04/01/2010 07:30
Con Bruno Rodríguez sin corbata
El Canciller cubano conversa sobre sus años mozos con la misma paciencia y seriedad que advirtieron en él sus amigos cuando era más joven
Bruno Rodríguez conversa sobre sus años mozos con la misma paciencia y seriedad que advirtieron en él sus amigos cuando era más joven. Cada obstáculo de su vida no parece ya tan grave ni neutralizador, una vez que cuenta cómo logró vencerlo. Muestra ya varias canas, mientras rememora las largas horas de estudio en las noches neoyorkinas, período difícil, mas gratificador. Convencido de que cuando alguien empieza a opinar sobre la juventud, ha dejado de ser joven, confiesa que el tiempo ha corrido demasiado rápido para él, y aunque no se atreve a dar ningún consejo aún, sus propias experiencias sugieren algunos.
Dicen quienes lo conocieron de muy joven que era un muchacho introvertido. ¿Cómo pudo alguien de su naturaleza llegar a ser dirigente estudiantil, incluso a nivel nacional?
Era demasiado serio, no introvertido. Sin embargo, me sentía cómodo cuando participaba en el grupo. La arenga a esas edades es inherente, es casi un estado natural. No era nada bailador y las fiestas tampoco me llamaban la atención; pero la comunicación, la improvisación de discursos, me resultaban fáciles por lo espontáneo. Entonces los dirigentes estudiantiles, en este caso de la FEEM, estábamos sometidos a grandes exigencias, teníamos que hacerlo todo en un promedio superior alhabitual, y se dedicaba mucho tiempo al trabajo, a las múltiples reuniones y a los constantes viajes a las provincias. Quizás lo distintivo de nuestra etapa era el desbalance entre las edades.
¿Qué método encontró para permanecer como dirigente estudiantil, y al mismo tiempo obtener buenos resultados en el área docente?
Solucionaba ese dilema estudiando mucho, sobre todo cuando se acercaban los exámenes; hacía los trabajos, pero sin pedir compasión. Si llegaba de pronto al aula y ese día había una comprobación, me arriesgaba y la hacía. Los profesores me llevaban bien en ese sentido. En el Pre, mis ausencias me costaron un regaño severo, y a partir de ahí, falté menos, aunque seguí haciéndolo.
¿Se arrepiente de algo?
En mi caso personal, todas las actividades estudiantiles de orden político iban en detrimento de las que habitualmente se realizan a esa edad. Lamento un poco no haber disfrutado más esa vida juvenil, porque pasé más tiempo en reuniones que en la Playita de 16, por ejemplo.
¿Existe alguna máxima aprendida durante su ejercicio como dirigente estudiantil que aún aplique?
Uno tiene que defender su opinión y ser honesto a la hora de ofrecerla, hablar desde lo que piensa, y en mi época como dirigente estudiantil nos preocupábamos más por lo que los adultos querían escuchar de nosotros que por lo que queríamos decir. Siendo muy jóvenes, nos trataban igual que a los demás representantes de organizaciones. Íbamos a reuniones junto a dirigentes de la CTC, el Partido, etcétera, y se esperaba que participáramos e interviniéramos más o menos como el resto. En ese sentido, es muy importante respetar las edades de los adolescentes, de los niños, y no pretender que hagan cosas que no les corresponden y que, a la larga, funcionan en menoscabo de su frescura, autenticidad y originalidad. Mientras se pueda, hay que hacer en cada momento lo que a cada momento corresponda y no formar mescolanzas que terminen provocando alteraciones y convirtiendo a algunos muchachos en “adulticos”, es decir, en adultos pequeños. Y en el grupo que me desenvolvía, a casi a todos nos pasó eso: estábamos haciendo cosas que nos separaban del resto de los jóvenes.
Durante mucho tiempo fue representante permanente de Cuba en las Naciones Unidas. ¿Qué fue lo más provechoso de esa vivencia?
Voy a Naciones Unidas en medio de un intenso debate a raíz de la derrota de la izquierda, del colapso de la Unión Soviética, de las dudas sobre si la Revolución Cubana era o no viable, de la crisis de muchos convertidos y renegados de nuestro proceso, y experimenté una gran tranquilidad de conciencia al sentir la fuerza de Cuba en el contexto internacional, aún en esos momentos de crisis del socialismo y el efecto dominó en Europa Oriental. Me impactó comprobar la fortaleza de las ideas, del liderazgo de Fidel fuera del país. También fue para mí sorprendente darme cuenta de que era de los poquísimos en Naciones Unidas que podía decir en público lo mismo que en privado, que podía escribir y hacer oficial un papel con lo comentado en un pasillo, que coincidían mis instrucciones con mis convicciones más íntimas y que casi nadie podía ni actuar con esa transparencia. Por otro lado, sentí cierto dolor al estar fuera de Cuba en los momentos de resistencia heroica dentro del país, y fue de gran interés cultural y utilidad conocer por dentro a los Estados Unidos y a los norteamericanos, vivir allí, caminar por las calles, ver la gente, por lo menos de Nueva York.
