Adiós a una luchadora Revolucionaria

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A consecuencia de una hemorragia cerebral falleció en la capital cubana la destacada revolucionaria Pastorita Núñez, colaboradora del líder de la Revolución cubana Fidel Castro desde la Sierra Maestra. Pastorita Núñez González nació el 27 de abril de 1921, en Pocitos, Marianao, en la Ciudad de La Habana.

Huérfana de madre a los cinco años, ya a los 12, en agosto de 1933, participó junto a su padre en una manifestación popular contra la tiranía de Gerardo Machado y dos años después conoció a Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo, en el que militó.

Fue activa combatiente clandestina en las filas del Movimiento 26 de Julio y fundadora del Frente Cívico de Mujeres Martianas. Como guerrillera en la Sierra Maestra, alcanzó los grados de primer teniente del Ejército Rebelde.

Al triunfo de la Revolución dirigió el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV), lo cual le permitió ser protagonista de uno de los primeros planes habitacionales del gobierno revolucionario desde donde impulsó la construcción de viviendas en varias ciudades, barrios que el pueblo bautizó como Repartos Pastorita.

Hasta su jubilación, desempeñó otras importantes tareas. En el año 2000 fue distinguida con el título de Heroína Nacional del Trabajo.

“El respeto del pueblo es la condecoración más alta que tengo”

En una entrevista realizada por la periodista Alina M. Lotti para este semanario, en diciembre de 2008, al recordar cómo y cuándo conoció a Fidel, Pastorita expresó:

 

“Fidel es mi amigo, mi compañero y mi jefe; en esas tres categorías lo tengo. Lo conocí, precisamente en mayo de 1948, cuando estábamos en la fase final de la campaña presidencial de Chibás, que aunque no salió elegido tenía el apoyo de un mar de pueblo. Yo estaba esperándolo en una oficina que teníamos en la calle Prado y entonces llegó Fidel; aún estaba en la universidad, pero ya le interesaban los asuntos del país, acabar con la corrupción administrativa. En aquel momento dijo cosas importantes y quise que nos presentaran (…) y la amistad perdura hasta hoy”.

Sobre cómo le gustaría que la vieran las nuevas generaciones que quizás no la conocían, la heroína señaló: “Como una luchadora revolucionaria. La gente me conoce del combate junto a Chibás, y ya en los primeros años del triunfo de la Revolución el pueblo me identificó mucho con la construcción de viviendas, a las que todavía hoy les dicen las casas de Pastorita. Sin embargo, solo fui la inversionista de la Revolución, la persona que escogió Fidel para dirigir el INAV.

“En aquel entonces no sabía nada de finanzas, pero él argumentó que en la Sierra yo me había ocupado de cobrar un impuesto de guerra a los dueños de los centrales azucareros y a los más importantes ganaderos de la zona oriental del país, con el objetivo de sufragar los gastos para el avituallamiento de la tropa y la compra de armas”.

Acerca de si se sentía feliz con su obra, con lo que había hecho, valoró: “No estoy insatisfecha, pero hubiera querido hacer mucho más. Viví para la Revolución, pero aún estoy sirviéndola con dignidad”.

Y cuando se le preguntó qué le hubiera gustado hacer en esta época, su respuesta fue: “Seguir construyendo casas para la población, porque se siente la gratitud de la gente, la confianza en que vas a resolver un problema. El respeto del pueblo es la condecoración más alta que tengo”.

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