A medio siglo de la orden de bloquear a Cuba
Seis meses después de que el presidente John F. Kennedy firmó la orden ejecutiva presidencial que estableció en febrero de 1962 el bloqueo contra Cuba, le preguntaron qué significación tenía para él la Doctrina Monroe.
“La Doctrina Monroe significa hoy, para mí —respondió—, lo mismo que ha significado desde que la enunciaron los presidentes Monroe y John Quincy Adams, esto es, que nos oponemos firmemente a toda intervención de una potencia extranjera en el hemisferio occidental. Por eso nos oponemos a lo que está ocurriendo hoy en Cuba.
“Por eso suspendimos nuestro comercio con Cuba, y por eso colaboramos con la Organización de Estados Americanos en otras formas para aislar la amenaza comunista de Cuba.”
Con estas declaraciones el mandatario norteamericano confirmaba que la postura de su gobierno hacia la Isla era la continuidad de un pensamiento imperial nacido en las primeras décadas del siglo XIX, en que Quincy Adams proclamó su teoría de la “fruta madura”:
“Hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física —señalaba este— y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí misma, tiene que gravitar, necesariamente hacia la Unión Norteamericana”.
Esta estrategia fue recogida meses después en la Doctrina Monroe, mediante la cual Estados Unidos advertía a las potencias europeas que abandonaran cualquier pretensión respecto a los países latinoamericanos por considerar que América era para los americanos (del Norte por supuesto).
Casi ciento cuarenta años después, Kennedy ocultaba deliberadamente las verdaderas razones de la hostilidad de Washington. La pequeña nación del hasta ese momento seguro “traspatio” norteamericano había tomado una decisión intolerable: sacudirse medio siglo de dominio neocolonial.
Por ello la Casa Blanca no necesitó que la Revolución cubana se declarara socialista en abril de 1961 ni que restableciera relaciones con la URSS en mayo de 1960 para justificar sus ataques con la agresión económica como temprana punta de lanza.
ESCALADA DE PRESIONES
En el libro titulado “Los años en la Casa Blanca: haciendo la paz 1956-1961”, el presidente Eisenhower reveló desde cuándo comenzaron sus preocupaciones acerca de lo que estaba ocurriendo en Cuba: “Aunque nuestros expertos de Inteligencia estuvieron indecisos durante algunos meses, los hechos gradualmente les fueron llevando a la conclusión de que con la llegada de Castro, el comunismo había penetrado en el hemisferio”. Y precisaba: En cuestión de semanas después que Castro entró en La Habana, nosotros en el gobierno comenzamos a examinar las medidas que podían ser efectivas para reprimir a Castro en caso de que se convirtiera en una amenaza.
Estados Unidos se convirtió en cómplice, desde el mismo primero de enero, del robo del dinero de las arcas del Estado cubano perteneciente a las reservas del país, cuando acogió y dio asilo en suelo norteamericano a los criminales y malversadores que se llevaron más de 400 millones de dólares de la época, el equivalente de 4 mil 200 millones de hoy, casi el 80% del valor de las importaciones actuales de Cuba.
Apenas transcurridos seis meses del triunfo revolucionario, en el Departamento de Estado —según revelaron treinta años más tarde documentos desclasificados— se comentaba que “correspondía al gobierno de Estados Unidos asumir de inmediato una posición muy firme contra la Ley de Reforma Agraria” y se consideraba que la mejor manera de alcanzar resultados era mediante “la presión económica”. Esta no demoró en producirse.
La escalada agresiva se hizo creciente en 1960: en junio ocurrió lo que Fidel calificó de “la primera gran zancadilla de los trust y los monopolios, orientados directamente por el Departamento de Estado norteamericano”, que fue el anuncio de que no enviarían ni un solo barril de petróleo a territorio cubano ni permitirían que se procesara en sus refinerías de la Isla el crudo soviético.
