Un Oriente Medio sin primavera árabe

Para su política de conquista geoestratégica, Estados Unidos ha contado con el apoyo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de países miembros de la Liga de Estados Árabes, pero sobre todo con el de la OTAN

La invasión a Irak y el derrocamiento del Gobierno de Saddam Hussein; la mediatización de la causa palestina, las agresiones sionistas al Líbano, unidas a la de Libia, y las amenazas de acciones militares contra Siria e Irán, conforman el proyecto geopolítico de Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN, para el dominio del Oriente Medio y el Golfo Pérsico.

Los objetivos de vieja data de la injerencia imperialista en una región tan estratégica son evidentes: garantizar su total hegemonía, el aumento de su presencia militar, el control económico de los vastos recursos energéticos y la contención de las influencias ganadas por Rusia y China en esa parte del mundo.

Las inesperadas rebeliones populares en Túnez y Egipto, por el cese de la represión, la no violación de los derechos humanos, la demanda de libertades y reformas democráticas, y mejores condiciones de vida, entre otras razones, que dieron al traste con los gobiernos dictatoriales y corruptos de Ben Ali y Hosni Mubarack, firmes aliados de Washington e Israel, sorprendieron a Estados Unidos, por no tenerlas contempladas en su agenda política inmediata.

Ante las nuevas circunstancias históricas e inestabilidad surgidas en esos dos importantes países de tradicionales relaciones de amistad y colaboración con Occidente, y las eclosiones populares antigubernamentales en Jordania, Yemen, Bahrein, Marruecos, Libia o Siria, no cambiaron los planes imperialistas preconcebidos, si acaso los reformaron o enmascararon para hacerlos más expeditos ante la comunidad internacional.

Para su política de conquista geoestratégica, Estados Unidos ha contado con el apoyo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de países miembros de la Liga de Estados Árabes, pero sobre todo con el de la OTAN, convertida hoy en su brazo armado y encargada de las “tareas sucias” y con una campaña ideológica que alcanzó la categoría de guerra mediática.

Las airadas manifestaciones populares que colmaron calles y plazas de diversos países árabes, reprimidas violentamente por las fuerzas policiales de gobiernos proimperialistas, fueron de inmediato desvirtuadas, manipuladas y tratadas de capitalizar por Occidente, mediante una propaganda en los medios de prensa occidentales, que comenzaron a denominarlas como “la primavera árabe”, aun cuando muchos de esos pueblos no han logrado aun materializar los objetivos de sus justas demandas.

Nada es más lejano a la placidez que para los humanos suele caracterizar la florida estación del año, que el candente clima económico, político y social prevaleciente en esas naciones, inducido en muchos casos por las acciones subversivas del Gobierno norteamericano y de otras naciones europeas, con el apoyo de países integrantes de la Liga de Estados Árabes.

La hipocresía del accionar del Gobierno de Washington y sus aliados cobró mayor evidencia en la agresión al pueblo de Libia y el derrocamiento del coronel Muammar El Gaddafi.

Desde años atrás, Trípoli había normalizado sus relaciones con las potencias occidentales, y sostenía con ellas un beneficioso intercambio comercial, basado en el suministro de grandes cantidades de petróleo a sus empresas transnacionales. Sin embargo, el imperio requería de mayores objetivos, para los cuales Siria e Irán representaban serios obstáculos por sus firmes posiciones antiestadounidenses.

La infundada campaña contra la posible fabricación del arma nuclear por la República Islámica de Irán, que celebra el aniversario 33 de la Revolución popular liderada por el ayatollah Iman Khomeini, y la firme posición antisionista de Siria en apoyo al pueblo palestino; a la resistencia libanesa y su amistad con Teherán, revelan el peligro de una agresión militar contra ambos países.

La compleja situación interna en Siria, víctima de la injerencia extranjera y de una feroz campaña de difamación mediática, apuntan a una acción militar, en la misma línea de la que se proyecta contra Irán. Pero estas, por sus implicaciones, no tendrán la categoría de primavera, sino de un ardiente verano.

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Las airadas manifestaciones

Las airadas manifestaciones populares que colmaron calles y plazas de diversos países árabes, reprimidas violentamente por las fuerzas policiales de gobiernos proimperialistas, fueron de inmediato desvirtuadas, manipuladas y tratadas de capitalizar por Occidente, mediante una propaganda en los medios de prensa occidentales, que comenzaron a denominarlas como “la primavera árabe”, aun cuando muchos de esos pueblos no han logrado aun materializar los objetivos de sus justas demandas. ¿TAMBIEN FUE COSA DE LA CIA, LAS PROTESTAS?

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