Guerra para Cuba y América
“Aceptados giros” era el texto en clave del telegrama enviado desde Cuba por Juan Gualberto Gómez a Martí, que significaba la respuesta positiva a la orden de alzamiento de las regiones comprometidas, con la mayor simultaneidad posible, para la segunda quincena de febrero de 1895.
El 24 de ese mes los cubanos se lanzaron, como proclamó el Manifiesto de Montecristi, tras el alma y guía de los primeros héroes, a abrir a la humanidad una república trabajadora.
Aquel empeño emancipador tenía mayor alcance que sus predecesores. El Manifiesto, suscrito por Martí y Gómez, lo calificó de “suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo”.
Y el Apóstol, en carta inconclusa a Manuel Mercado lo reafirmó al asegurar que cuanto había hecho hasta ese momento y estaba dispuesto a hacer, era impedir a tiempo con la independencia de Cuba que los Estados Unidos se extendieran por las Antillas y cayeran con esa fuerza más sobre las tierras de América.
De esa manera, el nuevo proyecto emancipador cubano se convertía en contraofensiva al naciente imperialismo yanqui.
Los patriotas cubanos enfrentaron la desigual correlación de fuerzas de 10 a 1 a favor del ejército español, superior además en armas, equipamiento y aseguramiento logístico, que sin embargo no pudo impedir que el Ejército Libertador extendiera la insurrección a todo el país con la Invasión de Oriente a Occidente.
Cuando en 1898 Estados Unidos intervino en la guerra de independencia, los combatientes cubanos colaboraron con sus tropas motivados por el deseo de acelerar la victoria pero pronto comprobaron que el pronunciamiento de la nación norteña de que el pueblo de Cuba debía ser libre e independiente era una falacia.
El siglo XX empezó para Cuba con la condición de neocolonia. Más de media centuria después, otra guerra emancipadora puso fin a la dominación imperialista en esta tierra, creó la república trabajadora a la que aspiraron los próceres del 95 y abrió el camino para la realización de los ideales martianos en Latinoamérica.
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