En cartelera: Noche de Reyes

En esta versión de Noche de Reyes, Norge Espinosa ha querido mostrar la fuerza arrolladora del salero de estas tierras

Para algunos de los contemporáneos de Shakespeare, Noche de Reyes (o La duodécima noche) era una obra tonta, puro divertimento. En verdad se trataba de una comedia pletórica de peripecias, en la que el célebre dramaturgo volvía sobre el asunto de las identidades cambiadas, las máscaras y los disfraces… como para reflexionar sobre la verdadera influencia en el comportamiento humano de determinadas marcas: género, condición social. Una cosa es lo que es y otra lo que parece. De hecho, en las representaciones isabelinas los personajes femeninos eran asumidos por jovenzuelos, por lo que estas tramas ya de por sí resultaban hilarantes. 

En la puesta de esa obra que asume Teatro El Público, en la sala Trianón, hay mucho de todo esto (particularmente singular es la selección del elenco), pero hay que sumar además un franco regodeo en un humor mucho más contemporáneo, provocativo si se quiere; una exploración divertida (y corrosiva) de ciertos aspectos de nuestra cotidianidad; un espectacular y hasta chillón muestrario de las maravillas y desengaños del hecho mismo de representar… 

Carlos Díaz ha tomado el argumento original casi de pretexto para armar una fiesta desbocada, en la que llega a ser difícil, con tanta parafernalia escénica, seguir la trama. De hecho, la historia no importa demasiado: aquí son más significativas las poco o muy sutiles recreaciones de lo que contó Shakespeare en su día. 

En cada acontecimiento radica la posibilidad de desdramatizarlo, ya sea desde el texto —que los actores asumen con afectada y burlona grandilocuencia—, o desde la propia visualidad (el diseño de vestuario de Roberto Ramos es un prodigio de imaginación). 

En esta versión de Noche de Reyes, Norge Espinosa ha querido mostrar la fuerza arrolladora del salero de estas tierras, que puede tomar caminos nada ortodoxos. La puesta en escena constituye un entramado brillante, lleno de lentejuelas, que no duda llegar hasta el escándalo con tal de llamar la atención. Se trata de otra relectura parrandeada de un clásico, muy al estilo de la que la compañía hizo con La Celestina. 

Tomado de la edición impresa, ( página 10)

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