"¡Me quedo con Camilo!"

Han pasado los años, y el general de brigada (r) Miguel A. Lorente recuerda con nitidez la anécdota que lo identificó aún más con la extraordinaria personalidad del Comandante Camilo Cienfuegos

Camilo estaba rodeado de varios combatientes, en uno de esos momentos en que la lucha deja espacio para hablar entre hermanos, recordar a la familia y hasta hacer alguna de esas bromas que tanto le gustaban. Ese día conversaban sobre el imperialismo y sus consecuencias para los pueblos de América. Un poco apartado del grupo, el joven Miguel A. Lorente León lo observaba con admiración.

Camilo tenía un pañuelo rojo en la mano y lo torció. Caminó hacia Miguel y le dijo: "¡Te voy a dar un pase antimperialista!" El muchacho lo miró con desconcierto y le preguntó: "Camilo, ¿qué es el imperialismo?" Y fue el pie forzado para que el jefe guerrillero le diera una clase sobre el tema y recurriera al pensamiento martiano para abundar sobre las intenciones de los Estados Unidos.

Han pasado los años, y el general de brigada (r) Miguel A. Lorente recuerda con nitidez la anécdota que lo identificó aún más con la extraordinaria personalidad del Comandante Camilo Cienfuegos.

De forma casual, Miguel llegó a integrar las tropas de Camilo. En noviembre de 1957, cuando se incorporó al Ejército Rebelde, formó parte de la Columna No. 1 José Martí y estuvo subordinado al capitán Ángel Frías. Posteriormente, al iniciarse la ofensiva del ejército batistiano en mayo de 1958, pasó a las tropas del Che y en la Columna No. 8 Ciro Redondo inició la invasión hacia occidente.

"En Camagüey, en un lugar llamado Cuatro Compañeros, sostuvimos el primer combate", afirmó Lorente, a quien ya para ese entonces el Comandante Guevara le había otorgado el grado de teniente por la actitud demostrada en el combate de Las Vegas de Jibacoa.

"Yo iba en el segundo camión, junto a otros combatientes y caímos en una emboscada. Desconocíamos el terreno y nos perdimos. La orientación era buscar el monte que estaba al noroeste de Cuatro Compañeros.

Ya el Che con el pelotón de la comandancia había alcanzado el lugar, pero las demás fuerzas estaban dispersas. Salieron a buscarnos y todos aparecieron, menos nosotros. El Che esperó tres días hasta que continuó el camino.
"Al sentirnos perdidos, nuestro objetivo era el Escambray y a todo el que veíamos le preguntábamos cómo llegar, como si estuviera cerca. En realidad yo nunca había salido de Manzanillo, mi pueblo. Nos expusimos a que nos capturaran y asesinaran, porque a simple vista se sabía que éramos rebeldes.

"Arribamos a la casa de un campesino y nos comentó que había pasado una tropa. Pensamos que fuera el Che. El hombre salió a caballo y logró localizar a la gente, que era la de Camilo. Le dijo que en su casa había unos rebeldes y el comandante guerrillero le pidió que los llevara al campamento antes del anochecer.

"Cuando salimos, el guajiro nos comentó que en un bohío destartalado, rodeado de maleza, había otro grupo de alzados. Tomamos medidas y los rodeamos.

Ellos gritaron que eran del Movimiento 26 de Julio. Les exigimos que salieran con las manos levantadas, no fuera a ser que nos mintieran. Pero traían el brazalete del 26 de Julio, tenían fusiles, pelo largo, eran jóvenes y más o menos les creímos, aunque durante el trayecto nos mantuvimos recelosos y los situamos delante de nosotros.

"Encontramos a la gente de Camilo en un sitio conocido como Montes de la Jutía, nombrado así por la cantidad de esos mamíferos que allí había. Cuando llegamos nos presentamos a Camilo, íbamos tres oficiales y le explicamos lo sucedido; después, todo el mundo nos rodeó, querían saber qué había pasado.
Algunos hasta pensaron que nos habíamos rajado, pero nosotros nunca abandonamos el fusil, ni nos cambiamos de ropa, ni nos pelamos, simplemente nos perdimos.

