Trabajadores

12 de Marzo de 2010

27/02/2007 15:03

Razones de la solidaridad

Ante el movimiento solidario permanece el reto de romper el muro de silencio impuesto sobre el caso, consciente de que esta causa se gana en la medida en que más personas, sobre todo en los EE.UU., conozcan la verdad que les niegan los grandes medios de la información.

HAROLDO ROMERO PÉREZ

El año 2003 registró una incesante y creciente solidaridad internacional con los cinco cubanos injustamente encarcelados en los Estados Unidos.

 

Tal desarrollo del movimiento solidario con estos luchadores contra el terrorismo lo confirma ante todo la labor de los comités organizados para exigir su libertad, cuya cifra alcanza ya más de 200 en no menos de 79 países de todos los continentes.

 

A la actividad de estos grupos se agregan las acciones de numerosas personalidades, organizaciones e instituciones, tanto nacionales  como internacionales, provenientes de las más diversas esferas, entre otras: parlamentarias, sindicales, religiosas, humanitarias, femeninas, juveniles y profesionales, incluyendo en esta el significativo sector de los juristas.

 

INJUSTAS CONDENAS: ORIGEN DE LA SOLIDARIDAD

 

 La injusticia que se comete contra Fernando González, Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y René González,  es la razón primera que atrae la más amplia solidaridad: fueron condenados fraudulentamente por la Corte de Miami a cadena perpetua y otras largas penas de prisión, acusados de graves delitos que no cometieron.

 

Una muestra de la infamia: el Jurado declaró culpable a Gerardo de "conspiración para cometer asesinato", un cargo que la propia Fiscalía renunció oficialmente a mantener en su acusación, reconociendo por escrito que le era imposible probar.

 

También se les impusieron excesivas sanciones por los delitos en que realmente incurrieron: no registrarse como agentes extranjeros y poseer falsa identidad.

 

En un juicio justo habrían sido incluso exonerados de toda responsabilidad penal por estos motivos, porque esas faltas menores y meramente formales no causaron daño alguno; y porque incurrir en esas conductas fue indispensable para evitar un mal mayor, cual es la muerte de personas, víctimas de los 170 planes terroristas que contribuyeron a frustrar.

 

En el proceso de apelación en curso ante el Tribunal del Onceno Circuito (Atlanta), la Defensa argumenta sobre 24 violaciones a la Ley norteamericana, cometidas en el caso (incluyendo preceptos constitucionales), varias de las cuales son  suficientes por sí solas para que esa Corte anule el juicio de Miami, y  ordene realizar uno nuevo en otro lugar.

 

OTRAS RAZONES PARA APOYAR LA CAUSA

 

Además de la violación a la legislación nacional y a principios universalmente reconocidos del Derecho Penal, que condujeron a las ilegales e injustas condenas, a los luchadores antiterroristas se les aplican arbitrarias,  innecesarias y crueles restricciones que constituyen graves y flagrantes violaciones  de los derechos humanos de los prisioneros y sus familiares.

 

En el caso de Los Cinco se infringen reglamentos que amparan en los EE.UU. los derechos de los detenidos, y se violan incluso documentos jurídicos internacionales, referidos al tratamiento a los prisioneros, y de protección a la familia y a la infancia.

 

Vale recordar, como ejemplos de que han sido reiteradamente objeto de trato inhumano e injustificable, el confinamiento en solitario por tres períodos diferentes de 17 meses, 48 días y varias semanas; o el vigente impedimento a Gerardo y René de recibir la visita de sus esposas, lo cual impide además, al segundo, ver a su hija de sólo cinco años.           

 

Estas últimas medidas mantienen a esos familiares, que no se encuentran con los suyos desde hace un lustro, como víctimas de un proceso judicial en el cual no se les imputó cargo alguno.

 

A la lucha contra la injusticia y la crueldad que se cometen sobre ellos y sus familiares, se suman también promotores de la racional alternativa de establecer una relación mutuamente beneficiosa entre los EE.UU. y Cuba, y de sincera amistad entre sus pueblos.

 

El fraude de Miami es también una abierta provocación contra la Isla, promovida por los extremistas cubanoamericanos dominantes en la Florida que, en su esperanza de recuperar el poder en la nación caribeña, se empeñan en generar conflictos que contribuyan a mantener tensas las relaciones entre ambos países y deriven en algún momento hacia una agresión militar norteamericana, aunque esta desate una guerra contraria al interés del pueblo estadounidense.

