Trabajadores

2 de Septiembre de 2010

22/10/2007 10:05

Fidel y la Crisis de Octubre

En la tarde del 22 de octubre el Comandante en Jefe Fidel Castro ordenó la movilización general del país ante el peligro de agresión militar de Estados Unidos.

“Pocas veces brilló más alto un estadista”

Alina Martínez Triay

“He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista...” Son palabras del Che a Fidel, que adquieren especial significación al conmemorarse 45 años de que la humanidad se vio abocada a una guerra nuclear como consecuencia de la política agresiva de Estados Unidos hacia Cuba.

Sobre la forma en que el Comandante en Jefe condujo a su pueblo en aquella peligrosa coyuntura, dialogamos con el doctor en Ciencias Históricas Tomás Diez Acosta, autor de varios libros sobre el tema y participante en las conferencias tripartitas efectuadas entre Estados Unidos, Rusia y Cuba para valorar los hechos.

 

Cuando aquel lunes 22 de octubre de 1962 el presidente norteamericano John F. Kennedy anunció públicamente su decisión de imponer el bloqueo naval a Cuba y exigió la retirada incondicional y bajo inspección de los misiles soviéticos  instalados en la Isla, hacía ya una hora y media que Fidel había declarado la “alarma de combate” que puso sobre las armas, según él mismo declaró, a alrededor de 300 mil cubanos con elevado espíritu de combate. ¿Cómo se había preparado el país para que una declaración como esa no lo tomara por sorpresa?

 

“Si hablamos de los sucesos más inmediatos, habría que decir que desde mediados de mes el Comandante en Jefe le había indicado al comandante Sergio del Valle, jefe del Estado Mayor General, que mantuviera una vigilancia constante ante el incremento de las acciones militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el Caribe. El día 21 surgieron indicios de que algo iba a ocurrir, al conocerse por un telefonema codificado del Ejército de Oriente, que se había producido un reforzamiento con tropas y equipos bélicos en la base naval de Guantánamo. Paralelamente, por un canal confidencial, se supo que el mando militar de ese enclave había ordenado la salida de los civiles y los familiares de los allí destacados. Por otra parte, el día 22 al mediodía se tuvieron noticias de que el Secretario de Prensa de la Casa Blanca había solicitado un espacio al final de la tarde en las principales cadenas de radio y televisión para una alocución del presidente y comenzaron a llegar reportes de reuniones en el recinto presidencial.

“Fidel llegó a la conclusión de que estas informaciones estaban relacionadas con el descubrimiento de los misiles soviéticos en territorio cubano entre el 14 y el 15 de octubre, de lo cual Kennedy había sido informado el día 16, y si bien no era posible saber el tipo de agresión que se produciría contra la Isla, el Comandante en Jefe tuvo la certeza de que esta tendría lugar. Por ello adoptó a las 15:00 horas, la fase de alerta de combate a las fuerzas armadas, y a las 17:35 la alarma de combate.

“Sobre la importancia de la previsión ante el peligro, Fidel les explicó en esos días a los jefes militares cubanos que ‘eran preferibles las malas consecuencias de hacer un esfuerzo innecesario, a las consecuencias de que el enemigo pudiera sorprender’.

“En la tarde del propio día 22 el Comandante en Jefe le ordenó al Comandante Raúl Castro que partiera hacia Santiago de Cuba a ponerse al frente del Ejército de Oriente y a su paso por Santa Clara le explicara la situación al comandante Juan Almeida, jefe del Ejército del Centro, mientras que al comandante Ernesto Che Guevara se le dio la  misión de trasladarse a Pinar del Río y asumir la jefatura del Cuerpo de Ejército en esa provincia.

Se incrementan los vuelos de exploración a baja altura de Estados Unidos sobre el territorio cubano. Son fotografiados los emplazamientos de misiles soviéticos.

“Las instrucciones de Fidel estuvieron dirigidas a la adopción de medidas urgentes para proteger a la población, las tropas y los principales objetivos militares, políticos y económicos de los posibles ataques aéreos enemigos; y si llegaba a producirse una agresión armada, combatir sin tregua al invasor y crear condiciones en las regiones montañosas del país, para llevar a cabo una lucha guerrillera de resistencia si el adversario lograba apoderarse de una parte del territorio nacional.

“Hay que decir que la máxima dirección política y militar del país, encabezada por el Comandante en Jefe, había considerado, a partir de la derrota de la agresión mercenaria en Playa Girón, la posibilidad de que en algún momento se produjera un ataque directo de Estados Unidos y trabajó fuertemente desde entonces en la elevación de la capacidad combativa del país.

“La estrategia elaborada se basó en la creación de un fuerte dispositivo de seguridad nacional con una masiva participación popular capaz de hacerle pagar al enemigo un precio tan alto en pérdidas de vidas y medios, que la Casa Blanca no iba a estar dispuesta a enfrentar”.

 

¿Cuál fue la posición de la alta dirección cubana ante la propuesta soviética, presentada a finales de mayo, de instalar en la Isla cohetes de alcance medio y cómo reaccionó ante el escándalo desatado en la prensa estadounidense por el despliegue en territorio cubano entre finales de julio y octubre de un contingente militar soviético de 42 mil efectivos?

 

“El propio Fidel ha explicado que él percibió de inmediato en la propuesta de desplegar los misiles en suelo cubano algo que podría mejorar el poder defensivo de todo el campo socialista o que contribuiría a ello, además de su efecto disuasivo para el enemigo. Desde ese punto de vista decidió aceptarla, a pesar de que estaba convencido de que para defender a Cuba no eran imprescindibles los cohetes, ya que con un pacto militar donde se expresara que una agresión armada a territorio cubano equivaldría a un ataque a la URSS se hubieran podido lograr los mismos fines. ‘A nosotros —señaló el Comandante en Jefe— no nos gustaban los cohetes. Si de nuestra defensa exclusiva se hubiera tratado nosotros no hubiésemos aceptado los cohetes’.

