Innovador de siempre
Juan Francisco Mora nació en Sancti Spíritus, y se hizo grande en Cienfuegos, adonde llegó en 1954 para trabajar como mecánico de las guaguas de la Flecha de Oro. Y le cogió el gusto, porque nunca más regresó al terruño.
Su vida laboral la había iniciado a los 13 años, cuando echó a un lado su interés por la carpintería y decidió hacerse ayudante de mecánico. “Por difícil que fuera la labor que desarrollara sólo ganaba 20 centavos a la semana. Cuando gané tres pesos mensuales ya era un mecánico experimentado”, recuerda.
Poco a poco, se fue entusiasmando, y fue tanto su ingenio que hoy puede afirmarse que es de los mecánicos más destacados del país en la reparación de ómnibus y camiones. Y de ahí le viene lo de “inventor”, pues como en aquel entonces las guaguas eran de madera y planchas de metal, constantemente había que estarles inventando cosas.
Ya con la Revolución las cosas comenzaron a cambiar, aunque con las dificultades del bloqueo las carencias crecieron y eran muchas las innovaciones que había que hacer. Entonces se sentía a sus anchas, sin prácticamente día ni hora para trabajar y ya en 1974 obtiene sus primeros lauros emulativos. En 1975 fue reconocido como Héroe Nacional del Trabajo, en múltiples ocasiones como vanguardia nacional del transporte, y por 15 veces como innovador destacado en el país.
Sin nunca proponérselo, su prestigio creció hasta niveles insospechados y se convirtió en el “apagafuegos” del transporte en su provincia, pues “a cada instante nos encontrábamos con fenómenos que teníamos que resolver con pocos recursos y mucho tesón. Por ejemplo, hubo momentos en que los motores defectuosos de los ómnibus Ikarus e reparaban en La Habana, pero cuando los devolvían llegaban en peores condiciones. Eso nos obligó a asumir esa tarea, hice un banco de pruebas para detectar las fallas y resolvimos el problema”.
Juan Francisco siempre se dijo que nunca se jubilaría, pero el muy delicado estado de salud de su esposa, lo obligó a esa decisión. “Así y todo, hoy lo mismo me pueden ver en un taller que en otro, siempre ayudando en lo que pueda, porque a veces no hacen falta las manos y con sólo una idea se puede resolver algún problema”.
De hablar muy bajo, casi como en cadencioso susurro, este Héroe del Trabajo de la República guarda como su mejor momento el de mayo de 1996 cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro le impuso la estrella de oro. “Sin dudas que fue algo inolvidable”.
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