¿Está nuestra oficina humanizada?
Los trabajadores de oficina cumplen sus faenas cotidianas, por lo general, sentados, parados y en combinación con la marcha; pero sin tensión física sistemática ni carga o transportación de pesos.
A decir de especialistas de Instituto Nacional de Salud de los Trabajadores, dichas rutinas comprometen menos del 20% de la capacidad física de trabajo de las personas e implican un gasto energético inferior a 150 kilocalorías por hora, razón que justifica su clasificación como trabajo ligero, no exento por ello de riesgos. Estos últimos, según su efecto sobre los trabajadores, pueden ser físicos, biológicos, psico-fisiológicos o ergonómicos.
La iluminación y el color de las paredes en las oficinas, por ejemplo, se han relacionado en múltiples estudios con estados de ánimo y emociones; de ahí su incidencia sobre la productividad, la percepción de confort o bienestar y el rendimiento visual de quienes laboran en uno de esos lugares.
Desde la perspectiva psicológica, los colores condicionan la subjetividad de las personas. Investigaciones empíricas para conocer cómo actúan en trabajadores de oficina reflejan que:
- El amarillo estimula y alegra.
- El azul es refrescante e ideal para lugares con altas temperaturas ambientales.
- El verde alivia los ojos y da sensación de descanso o reposo. Su combinación con el amarillo crea una variación cálida y suave, óptima para la reflexión.
- El rojo, con frecuencia, se asocia al peligro y provoca excitación.
- Mientras el blanco se identifica con la limpieza y el orden, favorece los reflejos y la percepción de amplitud de los espacios; aunque es propenso a ensuciarse con mayor rapidez, puede resultar monótono e irritante, por lo que conviene emplearlo cuidadosa y armónicamente.
- Por su parte el violeta y el púrpura transmiten sensualidad y fastuosidad.
- El gris disminuye la disposición e inspiración de las personas.
- Y el negro no se aconseja, al asociarse a la depresión y a la tristeza.
Tonalidades claras y pasteles, con prudentes puntos de atención, son las más recomendadas para estimular y acomodar el trabajo en oficinas, el cual conlleva, casi sin excepción, horas y horas de encierro en un único espacio, a veces reducido.
Pese a representar un tema controversial e insuficientemente investigado a largo plazo, el trabajo de los seres humanos con ordenadores hasta el momento no supone riesgos por exposición sostenida a radiaciones electromagnéticas, al demostrarse que son muy bajas sus emisiones en escenarios laborales o domésticos. Sin embargo, el ya identificado “síndrome del ordenador” sí influye negativamente en la salud visual y postural de los usuarios, a causa de deficiencias del mobiliario requerido para su empleo, excesivos tiempos de permanencia frente a las pantallas e inadecuadas posturas y períodos de descanso.
Asimismo insectos, bacterias, parásitos y ciertos hongos que proliferan junto al polvo de los documentos archivados constituyen peligros potenciales, si se hace caso omiso de recomendaciones como mantener las oficinas siempre limpias, ordenadas y ventiladas, no beber, comer o maquillarse en los buroes, debido a la gran probabilidad de arrastrar esos patógenos hacia el interior del organismo e infectarse.
La carga de tareas, demandas y sensaciones propias de las relaciones laborales pudieran desencadenar estados de estrés que, sostenidos, también debilitan la capacidad de respuesta psíquica y fisiológica de un individuo.
Por ello, se insiste en humanizar y concensuar la organización de las jornadas, potenciar estilos de dirección participativos, proporcionar las responsabilidades con las expectativas y la preparación de cada trabajador, apoyarlos en sus necesidades y deseos de superación profesional, fortalecer las redes interpersonales en los colectivos, corregir con recursos administrativos, pero también con la disposición y creatividad de todos los miembros, aquellas condiciones desfavorables para el desempeño de sus funciones; además de comprender que el universo privado e individual condicionará paralelamente los rendimientos.
Salud profesional significa ser, tener y tomar parte en ese complejo espacio donde laboramos. En las oficinas, alcanzar una mejor y mayor compatibilidad entre los seres humanos y los medios técnicos a su disposición deviene un desafío pendiente y que, de forma constante, ha de asumir el desarrollo técnico, tecnológico, legislativo, profesional, presente y futuro.
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