Trabajadores

11 de Marzo de 2010

08/02/2010 09:37

Nadie trabaja para morir

Ningún percance fatal del trabajo es tan casual ni tan accidental, pues siempre tiene un mayor o menor componente subjetivo

Gabino Manguela Díaz

Las estadísticas impresionan: durante el pasado año fallecieron 93 trabajadores por accidentes laborales, una cifra ligeramente superior a la de 2008.

La Oficina Nacional de Inspección del Trabajo (ONIT), adscrita al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, informó recientemente que durante todo el 2009 ocurrieron 4 accidentes mortales menos que un año antes —cuando se produjeron 88 hechos de ese tipo— pero con un saldo de dos muertes más.

Fueron 93 familias y cientos de tragedias de padres, madres e hijos que nunca encontrarán consuelo. Cada pérdida debe ser para cualquier colectivo, administración y sindicato un aldabonazo en la conciencia y en la actuación.

Durante esa etapa los organismos que mayor incidencia tuvieron en este triste indicador fueron: Industria Azucarera (12), Construcción (10), Transporte (8), Agricultura (8) e Industria Básica (7).

El período se caracterizó asimismo por el alto número de accidentes con saldos fatales en la vía pública, donde perdieron la vida 40 trabajadores, que representan un incremento del 30% de un año a otro.

Según consideraciones de especialistas del departamento de Asuntos Laborales de la Central de Trabajadores de Cuba, entre las causas principales de la accidentalidad —todas evitables— se encuentran violaciones de las normativas en puestos de labor y poca exigencia de las administraciones en el control y fiscalización del uso de equipos de protección individual.

Asimismo la desaparición de los técnicos de seguridad y salud en los centros laborales, poca exigencia y escasa capacitación de administrativos y sindicalistas vinculados con este asunto, violaciones reiteradas del Código de Vialidad y Tránsito, y temeridad y actos inseguros de no pocos trabajadores.

El último pleno del Consejo Nacional de la CTC analizó igualmente las limitaciones y el desabastecimiento de algunos medios de protección.

Un ejemplo que cita un reciente informe de la CTC, y que viene muy a tono por el actual proceso de discusión sobre la efectividad del proceso inversionista es el del sector de la construcción, con una tendencia creciente a la accidentalidad en los últimos nueve años.

Una inspección conjunta de varios organismos a más de 50 entidades del MICONS entre septiembre y octubre del 2009 detectó violaciones de normas de seguridad, trabajadores que no contaban con la protección adecuada y falta de preparación, organización y exigencia de los jefes administrativos directos, y de dirigentes sindicales.

En el año 2008 el Estado asignó más de 33 millones 500 mil CUC para la adquisición de equipos de protección individual, y algunos organismos apenas lo ejecutaron al 50%, y otros prácticamente no utilizaron nada de tal presupuesto.

En el 2009 tal indicador tuvo un comportamiento similar.

Desde el año 2000 hasta la fecha han fallecido casi mil trabajadores por accidentes fatales, cifra en que la mayor incidencia ha estado en organismos como la agricultura, el azúcar, la industria básica y la construcción; y en provincias como Ciudad de La Habana, Santiago de Cuba y Holguín.

Los involucrados en la supervisión de la seguridad y salud del trabajo tienen que ser muy severos en su labor preventiva y de alerta. Hay que tomar medidas con los responsables, sea el trabajador que no cumple las normas de seguridad, o el jefe que no le exige. Nunca será aceptable que nos conformemos con esta estadística fatal.

Demostrado está que ningún percance fatal del trabajo es tan casual ni tan accidental, pues siempre tiene un mayor o menor componente subjetivo, y aunque hoy las estadísticas tienden a la disminución si se comparan con las de los años 90 del pasado siglo, cada lágrima vertida se multiplica en el contrasentido de una muerte absurda, pues nadie trabaja para morir.