Trabajadores

9 de Febrero de 2010

29/12/2006 10:39

¿Crisis de la pareja o parejas en crisis?

La Psicología, y en particular la Psicología Clínica, ofrece una excepcional oportunidad para que las personas puedan ventilar sus emociones, encontrar un oído receptivo presto a la atenta escucha y la aceptación incondicional, aprender a solucionar problemas y tomar decisiones acertadas.

Dr. MIGUEL ÁNGEL ROCA PERARA. Profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana

 

La Psicología, y en particular la Psicología Clínica, ofrece una excepcional oportunidad para que las personas puedan ventilar sus emociones, encontrar un oído receptivo presto a la atenta escucha y la aceptación incondicional, aprender a solucionar problemas y tomar decisiones acertadas.

Al psicólogo acude un número importante de personas que no son propiciamente enfermos mentales pero, eso sí, con importantes problemas -¡y a estos nadie es invulnerable!- que mucho pueden beneficiarse si desprejuiciadamente buscan la ayuda especializada.

Pero si me desalmidono un poco y apelo a un lenguaje más jocoso y coloquial, hay situaciones existenciales concretas, para no llamarle problemas, que parecen desequilibrar y hasta chiflar a muchísimas personas, tanto directa como indirectamente. En otras palabras: que los vuelven locos. Y posiblemente la más relevante de estas situaciones tenga que ver con la pareja humana, en ese espacio de realización íntimo, personal, que tanto tiene que ver con la calidad de vida y el bienestar de las personas, a pesar de modernas tendencias que le devalúan afirmando que, como institución, está en crisis. Tomo partido antes de seguir adelante y expreso mis dudas de que algún día la díada (dos, la más elemental forma de grupo humano) concebida con propósitos de estable intimidad, pase de moda, aunque es muy posible que muchas personas -tal vez muchísimas- pasen, por una u otra razón, por dificultades muy serias o períodos críticos en esta tan sensible esfera de la existencia humana.

Bien sabemos los profesionales de la salud psíquica, que una de las más grandes demandas en la consulta de adultos tiene que ver con dificultades en la esfera de la pareja ya sea por “tener mala suerte” para encontrarla o mantenerla; por la selección incorrecta realizada; por la cantidad de disgustos o insatisfacciones por los que tiene que pasar con su pareja actual; por la presencia del alcohol, la violencia o el adulterio; por la presencia de diversidades (edad, raza, nivel de educación, status económico, etc.) o por la simple convivencia con terceros que dinamitan las relaciones, o por quién sabe cuántas otras razones.

Incluso en la atención a niños y adolescentes no temo afirmar -conservadoramente- que al menos tres de cada cinco de las dificultades emocionales o conductuales por las que estos son traídos a consulta, tienen que ver con el divorcio o la incomunicación entre sus padres. De aquí que los efectos de los problemas de pareja no atañen a sus dos miembros, sino que se irradian a otras personas.

Por estas razones podemos pensar que el asunto radica en las personas, más que en la entidad de la pareja y que esta no es una inquietud de la modernidad, sino que posiblemente ha estado presente en toda la historia de la Humanidad. Voy a permitirme apelar a dos narraciones breves, repletas de sabiduría, sólo para hacer reflexionar al lector. Pido excusas porque mi memoria no es muy fiel y puedo no sólo no repetir fielmente los detalles, sino también cambiar algunas cosas,... aunque en el segundo caso es casi seguro que lo hice intencionalmente:

Cuentan que en los inicios de la Humanidad las personas eran criaturas perfectas, tal para cual, en que hombre y mujer eran uno solo, unidos por un misterioso cordón. Un rey, molesto por tanta dicha, ordenó que a todas estas criaturas se les cortara el cordón y se les dispersara por el mundo. Cuenta la leyenda que, desde entonces, cada cual está buscando a su otra mitad, y sufre en cada encuentro la decepción de no hallar a la persona esperada. Yo puedo ser más cruel incluso: en el caso de encontrarla, ya esta no será la misma, pues ha vivido independientemente muchas experiencias -tanto gratas como ingratas-, ha conocido otras opciones. En síntesis, ha cambiado, y también uno mismo ha cambiado.

