Lázaro

El líder de la clase obrera cubana, Lázaro Peña González, nació un 29 de mayo, hace 100 años, en el barrio habanero de Los Sitios

Si una frase definió su legado con exactitud meridiana fue la del Comandante en Jefe Fidel Castro cuando expresó: “Una vez dijimos que en el pueblo hay muchos Camilos (*), hoy decimos: entre los trabajadores hay muchos Lázaros. A ellos corresponde continuar la obra”.

El guía de la Revolución cubana se refería entonces a Lázaro Peña González, líder de la clase obrera cubana, de quien este 29 de mayo se cumplirán 100 años de su natalicio en el barrio habanero de Los Sitios.

En su decursar por la vida y en la conducción del movimiento sindical primó siempre la humildad, pues nunca olvidó sus raíces. Descendía de una familia pobre. Su niñez estuvo caracterizada por las privaciones debido a la pésima situación económica del hogar. Abandonó muy temprano el juego de los niños y se fue a trabajar en una tabaquería.

Uno de los aportes más significativos de su liderato obrero fue organizar al proletariado cubano en una central sindical única, propósito materializado en 1939 cuando fundó la Confederación de Trabajadores de Cuba, antecesora de la actual Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Desde aquel momento fundacional, su objetivo primario fue guiar la lucha de los obreros sobre la base de la unidad.

Desde 1961 y hasta 1966 ocupó la responsabilidad de secretario general de la CTC. Después de ocupar otros cargos en el Partido Comunista de Cuba (PCC) fue electo de nuevo al frente del movimiento sindical en la realización del XIII Congreso, donde se mantuvo hasta su fallecimiento, ocurrido el 11 de marzo de 1974.

Con motivo del centenario del natalicio de Lázaro Peña, la colega Alina Martínez Triay publicó un muy interesante material sobre el legado que deja el líder obrero. Entre los principios que defendió durante los años que condujo la organización figuran: preservar siempre la unidad, el trabajo es lo más importante, para ser contrapartida hay que estudiar, armarse de argumentos, que todo el mundo hable, no dejar una preocupación sin respuesta, cimentar la autoridad en el ejemplo, propiciar el trabajo colectivo, defender los derechos y cumplir los deberes y hacer todo cuanto la revolución socialista necesite.

Quienes estuvieron cerca de él lo recuerdan como el líder siempre apegado a los obreros, con quienes conversaba de manera directa, en sus puestos de trabajo, y por emplear métodos de trabajo adecuados, sobre la base de la persuasión y el más estricto sentido humano.

Lázaro, según cuentan, era paciente en los debates; sencillo, modesto, firme, cordial, pero de un carácter fuerte… En los análisis, señalan, nunca vencía por la vía de la autoridad, sino que trataba de convencer. Sentía pasión porque el trabajo se apreciara con amor y se ejecutara con entrega total y esmero

Por todas esas cualidades y más, el día de su muerte una frase quedó como epitafio: “Venimos a sembrar una semilla”.

 Y la semilla ha germinado y multiplicado.

 (*) Se refirió a Camilo Cienfuegos Goriarán, comandante del Ejército Rebelde, desparecido en una travesía aérea de Camagüey a La Habana, quien siempre fue muy querido por el pueblo. 

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