 

NORTEAMERICANOS TIENEN MOTIVOS PROPIOS

 

 Parejamente al cuestionamiento de la desproporcionada influencia que ejercen los fundamentalistas anticubanos en la política exterior de los EE.UU., la magnitud del fraude judicial de Miami crea en sectores de la sociedad norteamericana la expectativa de hasta qué punto el sistema estadounidense de administración de justicia puede ser secuestrado en función de los intereses de esa minoritaria mafia cubanoamericana.

 

Derivado de lo anterior, preocupa igualmente el negativo impacto que el suceso puede ocasionar en la credibilidad de ese sistema, tanto dentro de los EE.UU. como en el exterior, sin contar que el desprestigio que ocasiona  no se corresponde con un legítimo interés nacional.

 

Se identifica también el caso de los cinco cubanos con las restricciones que los gobernantes norteamericanos imponen cada vez más a los derechos de los ciudadanos estadounidenses, al amparo de una supuesta lucha contra el terrorismo.

 

En este sentido, resultan ilustrativas las sentencias dictadas contra René y Antonio (quienes ostentan la ciudadanía norteamericana al haber nacido en los EE.UU.), por las cuales la jueza les prohibió especialmente, a solicitud expresa de la Fiscalía, luchar en ese país... contra el terrorismo.

 

EL CASO DESNUDA LA GUERRA DE BUSH

 

Este hecho, unido a otras acciones de los fiscales para proteger al terrorismo contra Cuba (que obran también en el expediente judicial), ponen al descubierto que la supuesta lucha universal que proclama el gobierno de George W. Bush contra el flagelo, es realmente un pretexto para lograr la aceptación de la población estadounidense a una guerra de inconfesados fines de conquista.

 

El caso de los luchadores antiterroristas encarcelados descubre  la doblez de una campaña emprendida, paradójicamente, en nombre de la seguridad del pueblo norteamericano, cuando también personas han perdido la vida en los EE.UU. víctimas de la impunidad de que gozan allí los terroristas anticubanos.

 

Estas contradicciones entre lo que proclama y lo que hace el Gobierno de ese país ha conducido a que en acciones del movimiento contra la guerra "antiterrorista" de W. Bush se haya demandado también la libertad de los Los Cinco.

 

NUESTROS MOTIVOS ADICIONALES

 

 En cuanto a los cubanos, entre las razones que tenemos para luchar sin descanso hasta alcanzar la libertad de nuestros hermanos, una es la elemental supervivencia, porque aceptar la injusticia equivaldría a renunciar a defendernos.

 

Resulta inadmisible que se pretenda despojar a Cuba del legítimo derecho a informarse sobre los planes terroristas que se fraguan contra su pueblo, cuando los criminales gozan de la protección de las autoridades que debieran reprimirlos; como tampoco puede reconocerse legitimidad alguna a la facultad para otorgar impunidad al terrorismo anticubano, que se atribuyen quienes protegen a los terroristas.

 

René, Antonio, Fernando, Ramón y Gerardo se han sacrificado por la seguridad de once millones de cubanos; eso no lo olvidará nunca  un pueblo que jamás abandona a sus legítimos hijos.

 

 MULTIPLICAR CON URGENCIA LA SOLIDARIDAD

 

 Nuevas razones hay para redoblar con urgencia la solidaridad: la reciente decisión del Tribunal del Onceno Circuito, de realizar la vista de la apelación en la ciudad donde se consumó el fraude judicial, Miami, que por estar infestada de prejuicios anticubanos nunca debió ser la sede del juicio; y de fijar a ese fin el próximo 10 de marzo, aniversario del golpe de estado en Cuba, prohijado por EE.UU., que provocó el rechazo popular culminado con el triunfo de la Revolución.

 

Una apreciación política sobre esas decisiones despierta aprensiones, porque son políticas las motivaciones del fraude. Y es válido presumir que también sobre la Corte de Atlanta ejercen presión las poderosas fuerzas que impusieron la distorsión del carácter estrictamente legal que debiera tener este proceso.

 

Ante el movimiento solidario permanece el reto de romper el muro de silencio impuesto sobre el caso, consciente de que esta causa se gana en la medida en que más personas, sobre todo en los EE.UU., conozcan la verdad que les niegan los grandes medios de la información.

 

Persigue de esta manera el objetivo de que si hay algún juez no comprometido éticamente con la Justicia, sepa que la opinión pública no permitirá la repetición del fraude.  

 

Como hasta hoy, el movimiento de solidaridad con los luchadores antiterroristas cubanos seguirá creciendo en todas partes, incluyendo los EE.UU., porque mientras estén encarcelados serán un símbolo de las múltiples razones que convocan a luchar por su libertad.