Amores de Rosa Elena Simeón

La ya fallecida científica cubana supo armonizar responsabilidades laborales, matrimonio y cargos políticos

Muchos admiran a aquella hija de tabaquero y farmacéutica nacida en Bejucal: la ya fallecida Rosa Elena Simeón Negrín (1943-2004), quien fuera la única mujer presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba, ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, miembro del Consejo de Estado, y una excelente madre y esposa.

Compañera en vida de otro científico relevante del país – el Doctor Ramón Ortiz–, ella supo armonizar responsabilidades laborales, familia y cargos políticos de una manera práctica, con el amor como epicentro.

Escribió la tesis doctoral durante su embarazo. Lo que podría parecer una odisea para mujeres que durante años han debido luchar por su lugar en la sociedad, para Rosa Elena fue una forma de demostrar voluntad y firmeza. Ayudó mucho el haber consolidado un matrimonio basado en el respeto y la comunicación.

“Cuando accedí al cargo de Ministra mi esposo constituyó un gran apoyo”, expresó en una ocasión; no fue la única vez que destacó la comprensión de Ortiz:

“Hicimos un pacto para nunca dejar sola a nuestra única hija (Rosita). Así si él viajaba a las provincias o al extranjero yo me quedaba con ella y viceversa”, confesó en otra entrevista.

Cuentan que cuando ambos fueron propuestos para ir juntos a Alemania, no accedieron. Uno de ellos debía permanecer con la niña, para que no sufriera retraso o conflictos con su escuela.

"Mi madre tuvo una gran preocupación por las tareas de la casa —subrayó Rosita años después—, a pesar de que dedicó mucho tiempo al trabajo y a la Revolución. La casa y su familia nunca las dejó a un lado, pues estuvo entre sus prioridades la atención a nosotros, siempre decía que todos los miembros de la familia debían tener buena comunicación y que debíamos estar muy unidos. Era capaz de darse cuenta cuándo podía asumir una tarea sin comprometer a la familia”.

Para Rosa Elena, Ortiz “era un ejemplo de persona que reconocía la verdadera igualdad de la mujer”. Valoraba mucho el trabajo que ella realizaba.

A pesar de ser también científico, y de asumir responsabilidades, él le sirvió de sostén para que ella pudiera avanzar en su carrera, porque –según refieren los que los conocieron– creía en el aporte que Rosa Elena podía hacer a la sociedad.

Desafortunadamente, Ortiz tuvo un fallecimiento prematuro. Su esposa también murió. Sin embargo, fueron los protagonistas de una historia que perdura en el recuerdo de su familia, y de muchos investigadores que los tienen como ejemplos.

(Con información de EcuRed)

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