La segunda narración, ya la conté en una ocasión en estas mismas páginas, es el dilema de la pareja de puerco espín enamorada en invierno: Ambos animalitos necesitan abrazarse, tanto por lo que se aman como para protegerse mutuamente del frío; pero cuando se abrazan se pinchan. Y esto hace que se separen, aunque muy pronto vuelven a necesitarse más allá del dolor provocado por las púas, y la secuencia se repite. ¿Qué hacer? Una variante salomónica puede ser cortarse los pinchos, pero esto sería renunciar a su esencia de puerco espines. Otra variante sería renunciar al otro animalito por el temor a ser herido, pero esto sería renunciar al amor y a la compañía. Parece entonces que la mejor variante es ir ajustando progresivamente la posición, de modo tal que cada cual se acomode al otro lo mejor posible, llevando los puntazos a su mínima expresión, sin pensar que es posible una posición sin pinchazos y ni siquiera suponer posición de equidad, pues uno de los dos recibirá, seguramente, más pinchazos que el otro.

Sólo se trata de dos narraciones para dar pie a la polémica, pero sobre todo de un intento por resaltar que el tema de la pareja difícilmente desaparezca del centro de los intereses y motivaciones humanos, por muchas que sean las situaciones y etapas críticas por las que atraviese, y que nunca van a cesar. Antes de despedirme, sólo unos comentarios que quiero compartir con los lectores:

La vida de pareja es arte

Para que, para que se mantenga viva, la relación de pareja hay que sazonarla con detalles, intereses comunes, proyectos de vida, elogios, fantasías, ¡”locuras”! En fin, darle colorido a la relación. Si después no funciona, al menos vivimos una intensa experiencia humana que deja gratos recuerdos que ya no hay quien nos quite.

Finalmente, aunque la pareja es un asunto de dos, el amor a uno mismo no puede disolverse en el amor al otro. Aun amando apasionadamente, hay que quererse a uno mismo. Muchos de los más serios problemas que afrontan los humanos en las relaciones de pareja acontecen cuando, por una u otra razón, comienzan a devaluarse como personas, a sentir que valen menos, a sentir que la felicidad propia depende de la otra persona o a sentirse frágil y vulnerable y por eso se necesita de alguien más fuerte que nos proteja, aunque tal vez sea un embarque como persona. De todas estas creencias hay que alejarse, por lo tóxicas y corrosivas que son no sólo para el bienestar y la salud, sino también para la propia dicha de la pareja. ¿Entendería usted que uno de los puerco espines decidiera recibir todos los pinchazos? Y aun así, ¿sería feliz?

Formar pareja no es asunto sencillo, es tarea complicadísima, porque no basta con constituirla, también hay que consolidarla y esa es tarea de día a día, pero no es tampoco un imposible ni tarea de titanes. Es, sencillamente, tarea que se proponen, en común, dos seres humanos dispuestos a apostar juntos por un proyecto de vida que les haga mas grata y realizada la existencia. Por eso, prefiero pensar que hay muchas parejas en crisis, pero que hasta el fin de los tiempos los humanos serán consecuentes con la primera narración y no cejarán de buscar, como dice una deliciosa canción de salsa, su “media mitad”.

, no implica sólo la intención de formalizar una relación y ya, sino la decisión de hacer un equipo para estar juntos en las buenas y en las malas, para complacer y ser complacido, para apoyarse y estimularse recíprocamente, porque encontrar y mantener la media naranja no es tarea que se aprenda en ninguna Universidad, ni es un propósito racional a lograr a partir de cierto esfuerzo, sino que presupone inteligencia emocional y sensibilidad especial para meterse en la vida del otro y a su vez dejar que el otro se convierta en parte de uno. ¿Que tal vez derive en un fracaso y una experiencia dolorosa? Es posible. ¿y no es peor privarse de sus encantos por la evasión de sus decepciones?.