Manos para curar

Un médico cubano que tuvo trágicas experiencias en Nicaragua salva vidas desde la cirugía

Carlos Alberto Romero Díaz tuvo una de sus experiencias más trascendentes antes de graduarse como médico: “Fui en el primer grupo de jóvenes enviados por Cuba, para prestar ayuda a Nicaragua que estaba asediada por grupos contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos.

″Estuvimos tres meses en Waslala bloqueados por los `contra`. Teníamos que operar y tratar a los pacientes sin luz eléctrica, con una AKM entre o debajo de las piernas para defendernos ante un  inminente ataque”.

En una ocasión, Carlos y su anestesista hicieron un parto en unas montañas que se encontraban detrás de la cooperativa donde prestaban servicios. Se habían tenido que trasladar varias veces porque "los contra" los estaban buscando. Cuando regresaron todos estaban muertos, “los habían matado por no decir dónde estaban los médicos cubanos.

“Después de estas vivencias, la vida de un ser humano representa todo para mí. Tanto los pacientes como los familiares depositan gran confianza en un médico y yo trato de confiar siempre en mí, más que en mí en mis manos, que fueron hechas para curar”.

Veintiocho años de desempeño como cirujano y una larga hoja de servicios en la salvación de seres humanos consolidan la trayectoria de aquel muchacho que al concluir el preuniversitario en “la Lenin” estudió medicina “por intuición”. En mi familia no había ningún médico. Mis padres decían que tenía vocación al y les agradaba esa profesión".

Durante sus prácticas en el Hospital Manuel Fajardo, de La Habana, Carlos ganó la ayudantía en cirugía y ya en ese perfil de la ciencia médica decidió hacerse cirujano.

Y si pierde sus manos, ¿ya no sería médico?      
Nunca me he hecho esa pregunta. Siempre indago sobre las enfermedades de mis pacientes, pero no sobre mí. Si me sucediera esa desgracia buscaría otras formas de curar, lo importante es no darse por vencido, eso es algo que aprendes en esta profesión.   

¿Siempre está preparado para todos los casos?
Un paciente no se parece a otro aunque tengan la misma enfermedad, por eso existen nuevas técnicas y tecnologías para abordar una misma afección de formas diferentes. El médico está sometido a muchas tensiones y, aunque errar es de humanos en esta profesión ese refrán tiene implicaciones muy serias.

¿Qué diferencia al médico cubano de los demás médicos del mundo?
La entrega total, su corazón puro, el poder de decisión e incluso de inventiva para resolver situaciones extremas. Estos son también retos que asumimos, por eso estoy seguro de haber elegido bien; siempre quedan cosas por alcanzar y a pesar de las dificultades por las que pasamos los cubanos, tengo una recompensa moral y social que me gratifica.

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