La trova tradicional cubana
En la parte oriental de la isla se encuentra la ciudad de Santiago de Cuba, uno de los enclaves de la música tradicional cubana, y cuna a mediados del Siglo XIX, de la trova tradicional, sitio donde se han dado músicos y cantantes con la capacidad de crear las experiencias musicales más sugestivas del mundo con géneros genuinamente cubanos como son el bolero y el son generados en el musical ambiente santiaguero.
La trova es una de las configuraciones musicales más distintivas de la cultura musical cubana, de profunda raigambre popular, es rica en temas, aunque el principal fue siempre el amor. Era usual en su surgimiento escuchar las composiciones cantadas a lindas jovencitas frente a sus ventanas o balcones, al estilo de aquellos trovadores provenzales de la Edad Media.
La métrica es característica propia de estas composiciones musicales y el empleo de un vocabulario delicado y armonioso que se que dejaba oír en serenatas y fiestas, acompañados por la guitarra.
Santiago es la cuna del padre de la canción trovadoresca cubana, el cantante y guitarrista José Vivanco Sánchez Hechavarría, Don Pepe Sánchez, paradigma de varias generaciones de trovadores cubanos, quien produjo canciones cubanas de calidad, guiado solo por una aguda intención artística.
A partir de la generación de los trovadores tradicionales, la canción se hace más criolla y la línea melódica se torna más fluida en Cuba.
Otro de los grandes trovadores fue el también santiaguero Sindo Garay, quien alcanzó más de cien años de existencia y toda su vida estuvo relacionada con la música trovadoresca, su única y verdadera pasión; por ello se convirtió en eje central de la trova tradicional cubana durante todo un siglo. Es muy significativo que tras su participación en la gesta de independencia de Cuba, reflejó su amor a la patria cuando puso a todos sus hijos nombres aborígenes cubanos, como Guarina o Guarionex, como fiel homenaje a su tierra.
Manuel Corona, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz, incrementan la nómina de aquellos creadores geniales. Con ellos se fijó en la cultura popular de Cuba la imagen ausente del cantautor y bohemio, cronista reflexivo de los asuntos humanos y del amor en todos sus matices.
Otros trovadores también santiagueros Miguel Matamoros, Siro Rodríguez y Rafael Cueto, formaron el trío que se convirtió en la quintaescencia del son, guía y camino de prácticamente todos los grupos de soneros posteriores.
El santiaguero Lorenzo Hierrezuelo fue también heredero en línea directa de la tradición trovadoresca cubana y fundó el archiconocido dúo Los Compadres.
Las barriadas de Santiago de Cuba tienen mucho que ver con el desarrollo de la trova. Los Hoyos, en donde nació Pepe Sánchez, es un barrio donde pululaban los intérpretes, entonando cantos y haciendo también música para bailar.
San Agustín, calle habitada fundamentalmente por negros, desde el siglo XIX era de mucha fuerza en la música tradicional. Allí junto a las canciones trovadorescas reinaban las contradanzas, danzones y los boleros.
La Plaza de Marte era uno de los puntos clave de reunión de trovadores bajo sus faroles de gas donde disparaban sus canciones para mitigar las penas y el aburrimiento. De allí se partía para las serenatas, fiestas y descargas bohemias.
El Tívoli, que lleva ese nombre por los franceses llegados desde Haití a Santiago de Cuba, es otro famoso barrio bullicioso, alegre, divertido, donde la trova sonaba a todas horas.
En sus inicios la trova tradicional tuvo contactos con géneros como el canto operístico y la canción de concierto, y generó en su devenir obras de gran valor musical y alto vuelo poético, es descendiente y heredera legítima de una añeja tradición universal que inicia en el siglo XI, cuando florecieron los primeros trovadores al sur de Francia.
La historia recoge muchos trovadores destacados de distintas regiones del país como Pepe Banderas, Patricio Vallagas, Miguel Companioni, Emiliano Blez, Teofilito, María Teresa Vera, Eusebio Delfín y muchos otros más.
En los años sesenta del Siglo XX la trova tradicional o santiaguera, como también se le llama, cobró renovados bríos, renació y se revitalizó con el llamado Movimiento de la Nueva Trova, a partir de entonces, las nuevas generaciones conocieron a la anterior modalidad trovadoresca como la “vieja trova”, también llamada antigua o tradicional.
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