17/02/2008 04:13
La soledad de la mujer con pareja
Fotocopia: José Raúl RodrÃguez Robleda
La obra Enigmas de la sexualidad femenina, de Aloyma Ravelo, es uno de los tÃtulos que muestra la Editorial de la Mujer en la XVII Feria Internacional del Libro.
Hay mujeres que duermen cada noche y despiertan cada dÃa con un hombre, pero sienten muy cerca la soledad. Están solas en una relación de dos. La carta que recibà de la argentina Ana Moura, explica muy nÃtidamente esta situación: Soy una mujer que ya cumplió los 40. Hace nueve años estoy casada con un hombre ocho años menor que yo. Al comienzo de mi relación todo era hermoso, dulce; encontré en ese joven lo que nunca hallé en mi matrimonio anterior, del que quedó solo una cosa linda: mi hija.
Al principio, como le digo, todo era amor y cariño, eso me llenaba y me hacÃa sentir bien. Al pasar los años, se fue acabando lo bueno para quedarse solamente los problemas, las discusiones, falta de entendimientos, conflictos (...).
De esta relación hace tres años llegó una niña maravillosa que me adora a mà y a su papá; ella es la causa de que los dos sigamos juntos. (...).
Nuestra relación es frÃa, espesa, apenas tenemos comunicación, los dos trabajamos fuera, y cuando llegamos a la casa es la misma rutina de siempre, las cosas en nuestra intimidad son pésimas, y cada dÃa tengo que echarme al hombro una carga de problemas que me tiene psicológicamente muy afectada.
Ya le he planteado varias veces que lo mejor que hacemos es separarnos, pero entonces su reacción me deja estupefacta. Comienza a decirme que él no puede vivir sin mÃ, que yo le hago mucha falta, que necesita el calor de la niña y un millón de cosas que no sé qué pensar. Me jura que va a cambiar, que nos vamos a entender, y se pasa una o dos semanas muy cariñoso, colaborando en los rollos caseros, pero después comienza la misma rutina de siempre, es como si se le acabara el impulso (...).
Yo realmente vivo con un fantasma (mi esposo es un fantasma) que a veces no logro soportar ni quisiera que me toque. Le hago tal rechazo que a mà misma me asusta, pero cuando veo a mi niña, con el amor que trata a su papá, el corazón se me ablanda y comienzo a intentar que las cosas funcionen de nuevo.
Ya le conté que tengo una hija de mi primer matrimonio, una niña que se educó lejos del calor de su papá, no quisiera que las dos pasen por lo mismo.
A veces me siento tan abandonada y triste que no sé qué hacer con mi soledad. Estoy enfermando de soledad porque quiero que sepa que soy una mujer con motivos para ser feliz, tengo una profesión que me gusta, mis padres se entienden y se llevan bien, los dos me adoran, tengo amigos, tengo a mis hijas, una buena situación económica, todo lo que deseo, y sin embargo no soy feliz, soy una persona amargada, solitaria, casi huraña, y parezco una mujer de 60 años, cansada, sin ilusiones.
Eso: me siento muy cansada.
El caso de Ana Moura resulta significativo porque generalmente la mayor crisis de soledad está avalada por un sentimiento de creer que “no soy nada”, no significo nada para nadie. (...).
Esto es un indicio, prueba de que ya a las mujeres no les basta con sus roles tradicionales, aunque la maternidad sigue siendo una condición altamente valorada por nosotras, ya que desencadena un auténtico sentimiento de amor, gozo y alegrÃa. (...)
Pero Ana Moura ya no se conforma solo con tener una familia, un esposo, una linda casa, bienes materiales. En su condición de mujer nueva, requiere incluso inconscientemente de una vida más plena de pareja, variada y rica en acontecimientos, emociones y sentimientos. El amor al que ella aspira y necesita, comienza a tenderle una trampa, y cae de brazos cruzados en sus redes.
Es una realidad, pero vale la pena insistir en ella: La soledad muere cuando nace el amor. Nada llena más el corazón del ser humano que descubrir que alguien se preocupa y disfruta de su compañÃa, ya sea una pareja, ya sea un familiar, ya sea un amigo.
La existencia en compañÃa tiene sentido porque el ser humano es, ante todo, un ser social. Y cuando no median intereses de ningún tipo, la compañÃa adquiere una connotación muy particular.
Cualquier persona aprecia sobremanera la posibilidad de sentirse amada, sencillamente por lo que es, no por lo que hace, los bienes que posee ni otros beneficios. Ser amado por ser, nada más y nada menos, uno mismo.
(...)
La soledad está muy imbricada con la autoestima (...). Una mujer con autoestima alta tiene más tolerancia a las frustraciones, más capacidad para reflexionar y sabe que tiene derecho a reclamar por lo que quiere. Y también se animará a plantear que hay un problema por resolver. En general, cuando se dan estas situaciones, hay algo que revisar y hay que empezar por una misma; dejar por sentado que la responsabilidad es siempre, por lo menos, compartida.
Muchas parejas tienen que empezar por reconocerse a sà mismas y admitir que necesitan ayuda para escucharse y para hablarse. La soledad aparece muchas veces cuando no podemos decir lo que nos pasa. En ocasiones, se teme la respuesta del otro y por eso se guarda silencio.
La terapia, individual o de pareja, puede ayudar a reflexionar y a encontrar un acuerdo conveniente para ambos.
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