En julio, Eisenhower, mediante proclama presidencial, redujo drásticamente la cuota azucarera cubana; seguidamente decretó su suspensión hasta los primeros meses de 1961 en que tomó posesión el nuevo mandatario, John F. Kennedy, quien mantuvo esa medida durante el año, después la extendió al primer semestre de 1962 y terminó por reasignar la cuota a otros países.
Transcurría todavía el año 1960 cuando el Departamento de Comercio promulgó un decreto que eliminaba las licencias para exportar a Cuba ciertos vehículos automotores y sus partes; el gobierno notificó a Cuba su decisión de suspender las operaciones de la planta de concentración de níquel de Nicaro, de propiedad norteamericana; el Departamento de Estado recomendó a los ciudadanos estadounidenses abstenerse de viajar a Cuba, a no ser que hubiese razones apremiantes para hacerlo, posibilidad que luego se eliminó totalmente; en octubre se prohibieron las exportaciones a Cuba; y en marzo de 1961 —un mes antes de la invasión mercenaria a Playa Girón organizada y financiada por Estados Unidos—, Washington anunció el rompimiento de las relaciones diplomáticas y consulares con el gobierno cubano.
La implantación formal del bloqueo se produjo en febrero de 1962, pocos días después de que en la Octava Reunión de Consulta de los Cancilleres de la Organización de Estados Americanos, celebrada en Punta del Este, Uruguay, se acordó que Cuba fuera expulsada del organismo regional alegando que su adhesión al marxismo-leninismo era incompatible con el sistema interamericano. Dos años más tarde, en la Novena Reunión de Consulta, Washington consiguió que sus miembros, excepto México, rompieran relaciones con la Mayor de las Antillas y se sumaran al bloqueo. Fueron los primeros esfuerzos por internacionalizar la presión económica sobre Cuba. En ese mismo año de 1964, el bloqueo se hizo completo al incluir medicinas y alimentos.
A través de los años esa política genocida ha ido recrudeciéndose, como recordó el pasado año en la ONU el canciller cubano, Bruno Rodríguez, “ en 1996, la Ley Helms-Burton amplió de forma inédita las dimensiones extraterritoriales del bloqueo y codificó integralmente el “cambio de régimen” y la ulterior intervención en Cuba. Nadie conoce que el “Plan Bush para Cuba”, del año 2004, haya sido dejado sin efecto.”
Lo que no esperaba Estados Unidos era que Cuba no se doblegara..
ENGENDRO DE DIEZ ADMINISTRACIONES YANQUIS
Las insatisfechas apetencias imperiales de Estados Unidos en relación con Cuba han provocado el bloqueo más largo de la historia, por lo que 7 de cada 10 cubanos desde que nacieron han estado bajo los efectos de esta despiadada guerra económica que califica como crimen internacional de genocidio.
El daño económico directo ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba hasta diciembre de 2010, a precios corrientes, calculados de forma muy conservadora, asciende a una cifra que supera los 104 mil millones de dólares, según consta en el informe de Cuba al Secretario General de las Naciones Unidas acerca de la Resolución 59/11 sobre la necesidad de poner fin al bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba. Agrega el documento que si se toma en consideración la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado financiero internacional, que ha sido sumamente elevada durante el año 2010, y mantiene una tendencia creciente, la afectación a la economía cubana sería superior a los 975 mil millones de dólares.
No ha existido norma del ordenamiento internacional que refrende el bloqueo en tiempo de paz, aseguran los especialistas, se trata de un acto de guerra. Los expertos han denunciado también que el andamiaje legal del bloqueo representa una flagrante violación no sólo del ejercicio de los derechos humanos del pueblo de Cuba, sino además de ciudadanos de terceros países y de los propios norteamericanos. Sus disposiciones son también violatorias del derecho estadounidense y de los principios fundamentales, leyes y costumbres que conforman el Derecho Internacional en lo referido a las relaciones políticas, económicas, comerciales y financieras entre los estados.
La comunidad internacional se ha pronunciado en 20 ocasiones consecutivas de manera creciente contra este engendro que es el principal obstáculo para el desarrollo de la Mayor de las Antillas.
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