Trabajadores

17 de Marzo de 2010

04/02/2010 07:28

Ahorro energético: ¿varía el tono?

La prensa le ha bajado el perfil al tema y sólo lo trata de manera esporádica, y en los encuentros empresariales apenas se considera

Ramón Barreras Ferrán

Me da la impresión de que, como en la música, el tema del ahorro de energía ha variado el tono, pero no para más intenso, como sería lo correcto.

Al finalizar el primer trimestre del pasado año, la máxima dirección del país orientó extremar las medidas para disminuir el gasto energético, sobre todo el relacionado con la generación de electricidad, pues existía un sobreconsumo notable de combustibles, insostenible para la economía del país.

Con rapidez se activaron las estructuras de control, ajustaron los planes y programas, intensificaron las inspecciones y los medios de comunicación se pusieron a tono con tan medular asunto. El resultado fue evidente con prontitud. La mayoría de las provincias adecuaron el consumo a lo asignado, como fruto de las medidas puestas en práctica y chequeadas con mucha periodicidad.

Pero el tono y la ocupación han decaído, inexplicablemente. La prensa le ha bajado el perfil y sólo lo trata de manera esporádica, y en los encuentros de chequeo, el ahorro energético apenas se considera. No puedo asegurar que los resultados hayan decaído y que no se apliquen las medidas, pero, con certeza, no percibo la presencia de la misma preocupación que hace unos meses atrás.

Y esa consideración me la confirmó un hecho en particular. Anoche, a eso de las once, pasé por una oficina de un organismo importante, cuyos ventanales dan a la calle. El aire acondicionado estaba encendido, a pesar de que la temperatura ambiente era agradable y nada calurosa. Pero, a las 7 de la mañana de hoy, volví por el mismo sitio, y el equipo aún estaba funcionando. Pregunté al custodio que estaba en la puerta principal si había alguien trabajando y el no fue rotundo. ¿Nadie controla allí el consumo? ¿Se sigue chequeando el contador que registra el gasto cada día? ¿Aplicarán sanciones a los derrochadores?

Pienso, sinceramente, que nada de eso ocurre en ese centro. ¿Y no estará sucediendo igual en otros hasta con equipos más gastadores?

Los cubanos nos hemos acostumbrado a ejecutar y controlar estrictamente lo que nos chequean y a preocuparnos sólo por lo que nos miden. Lo que no tiene el mismo rigor pasa a un segundo plano. Es un mal hábito que se ha convertido, de modo lamentable, en un método de trabajo y de vida, dañino, por supuesto, pues desdeña la constancia, la persistencia, la sistematicidad y hasta la lógica, cuando se trata, como en este caso, de un asunto de carácter estratégico y económicamente muy importante.

Y no imaginemos que los combustibles hayan experimentado una disminución del precio en el mercado internacional. Por el contrario, la tendencia en los últimos días ha sido subir. Según el dato oficial más reciente, el fuel oil cuesta 449,09 dólares la tonelada; el diésel, 603,65; el jet fuel, 665,73; la gasolina, 693,35, y el gas licuado, 778,01. El petróleo crudo (WTI) en la Bolsa de Nueva York se cotiza a 72,29 dólares el barril.

¿Cuánto puede gastar un aire acondicionado encendido innecesariamente en una oficina toda una noche, refrescando burós, sillas y documentos? ¿Qué cantidad de combustible significa decenas de luces que iluminan mercados en horarios nocturnos, cuando quizás con la mitad resulte suficiente?

El ahorro energético hay que seguir chequeándolo, con la misma rigurosidad con que se hacía a mediados del 2009, y los medios de comunicación deben mantener abiertas sus páginas y espacios al tema, porque el cambio de tono puede, como en la música, desafinar, y eso no resultaría conveniente para la economía nacional, urgida de un fortalecimiento que parte de la disminución de los gastos por la sustitución de importaciones y por la elevación de la conciencia colectiva.