Trabajadores

16 de Marzo de 2010

19/11/2009 07:13

El Castillo del Príncipe

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El Castillo del Príncipe permaneció como cárcel desde la colonia hasta el triunfo de la Revolución Cubana.

Una de las más importantes fortificaciones defensivas de la ciudad

Jesús Risquet Bueno

Fue como una fiebre de construcción de fortificaciones lo que se produjo en La Habana tras la expulsión de los ingleses en el año 1763.

Para bombardear y someter a la ciudad en 1762, a los invasores ingleses les sirvieron dos elevaciones ubicadas estratégicamente al sur, una de ellas era la Loma de Aróstegui, lugar por donde cursaba la Zanja Real hacia La Habana Vieja, que perteneció a Don Agustín Aróstegui y Loynaz. Allí preciosamente se comenzó a levantar el Castillo del Príncipe, el cual debe su nombre al príncipe Carlos IV, a quien fue dedicado, que era hijo del rey Carlos III de España.

Esta fortaleza del Castillo del Príncipe fue construida por el director de ingenieros de la época, don Silvestre Abarca, el mismo que construyó la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

Sus obras se iniciaron en 1767 y se concluyeron en 1779, aunque en el año 1771 había quedado fortificado provisionalmente aquel punto, mientras se iban concluyendo el resto de las otras obras que se llevaban a cabo, según da a entender una inscripción que se encuentra en el escudo de armas reales que aparece colgado en el cuarto del oficial de guardias, a la entrada del Castillo del Príncipe.

El imponente Castillo del Príncipe tiene la forma de un pentágono irregular y cuenta con dos baluartes, dos semibaluartes y un rediente. Comprende además grandes fosos, las galerías de minas, varios almacenes, oficinas, un aljibe y la zona de alojamiento para una guarnición de aproximadamente mil soldados, mientras que su artillería defensiva contaba con 60 piezas de diversos calibres.

Esta fortificación sufrió diferentes cambios con el de cursar del tiempo y llegó a convertirse en la cárcel más importante de la ciudad de La Habana.

Entre los siglos XIX y la primera mitad del XX, albergó a presos comunes y políticos. Allí guardó prisión el Profesor Rafael María de Mendive, maestro del apóstol de la independencia cubana José Martí Pérez. Mendive era visitado por su fiel discípulo frecuentemente mientras sufrió encarcelamiento por sus ideas; siempre en comapañía de la esposa del maestro. Par ello atravesaban en parte del trayecto desde La Habana Vieja hasta la fortaleza, por frente de la Quinta de los Molinos.

La instalación permaneció como cárcel desde los tiempos de la colonia hasta el triunfo de la Revolución Cubana, cuando el Castillo del Príncipe se convirtió en una unidad de ceremonias.

Allí también guardaron prisión Julio Antonio Mella, Eduardo Chibás, Raúl Roa, Juan Marinello y muchos otros prominentes revolucionarios.

El Castillo del Príncipe es una hermosa fortaleza, que se destaca por el sistema especial de subterráneos que le permitían comunicarse con todas las avanzadillas y puestos más apartados del castillo.

En la actualidad, cuando subimos por la Avenida de los Presidentes, es posible ver los cortes por donde asoman las siluetas de estos túneles, todos construidos en ladrillo rojo y sobre los cuales se han realizado numerosos interesantes estudios.

La posición del Castillo del Príncipe permitía que desde allí se alcanzase una amplia visión de la ciudad, hasta los restos de la antigua muralla, a partir del Campo de Marte. Bien se puede decir que el castillo presidía el antiguo paseo de extramuros llamado paseo de Carlos III, el cual se inicia  con dos columnas de estilo griego en la intercepción de las calles Reina y Belascoaín.

Ese singular paseo con sus fuentes y largos jardines conducía a la casa de descanso de los Capitanes Generales, en la llamada Quinta de los Molinos, un sitio apartado de la zona antigua de la ciudad cuyo paisaje ha servido de inspiración a grabadores, pintores y estudiosos de la época.

El paseo militar o Avenida de Carlos III, hoy de Salvador Allende, junto con el Castillo del Príncipe allá al final, en lo alto de la loma, constituye aún en nuestros días una vista grata y admirable para los habaneros y visitantes de la ciudad.