01/02/2010 14:13
Museo La Isabelica
Exponente del patrimonio agro-industrial cafetalero que recrea la vida franco haitiana con excelente mobiliario de época y objetos de arte decorativa
En la región de Santiago de Cuba, muy cerca de La Gran Piedra existieron muchas plantaciones de café, todas con excepción del cafetal La Isabelica, están en ruinas en nuestros dÃas.
Cuando el azúcar aún no era la producción más importante de Cuba, esta experimentó un momento de auge en la plantación y elaboración del café.
Casi todas las plantaciones de café o cafetales eran de origen francés ya que sus dueños habÃan huido de la vecina Haità tras la revolución de 1789 o venÃan del estado de Louisiana de donde trajeron su cultura, sus costumbres refinadas y la ideologÃa de la Francia napoleónica.
Los primeros cafetales franco-haitianos de Santiago de Cuba han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por su alto valor histórico, pues sus construcciones datan del siglo XVII y comienzos del XVIII.
Son además, sitios muy importantes a nivel arqueológico ya que son una muestra tanto de arquitectura como de técnicas distintas en el tratamiento del café: secado, trillado o descacarado e incluso en la construcción de acueductos, caminos, secaderos, molinos y establos y hornos.
La casa museo, La Isabelica, convertida en museo por el prestigioso investigador Fernando Boytel Jambú, el 18 de mayo de 1961, está situada a unos mil150 metros sobre el nivel del mar y fue construida por VÃctor Constantin Rousseau, un francés quien, junto a muchos otros propietarios de tierras, llegó a Cuba escapando de las sublevaciones de los esclavos en HaitÃ.
La majestuosa arquitectura del edificio se destaca por su sentido práctico y funcional, en armonÃa perfecta con el abrupto relieve.
Es una casa de dos plantas, con balcón de madera y piedra. Su techo es de tejas de zinc galvanizado.
La planta baja estaba destinada a almacén y la superior a vivienda.
La hacienda contaba con unas 130 hectáreas de terreno y una dotación de 30 esclavos, aunque durante la cosecha, Rousseau solÃa pedir mano de obra prestada a los hacendados cañeros.
Frente a la casa, unas amplias eras de cemento, sirven de secadero de café.
En la parte trasera se conserva un trapiche, movido por la fuerza de un caballo que daba vueltas a su alrededor, arrastrando una piedra redonda que macha las cerezas dentro de un canal circular.
Los barracones de los esclavos estaban casi escondidos entre la vegetación a pocos metros.
Las salas de exposición albergan diversos instrumentos de trabajo usados por los esclavos negros, un reloj de sol, la tahona o procesador del café, la campana que daba inicio a la vida en la hacienda, un piano, muebles de la época y otros muchos objetos de interés relacionados con el cultivo del grano.
A lo largo de su historia, esta casa ha sido objeto de diversas rehabilitaciones. La reconstrucción más importante fue en 1961 antes de su inauguración como museo. La más reciente se hizo para su nominación a los Premios Nacionales de Restauración y Conservación de Monumentos de Cuba. Patrimonio de la Humanidad.
Una visita guiada, le permitirá adentrarse en el proceso de cultivo y elaboración de este maravilloso grano.
El ingenio del hombre y la belleza del lugar hicieron posible que el cafetal La Isabelica fuese declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, el 29 de noviembre del 2000.
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