trabajadores digital.

Cuba ha mantenido una larga y estrecha relación con la FAO. ¿Cómo la valora usted y qué perspectivas existen para fortalecerla?

La FAO tiene relaciones con Cuba desde el año 1959 y la primera oficina se abrió en 1968. El trabajo ha dejado muchas infraestructuras visibles en el país y ha colaborado por muchos años en el desarrollo institucional, con inversiones sustanciales, como la contribución al desarrollo de los institutos de Agronomía, Desarrollo Forestal y Riego y Drenaje, así como los de Investigaciones de Pastos y Forrajes y de la Industria Alimenticia, los centros de Desarrollo de Productos Pesqueros e Investigaciones Pesqueras y la Universidad Agraria de La Habana, entre otros.

La relación de la FAO con Cuba siempre ha sido muy estrecha, también por los altos niveles académicos alcanzados en el país, que propician una contraparte muy activa y apreciada en muchas plataformas y convenciones internacionales y que forman parte importante del trabajo normativo de la organización.

Mientras, los retos existentes en el país dan amplias perspectivas para fortalecer la colaboración. El papel más importante no es tanto el de una agencia de desarrollo, sino el de un centro de excelencia para apoyar países miembros con informaciones y conceptos técnicos avanzados, facilitando intercambios regionales y globales entre países para aprovechar la riqueza de experiencias de todo el mundo.

En este sentido, la FAO tiene ofertas sumamente interesantes para Cuba, como el concepto de la intensificación sostenible, plasmado en un nuevo objetivo estratégico de la organización, con elementos como la Agricultura de Conservación, que dará amplia respuesta al reto del país de aumentar su producción agrícola de forma sostenible para substituir importaciones y mejorar la sostenibilidad de la seguridad alimentaria.

En su labor como Representante de la FAO en Cuba, ¿cuáles son los propósitos principales?

Tiene muchos aspectos. De un lado, represento al Director General de la FAO ante el gobierno cubano. Además, debo facilitar que lleguen al país y al conocimiento de las instituciones relevantes, información y materiales para que puedan ser aprovechados. También facilitar el flujo de informaciones, mantener las bases de datos estadísticos y la colaboración de las instituciones cubanas y del gobierno en instrumentos, convenciones y plataformas.

Una parte importante de mi trabajo es, junto con el país, trabajar para alcanzar los objetivos de la FAO. En el caso de Cuba, apoyar al gobierno en su tarea de alcanzar un mayor nivel de autosuficiencia en la producción de alimentos de forma sostenible, aumentando la producción, mejorando el manejo de los recursos naturales y el perfeccionamiento de la cadena de valor hasta el consumidor.

Cuba es uno de los países ejemplares por haber logrado exitosamente la seguridad alimentaria para su población y por movilizar el apoyo a otros países de la región, siempre con el fin de erradicar el hambre en la región.

El país desarrolla con favorables resultados la Agricultura Urbana y Suburbana. ¿Qué consideraciones Ud. tiene al respecto?

La agricultura urbana y suburbana en Cuba definitivamente ha demostrado resultados más favorables que la producción agrícola en general. Esto, en parte, es resultado de un apoyo específico a este sector de la producción. Sin embargo, no es una alternativa a la agricultura rural, sino es una forma complementaria.

Por su cercanía a los consumidores se presta para la producción de productos frescos destinados al consumo directo, sobre todo verduras, hortalizas, frutas… Aunque este sector se ha desarrollado favorablemente, todavía está lejos de producir suficiente para cubrir las necesidades de la población. Por lo tanto, este tipo de agricultura, igual a la rural, requiere aún más apoyo, facilitando tecnologías, conocimientos, acceso a medios de producción e insumos, como una infraestructura eficiente de mercadeo y distribución al consumidor.

Ha afirmado que las islas del Caribe pueden producir lo que necesitan para garantizar la alimentación. ¿Pudiera argumentar esa consideración?

Esta afirmación seguramente no vale para todas las islas caribeñas. Pero pensé en las islas más grandes, con recursos naturales, sobre todo de tierra suficiente, como Cuba, Haití y República Dominicana. Ellas tienen suficiente área para alimentarse si aplicaran una agricultura más intensiva y eficiente. Y, volviendo al ejemplo de la agricultura urbana y suburbana, las islas más pequeñas también tendrían recursos para autoabastecerse con productos frescos.

