Fascinante y amoroso oficio detrás del lente

Esencias. La Colmenita en Estados Unidos: el más reciente documental de Roberto Chile

La dinámica vida de Roberto Chile transcurre por estos días como la de un padre que acaba de tener un hijo. Y no es para menos; Esencias. La Colmenita en Estados Unidos, la más reciente y sonada producción del prestigioso cineasta y fotógrafo, ha conmovido la espiritualidad de todos cuantos, en las últimas dos semanas, hemos tenido la oportunidad de disfrutar, a través de la televisión nacional, de este documental sobre las presentaciones en Washington, Nueva York y San Francisco, en octubre pasado, de la reconocida compañía de teatro para niños que dirige Carlos Alberto Tín Cremata Malberti.

Hace 15 días tuve el privilegio de ser uno de los primeros en deleitarse —en la propia casa de Chile— de esta pieza testimonial, en la que, según me comentó, no están incluidas (fílmicamente) las vivencias de la compañía durante sus actuaciones en Washington D.C. —primera escala del periplo—, pues hubo demoras en el otorgamiento de su visa; aunque tal situación fue resuelta mediante fotos ágilmente engarzadas, en las que aparecen los excitantes momentos iniciales de la gira por la capital de Estados Unidos.

Gracias a un encomiable trabajo de edición y postproducción a cargo de Salvador Combarro, respaldado por el diseño de la música especialmente concebida por René Baños —director de Vocal Sampling—, el espectador percibe, como si así hubiese sido previsto, la primera parte del documental a través de instantáneas del fotógrafo estadounidense Bill Hackwell, para dar continuidad al resto de la producción con grabaciones asumidas por Chile, con una sola cámara y con las luces propias de cada sitio, erigiéndola así en excepcional joya en este tipo de filmografía.

El virtuosismo del artista se exteriorizó en Esencias… con seguridad y entusiasmo. La toma de diversidad de planos, captados desde diferentes ángulos, le permitió concluir una obra que percibimos cual si hubiese sido realizada por todo un equipo de varios camarógrafos, luminotécnicos, sonidistas… El ritmo, los contrastes, la dramaturgia y el empaste de las diversas escenas, mantienen el interés del público, durante una hora y ocho minutos, sobre una historia narrada de principio a fin por niños actores aficionados.

En tal sentido, fue loable el trabajo de montaje en la articulación del discurso escénico, principalmente sustentado en la fuerza expresiva de las imágenes, las cuales hablan, por sí mismas, de aquellos fantásticos momentos en que La Colmenita, durante 19 días y a través de un arte auténticamente cubano, ganó la simpatía del público norteamericano a favor de la liberación de los Cinco hermanos antiterroristas, prisioneros en diferentes cárceles de ese país. Relevante fueron, además, los ulteriores desempeños de Claudia Alvariño (narración), Reynier Aquino (diseño gráfico), Maykelito Bárzagas (grabación musical), Daniel Pérez, Daniel Chile y Janet Rodríguez (asistencia técnica), entre otros colaboradores que hicieron posible la culminación del documental.

El gran valor ético de este viaje de La Colmenita, y el de la consiguiente producción de Chile, es el haberlas ideado con el fin de sensibilizar al pueblo de Estados Unidos sobre la injusta —y casi desconocida allí— causa de los Cinco, tema sabiamente conducido por el sagaz realizador —cuya obra toda se ha sustentado siempre en la justeza y la verdad—, mediante las vivencias de la trascendental gira, de la que utiliza en su obra fragmentos dispersos de la escenificación de Abracadabra, a cargo de Llanisca Lugo y niños de La Colmenita, con música de Silvio Rodríguez, Bob Dylan y Mercedes Sosa.

A las tomas de las simpáticas actuaciones de los chicos, agregó la afectiva conversación telefónica de estos con Gerardo Hernández; y el efusivo encuentro con René González, en Miami; así como la animada presencia de La Colmenita en la ONU y las múltiples muestras de afecto de cientos de norteamericanos que bailaron los ritmos cubanos al compás de la música que ejecutaban las abejitas, de las que Chile asegura haberse sentido parte. Engranaje de imágenes que acontece ante el espectador con la narración en off de Claudia Muma Alvariño, coloquialmente familiar, para ofrecer importante información complementaria sobre tal hecho.

Y el mayor logro artístico del trabajo de Chile está en su naturalidad y sencillez expositiva. El insigne creador fue en busca de las imágenes que mejor permitieran reflejar aquellos históricos sucesos que conmovieron a los norteamericanos. Su éxito en la pequeña pantalla —como en toda creación suya— radica esencialmente en su fascinante y amoroso oficio detrás del lente...

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