Cuando el hábito sí hace al monje
Conversando recientemente acerca de los riesgos del consumo de drogas con la doctora Emelis Alfonso, coordinadora de la Sección de Salud Mental y Adicciones del MINSAP en la capital, me comentó lo imprescindible de promover los factores protectores en cada individuo para prevenir las adicciones.
“Respecto al uso indebido de sustancias que provocan trastornos de la conducta humana y causan dependencia ─las llamadas drogas─, es mejor prevenir la aparición de la enfermedad por este uso nocivo, que tener que curar a una persona. Y es que realmente no existe cura, enfatizó, es tratar y rehabilitar de un problema de salud que se caracteriza por recaídas. Por ello, es vital priorizar el enfoque preventivo, de riesgo, al de tratamiento y rehabilitación”.
Argumentó que “En primer lugar, debemos dirigir nuestras acciones hacia la población infanto-juvenil: hay que crear una cultura de rechazo al consumo del tabaco, al alcohol y otras drogas desde la infancia”, y se refirió a los excelentes programas insertados en el currículo de aprendizaje del sector de Educación, que requieren de una consolidación y refuerzo desde la familia, la comunidad y las instituciones.
¿Cómo lograrlo? Promoviendo estilos de vida saludables como la práctica de deportes, la participación en actividades culturales y otras alternativas que permitan el disfrute de la vida a plenitud, alejados del consumo irresponsable de alcohol y del uso nocivo de otras drogas, con un incremento de la salud física, psicológica y social. Porque el daño social es indiscutible, el desarraigo familiar y la pérdida de empleo, las conductas violentas e incluso delictivas, acompañado de la sustitución de valores positivos por negativos.
Analizó que muchos se aprovechan de la inmadurez de la adolescencia, de su apego hacia la imitación, de su necesidad de buscar y experimentar lo que no conocen, y sobre estas condiciones insertan las posibilidades de consumo.
Otros son los “paraiguales” en edad y motivaciones, que ya consumen e incitan a usar drogas a través de presión de grupo o porque son líderes a imitar, y sucede que el muchacho con patrones paternos adecuados, que convive en un seno familiar armónico, cae en la tentación y lo hace desde el riesgo hasta la enfermedad.
Ejemplos de abuso del alcohol
“Hay circunstancias en que se ingiere alcohol y las personas no tienen la percepción de lo que están haciendo: entonces pueden caer en una enfermedad, primero en el abuso y después la dependencia”, nos apuntó la doctora Emelis.
Puso un ejemplo: el hábito de beber copiosamente en los fines de semana, que se está observando hoy en el país, especialmente en jóvenes. Dos se saludan en la calle, uno pregunta ¿Qué vas a hacer este fin de semana? ¡Yo, nada, darme unos tragos! ¿Por qué vas a consumir? ¡Porque no hay nada más!
Así influye la recreación no saludable en estos casos.
Otro ejemplo: beber sabiendo que tiene que conducir o incorporarse al trabajo. Es riesgo de accidente, de coordinar mal cualquier actividad, de reaccionar incorrectamente, de no rendir lo debido en la jornada laboral.
Alternativas riesgosas también son: tomar alcohol cumpliendo una prescripción médica, pues puede producir efectos perjudiciales sobre la conducta, reacciones adversas y alteraciones en la absorción del medicamento, entre otras.
En la embarazada, su uso frecuente ofrece el riesgo de que el hijo nazca con afectaciones, desde la teratogenia conductual hasta el síndrome del feto alcohólico: recién nacido con múltiples malformaciones, sobre todo de los huesos, que se puede acompañar de retraso mental.
Línea confidencial, Centros comunitarios de Salud Mental
Durante su conversación, la doctora narró experiencias de personas que necesitan una orientación rápida, de los que desean ayudar a un amigo o familiar y buscan consejería, y recordó la Línea Confidencial Antidroga, llamando al 103 –uno, cero, tres- mediante la cual se puede recibir información y orientación especializada.
Para dar atención a la población de la capital existe un centro comunitario de Salud Mental en cada municipio, y además en cada policlínico un equipo de esta especialidad ofrece sus servicios.
Alertó a aquellos que por tradición histórica son más vulnerables a estos riesgos: los trabajadores ligados a quehaceres nocturnos y del turismo, los vinculados al expendio y elaboración de estos productos; los constructores que laboran en contingentes, entre otros. Van del riesgo al abuso, y después a la dependencia, explicó.
El policonsumo puede ser fatal
“Por definición se trata del caso que consume varias drogas, prosiguió la doctora Alfonso. Generalmente se ve en pacientes que empezaron con una sustancia, y al tener dependencia física o psíquica usa la que aparezca. Sus efectos nocivos son mayores y más complicados, pues inciden en diferentes receptores y se pueden afectar órganos donde se metabolizan esas sustancias”.
Existen daños en las diferentes modalidades de policonsumo. Recordó que hay sustancias cuyas dosis de placer están muy cercanas a las letales, sobre todo cuando se utilizan medicamentos y que en ocasiones la persona tiene tanta tolerancia a un fármaco que para sentir placer ingiere una dosis elevada que puede conllevar a la muerte.
¿Por qué razón? La doctora Emelis responde: Porque son medicamentos que al usarse deliberadamente pueden producir depresión del sistema nervioso central, con una de sus manifestaciones más graves, el coma, y depresión del centro cardiorrespiratorio. A veces la vida no acaba, pero suceden como secuelas, las discapacidades.
La persona, la familia, la escuela, la comunidad
Ya como conclusiones de esta interesante conversación, la coordinadora de Salud Mental y Adicciones de la Dirección Provincial de Salud de La Habana, remarcó los factores protectores a fomentar en la población de niños y adolescentes:
*en la propia persona: mecanismos de afrontamiento para enfrentar los problemas cotidianos, socialización, adaptación.
*en la familia: armonía entre todos sus miembros, educación, disciplina, cumplimiento de deberes, derechos y roles, combinados en un ambiente de amor y respeto, que brinden seguridad.
*la escuela: complementa la educación familiar, fomenta valores, patrones de imitación de los estudiantes en sus maestros, socializa.
*el barrio: solidaridad, apoyo, recreación en espacios seguros.
Hoy en el mundo existen “espacios seguros”, donde no se consumen sustancias nocivas y se ofertan actividades recreativas sanas, que motivan el deleite de la población adolescente y juvenil. Cuba los está promoviendo.
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