“De acuerdo con estas consideraciones, la respuesta afirmativa de Cuba a la propuesta soviética estuvo acompañada de la necesidad de elaborar un acuerdo militar y hacerlo público en el momento más conveniente. Más tarde, ante las campañas propagandísticas norteamericanas, el Comandante en Jefe se reunió con la máxima dirección política y militar para analizar la conveniencia de salirles al paso con la publicación inmediata del acuerdo militar.

“Ante esta alerta cubana, la dirección soviética persistió en mantener en secreto la operación hasta que concluyera la instalación de los cohetes, y frente a las constantes interrogantes de Estados Unidos sobre el carácter de las armas recurrió al engaño.

Demostró además un torpe manejo político de la situación, lo cual fue aprovechado por Estados Unidos para justificar la implantación del bloqueo naval y las medidas militares contra Cuba, como se demostró en las palabras de Kennedy el 22 de octubre.

“Muy diferente fue la actuación de la dirección cubana, que enfrentó la propaganda estadounidense con el argumento legal y moral de que Cuba, como país soberano e independiente, podía disponer del armamento que considerara conveniente para su defensa”.

 

¿Cómo valora la posición asumida por el líder de la Revolución en la difícil coyuntura de defender a su pueblo ante las inconsecuencias de su aliado y la actitud prepotente del enemigo?

 

“En la noche del 23 de octubre Fidel compareció ante la radio y la televisión cubanas para explicarle al pueblo la situación que se había creado y responder a las acusaciones del presidente norteamericano.

El 27 de octubre, el Comandante en Jefe ordena a las baterías antiaéreas disparar contra los vuelos rasantes de la aviación enemiga.

“El Comandante en Jefe dejó claro que el gobierno cubano no tenía que rendirle cuenta al de Estados Unidos ni este país tenía derecho a decidir la clase y el número de armas que Cuba podía poseer. Advirtió que se habían adoptado las medidas para enfrentar cualquier agresión y rechazó enérgicamente la pretensión de Kennedy de inspeccionar el país: ‘jamás renunciaremos a la prerrogativa soberana de que dentro de nuestras fronteras somos nosotros los que decidimos... y nadie más’.

“Esta postura digna y valiente del Comandante en Jefe constituyó un poderoso instrumento movilizador para los revolucionarios cubanos. El mundo moderno, como expresó el propio Che, asistió al espectáculo extraordinario de un pueblo entero que se preparaba con una moral increíble para la peor de las catástrofes.

“Gran tensión generaron los vuelos rasantes de aviones espías sobre territorio cubano. Había que poner fin a esos actos provocativos que elevaban la posibilidad de un golpe aéreo sorpresivo. En la mañana del día 26, el Comandante en Jefe tomó la decisión de impedirlos y ordenó a partir del 27 abrir fuego contra todo avión enemigo que volara a baja altura. Ese día fue derribado por una batería coheteril antiaérea soviética un avión espía U-2. Como expresó Fidel años después, ese hecho era la prueba de que prácticamente se estaba combatiendo. Existía el riesgo de que en cualquier momento se produjera un nuevo incidente que desencadenara la guerra y, sin embargo, como él mismo subrayó, la gente estaba serena.

“Fidel desconocía que desde el 25 de octubre Jruschov y Kennedy intercambiaban correspondencia secreta para llegar a un arreglo. De manera unilateral e inconsulta el dirigente soviético se comprometió a retirar de Cuba, con garantía de verificación, el armamento que Estados Unidos consideraba ofensivo, a cambio de que Norteamérica no invadiera a Cuba. Aquella decisión causó mucha indignación a los cubanos.

“Nuevamente el Comandante en Jefe se erigió en defensor de la dignidad de nuestro país, al fijar la posición de la Revolución en cinco puntos que posibilitarían la paz sobre bases decorosas: cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica ejercidas por Estados Unidos contra la Isla; de las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores; de los ataques piratas; de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos; retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.

“El gobierno estadounidense no solo desconoció la posición del Gobierno  Revolucionario sino reclamó la inspección del territorio de la Isla para verificar el cumplimiento del compromiso soviético. “Fidel rechazó lo que justamente valoró como una exigencia destinada a humillar a los cubanos, debilitarlos moralmente y minar su confianza en la Revolución, además de que podía convertirse en un nefasto precedente internacional aplicable en el futuro por naciones poderosas contra países pequeños.

“El entendimiento entre los mandatarios de Estados Unidos y la Unión Soviética permitió encontrar una solución negociada a una crisis que amenazaba con sumir a la humanidad en una guerra nuclear, pero no resolvió las causas que la habían originado.

El peligro de que Cuba sufriera una agresión militar de Estados Unidos no fue conjurado y persiste hasta nuestros días.

“Entre las muchas enseñanzas que dejó a Cuba y al mundo esta crisis resaltan, a la luz de los 45 años transcurridos, la digna actitud del líder de la Revolución en defensa de la autodeterminación y la soberanía de la patria, y el heroísmo de los revolucionarios cubanos, descrito magistralmente por el Che: ‘Nuestro pueblo todo fue un Maceo, nuestro pueblo todo estuvo disputándose la primera línea de combate en una batalla que no presentaría quizás líneas definidas, en una batalla donde todo sería frente y donde seríamos atacados desde el aire, desde el mar, desde la tierra, cumpliendo nuestra función de vanguardia del mundo socialista en ese momento, en este lugar preciso de la lucha’ ”.