"Uno de los campesinos de la región que cooperó con la columna comandada por Camilo, identificó a dos de los supuestos alzados como ladrones que robaban en nombre del 26 de Julio, incluso habían hecho atrocidades y fueron ajusticiados".

La travesía por el llano no fue fácil, con hambre, sed, calmada por pedazos de caña que a veces partían los labios; el único manjar del camino fue una carne de yegua casi cruda, por si fuera poco, y hubo que cruzar el río Jatibonico, crecido por las aguas del segundo ciclón que acompañó la invasión.

La sagacidad del jefe militar impresionó a Lorente: "Camilo tenía la mirada de fuego, de acero; con la cual te penetraba si cometías un error. -y era mejor que te regañara a que te mirara de esa forma.

"Era un experto en trasladar las tropas, en el empleo de la exploración, en prever lo que iba a pasar, y tomar las medidas necesarias para preservar a sus hombres y cumplir la misión que le habían asignado al frente de la Columna No. 2 Antonio Maceo".

El compromiso con el pueblo y la Patria Llegar a la provincia de Las Villas significó un importante paso dentro de los propósitos de la invasión.

En el territorio central, la estatura del legendario comandante crecería, y su valentía lo consagraría como el Héroe de Yaguajay. En la zona desempeñaría un papel importante en la unidad de las tropas que ahí operaban y lo hizo bajo el concepto de que todos luchaban por una misma causa y que el único compromiso era con el pueblo y con la Patria.
Posteriormente se produciría el encuentro con los combatientes de la Columna No. 8.

"Le había dicho a Camilo mis intenciones de quedarme en su columna y él dijo que eso lo decidía el Che. Ellos se reunieron, conversaron y después me mandaron a buscar. Dije: '¡Ay, mi madre, el argentino me va a echar una gran refriega!' "Sin embargo, sencillamente me preguntó qué había pasado, y le expliqué todo. Luego indicó: 'Vos vete e incorpórate con tu pelotón'.

Ya yo había visto a Angelito Frías, nos habíamos saludado y me había preguntado qué iba a hacer. Pero ya se habían creado tantas relaciones con la gente de Camilo que me llené de valor y le respondí al Che: 'Me quedo con Camilo', a lo cual él espetó: 'Claro, porque Camilo regala los grados'. Camilo, sin embargo, se reía de la broma".

Miguel estuvo entre los guerrilleros que el 2 de enero de 1959 acompañó al Señor de la Vanguardia en la toma del campamento militar de Columbia, y de cerca pudo apreciar el cariño del pueblo hacia el Héroe.

El 14 de febrero de 1959, el joven fue llamado a la oficina del Comandante Cienfuegos.

Allí le aguardaba una sorpresa: "Junto a otros compañeros fui ascendido a capitán. Ese día me perdí del campamento. Fui a mostrarle mis grados a mi novia. Por poco me busco un responso, pero era comprensible".

Los primeros meses de 1959 transcurrieron de prisa: misiones en la Isla de Pinos, subir al Pico Turquino 11 veces, capturar al asesino de Cristino Naranjo. El 28 de octubre sorprendió a Lorente en la base aérea de San Julián, en Pinar del Río. "Cuando escuchamos la noticia, nos estremeció. Fue buscado por tierra, mar y aire, y llorado por nosotros.

Me acuerdo que un día veníamos de Isabel Rubio para el campamento y oímos por el radio que había aparecido. Nos bajamos y de la alegría lanzamos tiros al aire. Después supimos que no era cierto.

Entre recuerdos y anécdotas, la figura de Camilo renace y a veces parece mentira que hayan pasado 50 años de su desaparición física. Su corta vida fue toda una enseñanza. "Siempre que puedo rememoro las palabras escritas por Camilo a Fidel cuando fue ascendido por él a comandante: 'Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza'. ¡Eso habla de la clase de hombre que era!"

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