¿Cuáles son a su juicio las condiciones indispensables que ha de tener un diplomático cubano?
La honradez, la firmeza, la convicción y un gran sentido de servicio. Un diplomático cubano no podría actuar solamente por disciplina, por entrenamiento, por formación técnica y profesional, porque es sobre todo un revolucionario, un guerrillero que anda con corbata. No me imagino a un muchacho que tenga como proyecto de vida ser embajador, entre otras cosas, porque no sabría bien qué hace un embajador. Si quizás su inclinación es la de estar un día en el podio de Naciones Unidas y hacer lo que hicieron allí Roa, el Che o Fidel, y le apasiona ese hecho político y humano, es otra cosa. Soy de los que cree que la diplomacia no es una profesión, sino un estado temporal por el que pasa un revolucionario.
¿A qué le gustaría dedicarse cuando ya no sea diplomático?
Me encantaría estar en un periódico como Juventud Rebelde, escribiendo, editando, haciendo cualquier cosa.
De la juventud cubana actual, ¿qué le resulta más preocupante?
Cuando era joven y escuchaba a los mayores hablar sobre la juventud, advertía siempre nostalgia en quienes lo hacían, incluso en los más críticos. Ya era un cliché en mi época escuchar a alguien decir que la juventud estaba perdida, comentario que se viene repitiendo más o menos desde los tiempos de Nerón. La juventud tiene un desafío enorme que consiste en imaginarse cómo Fidel habría querido que este país fuera hoy de no haber existido el Período Especial, el derrumbe de la Unión Soviética, el endurecimiento del bloqueo, y de imaginarse también cómo fue el socialismo cubano antes de que nacieran, en los años 80. No sé de qué forma construirán esos años en sus mentes (pero supongo que les ha de ser más difícil que a mí figurarme cómo era
Cuba durante el capitalismo a partir de los testimonios de mis padres, de lo que he leído). Tengo la preocupación de que el socialismo en Cuba o la Revolución en Cuba sea para los jóvenes un referente tan lejano en el tiempo como para mí lo es el país antes de 1959. Eso es lo que más me inquieta: si hemos tenido o tendremos la capacidad de hacer llegar a la gente joven que lo que Cuba es hoy, no es solo lo que Fidel y otras generaciones anhelaron, sino lo que se ha podido hacer bajo circunstancias muy tozudas de la historia y cuán lejos están del proyecto revolucionario las diferencias sociales que existen, la dependencia de una remesa o de si se recibe parte del salario en CUC para poder vivir.
Como usted decía, los jóvenes de hoy nacieron y crecieron en una etapa difícil de la Revolución desde el punto de vista económico. Algunos piensan que esa condición ha sembrado en ellos el desencanto. ¿Le parece que tienen razón o no?
Me parece absurda esa idea y el que se expresa así manifiesta más bien un desencanto personal. Habría además que tener datos, porque nadie podría afirmar con conocimiento de juicio que una generación está desencantada. Hay de todo, como había en mi época, a lo mejor las proporciones se han modificado. Cada generación tiene sus proyecciones y sus misiones. ¿Cómo decretar que una masa de jóvenes está desencantada? Estoy seguro que existen quienes piensan que la Revolución Cubana es la doble circulación de una moneda, las remesas, las limitaciones y las dificultades, quienes lo único que ven son nuestros errores y no el bloqueo, quienes entienden que toda esta bronca con Estados Unidos es una construcción o un invento o una provocación o un pretexto creado, y les parece que es fácil resolver el problema, sin percatarse de que el diferendo entre ambos países se remonta a los mismos orígenes de la nación cubana. Debe haber de todo, pero me provoca alergia ese criterio.
¿Algún consejo para los jóvenes?
No me atrevería, a lo mejor dentro de 20 años tengo alguna recomendación para ustedes los jóvenes. Para mí el tiempo ha corrido muy rápido, ya no me fijo en los cumpleaños y algunas preguntas suyas me han hecho pensar en esa etapa, pero no me arriesgo a dar ninguna recomendación. No siento una ruptura con respecto a los jóvenes.
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