En la región caribeña, juntando países con vastas tierras agrícolas mal aprovechadas, la producción regional podría fácilmente cubrir las necesidades regionales y también exportar. Esto es desde un punto de vista de recursos. Sin embargo, en muchas partes, incluyendo Cuba y Haití, la tierra está muy degradada. Además, por diferentes razones, la producción agrícola no es muy atractiva. Entonces, las soluciones son muy complejas.

Cada día el cambio climático influye más sobre la vida en la tierra y específicamente en la agricultura. ¿Cómo debe, en su opinión, afrontarse es adversidad?

La agricultura puede enfrentarse al cambio climático en dos formas: una sería, apoyar para que el mismo no continúe empeorándose, es decir la mitigación y la otra, adaptarse a él con nuevas tecnologías.

En la mitigación hay que reconocer que la agricultura contribuye considerablemente. Si se incluye el cambio de uso de tierra, es decir la deforestación con fines de abrir nuevas tierras agrícolas (porque se han agotado las viejas), la agricultura contribuye el 30% de las emisiones totales de gases con efecto invernadero. Esto se puede cambiar, buscando formas más sustentables de producir, evitando que las tierras pierdan su capacidad productiva, pero también reduciendo las emisiones que resultan de tractores arando, de la mineralización de la materia orgánica, del metano y los óxidos nitrosos.

También el sector ganadero presta múltiples oportunidades de reducir emisiones, sobre todo de metano, y presta al mismo tiempo oportunidades de convertirlas en energías renovables, como el biogás. Pero al mismo tiempo, aplicando la agricultura de conservación se puede convertir los suelos en almacenes, fijando dióxido de carbono de la atmósfera y aumentando los niveles de materia orgánica.

Ha sido un defensor de la agricultura sin remover el suelo, sin labranza. ¿Sobre qué bases sustenta esa propuesta?

La pregunta anterior ya presenta la entrada al tema: la agricultura sin labranza, de conservación. La base de esta idea es la búsqueda de una agricultura verdaderamente sostenible, es decir, que no degrade sus bases productivas, sino las mejore y aumente. En este sentido, hay que observar los efectos que las intervenciones de la producción agrícola tienen sobre el medio ambiente y los recursos. Por ejemplo, el sobreuso de fertilizantes puede contaminar las aguas, el empleo de agroquímicos, alteran la biodiversidad… La naturaleza se puede recuperar de estas intervenciones, siempre y cuando se tenga cuidado. La labranza del suelo, de todas estas intervenciones, es la de más impacto y la de recuperación más lenta de todas.

Tenemos las tecnologías para hacer una agricultura sin labranza, más en sintonía con la naturaleza, simulando ecosistemas forestales en nuestros campos agrícolas. En realidad, la diferencia de un bosque y un campo de cultivos no están en los árboles, sino en la labranza del suelo. Además, sabemos que de esta forma no se puede solamente alcanzar la sostenibilidad de la producción agrícola, sino también mayores niveles productivos con menores necesidades de insumos.

La seguridad alimentaria sigue siendo una asignatura pendiente para la mayoría de los países del mundo. ¿Cómo aprecia la realidad actual en América Latina y específicamente en Cuba?

Aunque la seguridad alimentaria es un objetivo que muchos países del mundo no han alcanzado, se puede ver en los últimos años, en la región de América Latina, cambios muy positivos en países que reducen la cantidad de personas hambrientas de manera significativa y un número importante alcanzan niveles muy bajos, inferiores al 5%.

Cuba se destaca por ser uno de los pocos que han alcanzado un buen nivel de seguridad alimentaria históricamente. Sin embargo, esto no significa que no tiene retos al respecto.

El mundo produce actualmente suficiente alimentos para la población existente. Pero todavía una gran parte se pierde por mal manejo o se descarda por excesos en las cadenas del consumo. A pesar de eso, el hambre que todavía existe en la mayoría de los países de la región y que es realidad de un buen porcentaje de la población en algunas naciones, resulta más que nada un problema de acceso, la distribución y la capacidad económica.

Hambre va junto con pobreza, y para esto las soluciones son políticas socio económicas que saquen a la gente de la pobreza y que facilitan el acceso a alimentos. Cuba, en este sentido, es un ejemplo.

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