Abundio Sánchez Varona

Un símbolo por todo Sancti Spíritus

Machete a la cintura, entre sones y guarachas, así va Abundio por su tierra

Abundio Sánchez Varona es un símbolo por todo Sancti Spíritus. Su habilidad y fuerza lo convirtieron en el mejor chapeador de potreros de todo el país y su figura, de un color que recuerda el cobrizo de los primeros pobladores cubanos, es sinónimo de simpatía y cariño por cualquier rincón de esa región central del país.

Su impronta de formidable decidor de sones y guarachas resalta con luz propia dondequiera que planta su presencia. Antes, de muchacho, se enamoró de las maracas y la marimba, pero un buen día se embulló con la guitarra y aprendió fijándose en los que ya sabían.     

De momento parecería que anda sólo de fiesta en fiesta, complaciendo los pedidos de  la gente. Pero él es mucho más que eso. Sombrero tejano, nariz pronunciada, guitarra siempre en pos de la nota exacta, y una sonrisa amplia y permanente. Así va por el mundo, desbrozando retos y empeños, el primer Héroe del Trabajo de la República de Cuba en su provincia.

Cuando nació, en julio de 1944, allá por las lomas del Pedrero —por donde aún vive y muy cerca del lugar en que el Che instaló sus fuerzas rebelde al llegar al Escambray— en su familia todo era pobreza. Y era tanta que los padres tuvieron que ir “colocando” a sus muchachos mayores en casas de familias con más amplios recursos. “Nada de juegos infantiles. Cuando iba al colegio lo hacía sin zapatos y con pantalones cortos... para ahorrar”.

A pesar de todo, algo bueno sacó de aquello, porque su estirpe de trabajador primero comenzó a forjarse allí, en medio del rigor del lomerío, de las vacas en celo y del café por recoger.

“Cuando triunfó la Revolución yo tenía 15 años y no rebasaba el tercer grado, pero los deseos de trabajar me salían por los poros y como el Che Guevara desde antes del triunfo había repartido tierras de latifundios, rápidamente se formaron las cooperativas. Ahí verdaderamente comencé a ser Abundio Sánchez Varona. Antes era un Abundio cualquiera”.

En 1962 se fue por tres años a la Lucha Contra Bandidos en el Escambray y cuando regresó, se reincorporó como trabajador agrícola a su granja... hasta el año 2005 en que se jubila, y lo hizo con 28 galardones de Vanguardia Nacional. Era considerado como uno de los mejores trabajadores agrícolas del país.

Antes de que saliera el sol iniciaba su labor, cuando sus ojos podían ya escudriñar alguna de las entrañas de la hierba. “Con la fresca avanzaba mucho en mi chapea”. Y algunos mostraban recelos hacia los récords de este hombre hecho para el trabajo, y hasta lo llegaron a vigilar para ver si alguien lo ayudaba.

Paralelo a ello, y aunque nunca había sido cortador de caña, se entusiasmó con las movilizaciones a las zafras y se alistó. Pronto comenzó a dar de qué hablar con sus mil 600 arrobas en una jornada y llegó a ser el mejor de su provincia.

“¿Actualmente? Bueno, ahora sigo sembrando, y vendo mis cositas, pero ya sin mucho compromiso”. Es que piensa que es hora de dedicarles un poco de tiempo a los nietos, pues antes, por el mucho trabajo, se olvidaba un poco de los suyos.

“¿Mi día más feliz? Cuando en 1992 Fidel me impuso la estrella de Héroe del Trabajo”.

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