¿Qué hacer con la emulación?
La emulación socialista ha sido, durante años, tema de debate sindical. Reconocida por sus logros en el movimiento millonario de la zafra azucarera; en la cadena puerto, transporte, economía interna; y en otras importantes esferas, sin embargo ha sido cuestionada por su formalismo en no pocos sectores y centros de trabajo.
En el Informe Central al VI Congreso del Partido, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, al convocarnos a “meditar en los efectos contraproducentes de viejos hábitos que nada tienen que ver con el papel de vanguardia de la organización en la sociedad, entre ellos la superficialidad y formalismo…”, afirmaba:
“Estos criterios son aplicables también a la emulación, movimiento que con los años fue perdiendo su esencia movilizadora de los colectivos obreros, al transformarse en un mecanismo alternativo de distribución de estímulos morales y materiales, no siempre justificados con resultados concretos y que en no pocas ocasiones generó fraudes en la información”.
Frente a esa realidad hemos apreciado dos tendencias fundamentales; una: la de quienes argumentan la inoperancia de la emulación y creen que debe ser suprimida; y otra: la de los que estiman que es de gran utilidad en las condiciones de la construcción socialista y se pronuncian por ajustar sus procedimientos y su contenido a la coyuntura socioeconómica del país. Podrían contarse con los dedos de una mano quienes piensan que debe mantenerse como antes.
Dentro de esas vertientes principales de opinión, la Central de Trabajadores de Cuba constató una diversa gama de planteamientos en agosto y septiembre del 2011 durante intercambios que no ha dado por concluidos, sino que los mantiene abiertos al análisis.
En esencia se aprecia desinformación sobre el tema, lo que genera dudas cuyo esclarecimiento los lectores nos han solicitado reiteradamente. Ese es el propósito que motiva estas líneas.
El hecho de que en determinado momento hayamos desvirtuado la esencia de la emulación como palanca impulsora de la economía, no niega el papel movilizador que le corresponde desempeñar ahora para favorecer la voluntad de actualizar el modelo económico cubano, razón que nos sitúa ante el compromiso de rescatarla con todas sus virtudes y erradicar sus carencias e insuficiencias.
Si con razón el compañero Raúl nos ha planteado que “la batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal y el centro del trabajo ideológico de los cuadros, porque de ella depende la sostenibilidad y preservación de nuestro sistema social”, resulta ineludible que los cuadros sindicales en todos los niveles, esencialmente en la base, se empleen a fondo para que la emulación funcione con la precisión de un reloj en el engranaje de la economía nacional.
O sea, que a quienes se colocan en la posición extrema de sepultar la emulación, les respondemos que deben asistir a otro sepelio: al de toda la parafernalia, la superficialidad, la pomposidad y el burocratismo con los que en etapas anteriores, movidos por los más nobles propósitos, fueron puestos en vigor controles y procedimientos que lastraron ese efectivo movimiento de masas.
Ahora resulta imprescindible reavivarla para que marche como en sus mejores tiempos; ajustarla, sin esquematismo, a las especificidades de cada sector, de cada lugar, a partir de lo que quede normado en el reglamento que cada sindicato nacional elabora coordinadamente con los ministerios y entidades correspondientes. Ejemplos a imitar en ese sentido los hemos visto en los movimientos de alta productividad de sectores como el cañero o el cafetalero, por solo citar dos.
Pero tales propósitos trascienden la labor sindical y no es posible alcanzarlos si los cuadros administrativos no interiorizan que la emulación es un irremplazable factor para impulsar la economía y por tanto también es responsabilidad y prioridad de ellos.
Mucho más podemos y debemos decir sobre la emulación y el papel que deben desempeñar en ella los sindicatos, pero eso queda para un próximo encuentro con el lector.
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Comentarios
¿Qué hacer con la emulación?
¿Qué hacer con la emulación?
A: Jorge Luís Canela Ciurana
Lo felicito por su artículo, me parece muy bueno, cito algunos párrafos de vuestro artículo como material de apoyo:
“O sea, que a quienes se colocan en la posición extrema de sepultar la emulación, les respondemos que deben asistir a otro sepelio: al de toda la parafernalia, la superficialidad, la pomposidad y el burocratismo con los que en etapas anteriores, movidos por los más nobles propósitos, fueron puestos en vigor controles y procedimientos que lastraron ese efectivo movimiento de masas.
Ahora resulta imprescindible reavivarla para que marche como en sus mejores tiempos; ajustarla, sin esquematismo, a las especificidades de cada sector, de cada lugar, a partir de lo que quede normado en el reglamento que cada sindicato nacional elabora coordinadamente con los ministerios y entidades correspondientes. Ejemplos a imitar en ese sentido los hemos visto en los movimientos de alta productividad de sectores como el cañero o el cafetalero, por solo citar dos.
Pero tales propósitos trascienden la labor sindical y no es posible alcanzarlos si los cuadros administrativos no interiorizan que la emulación es un irremplazable factor para impulsar la economía y por tanto también es responsabilidad y prioridad de ellos.”
Opino que:
La emulación, competición, o como cada cuál desee llamarle, existe en todos los países del mundo, no creo que sea sensato en Cuba eliminarla, sino dotarla de más dinamismo y más cercanía a los que deben emular, establecer las reglas del juego, controlar sus resultados, y premiar a los ganadores con justicia y estímulos que fomenten el interés y la alegría por emular.
Emular no debería ser un modo de vida sino el sentido y la satisfacción con la que dotamos a nuestras vidas.
El que emula debe incidir positivamente en los problemas políticos, sociales y económicos que son necesarios para el desarrollo del país, el sistema de emulación debe incidir directamente en los problemas de los que emulan y sus familias, produciendo en ellos compensación moral, política, social y económica.
Como usted bien cita son ejemplos a imitar los cañeros, cafetaleros y agrego mieleros que han sobre cumplido su plan donde han incidido nuevos estímulos, creo que además de imitar, debemos perfeccionar, por que son una ventana de apertura a niveles superiores de estímulo y de eficiencia en la emulación
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