Trabajadores

11 de Marzo de 2010

19/11/2009 07:31

Muros por derribar

La prensa capitalista ha dedicado amplios espacios al aniversario 20 de la caída del Muro de Berlín, pero nada se dice del sistema de muros fortificados por el gobierno monárquico de Rabat

Juan Dufflar Amel

La prensa capitalista, fundamentalmente en Europa, ha dedicado en estos días amplios espacios al jolgorio, los desfiles marciales y los fuegos artificiales por la celebración en Alemania del aniversario 20 de la caída del Muro de Berlín, mostrado como símbolo del desmoronamiento del modelo de sistema socialista en los países del llamado Viejo Continente.

Ni siquiera una línea menciona acerca de que muchos de los habitantes de la antigua República Democrática Alemana (RDA) estiman la “reunificación” como una anexión, se sienten considerados ciudadanos de segundo orden, carecen de empleo y añoran los beneficios económicos y sociales de los que disfrutaron durante años en la Alemania oriental.

Tampoco aludieron a los ignominiosos muros que antes y después del derrumbamiento del de Berlín en 1989 fueron erigidos por naciones supuestamente democráticas para aislar, avasallar y anexarse a otros pueblos.

Tras la invasión y ocupación colonial del Sahara Occidental por Marruecos en 1975 y ante la resistencia armada del pueblo saharaui y del Frente POLISARIO para liberar sus históricos territorios del ocupante extranjero, el gobierno monárquico de Rabat construyó un sistema de muros fortificados con una extensión de 2 mil kilómetros, que delimitan la zona ocupada del territorio oriental con la suroriental, liberada en tenaz lucha por el FPOLISARIO.

Este valladar de aislamiento, levantado con apoyo de los países capitalistas más desarrollados, sembrado de puestos de vigilancia, radares, minas antipersonales, artillería terrestre y obstáculos, tiene como pretexto garantizar la “seguridad marroquí”, pero detrás de tal enunciado se esconde el verdadero objetivo: la explotación de las minas de fosfatos y la pretensión de anexar el territorio del Sahara Occidental al régimen alauita.

Con un hipócrita mutismo, los grandes medios de desinformación ignoraron también la existencia del ignominioso muro segregacionista de 8 metros de altura y 7 mil 500 kilómetros de extensión —cientos de veces mayor que el de Berlín— levantado por el gobierno sionista de Israel en Cisjordania, para la protección de los ilegales asentamientos de colonos judíos en los territorios palestinos ocupados en 1967, tras la Guerra de los Seis Días.

Esta inmensa muralla, condenada y declarada ilegal hace cinco años por la Corte Internacional de Justicia de La Haya, divide a las familias palestinas, separa a la población de sus tierras de cultivo y otros medios de subsistencia, prohíbe su libre acceso a ciudades y aldeas palestinas y es fuente permanente de muerte y confrontación entre el ejército israelí y la población árabe, que vive en condiciones peores que las que imperaban en los tristemente célebres batustanes del odioso régimen del apartheid sudafricano.

Nuestra América no escapa tampoco a estas infamantes construcciones. El hermano pueblo mexicano sufre las trágicas consecuencias del muro letal levantado en su frontera por Estados Unidos, con el pretexto de impedir la inmigración ilegal o el narcotráfico.

En esta muralla de oprobio hayan la muerte cada año cientos de empobrecidos mexicanos, que la desafían en busca de trabajo, y que se arriesgan a un tráfico en que lo mismo pueden perecer asfixiados en un camión cerrado herméticamente que ahogados al cruzar la corriente fluvial que separa a ambas naciones.

Razones de sobrado festejo tendrá la Humanidad cuando estos muros de ignominia que no condenan los grandes medios de información, sean derribados.