09/02/2010 10:12
Irán, el sÃndrome de obsesión yanqui
El incremento de los hostigamientos de Estados Unidos y la Unión Europea a la República Islámica
La revelación hecha por voceros de la Casa Blanca a diversos órganos de prensa acerca de los propósitos de Estados Unidos de desplegar nuevos sistemas de defensa en cinco paÃses del Golfo Pérsico, incluidos los antimisiles de los barcos de guerra Aegis que patrullan la zona, incrementa el hostigamiento a la República Islámica de Irán y crea más tensiones en esa estratégica región.
Tanto la Administración de George W. Bush, como la actual, han sostenido una intensa campaña mediática, lo que no excluye la amenaza de una agresión armada, para convencer a la opinión pública mundial de las supuestas intenciones de Teherán de utilizar la energÃa nuclear para dotarse de armas de destrucción masiva.
Washington ha inscrito a la república islámica en la relación de paÃses integrantes de “el eje del mal”, la acusa de promover el terrorismo y la sataniza por ejercer su legÃtimo derecho a emplear esa tecnologÃa para ampliar su desarrollo energético e industrial.
Sobre esos presupuestos e instigado por Estados Unidos el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha impuesto arbitrarias sanciones económicas a la nación persa y las amplÃa con medidas más severas, encaminadas a hacerla renunciar a su programa nuclear.
La determinación de Teherán de iniciar el enriquecimiento de uranio al 20% para sus plantas atómicas ha incrementado esa ola de amenazas por parte de las potencias occidentales.
En la polÃtica exterior del gobierno norteamericano Irán es otro objetivo permanente y prioritario en los afanes imperialistas de hegemonÃa y predominio mundial.
Washington estima que la pérdida de su influencia polÃtica y de sus grandes privilegios económicos en el paÃs del Golfo Pérsico, tras la caÃda de la monarquÃa Pahlevi, representan “una vieja cuenta sin saldar”, pendiente desde finales de los años 70 y de los tiempos en que el ex director de la CIA, George H. W. Bush, ocupó la presidencia en el perÃodo 1980-1984.
En dÃas recientes, el revanchista padre del ex presidente George W. Bush, aconsejó a Barack Obama decidirse a ejecutar una acción armada punitiva contra Irán, sin detenerse en las consecuencias.
Recuérdese que su recomendación obedeció al hecho que durante su mandato en la Casa Blanca alentó y vendió armas a Iraq e infiltró agentes en Teherán durante la guerra contra Irán, conflicto que se prolongó por 8 años con un costó de un millón de vidas y de dos millones de heridos entre ambas partes.
Su mayor frustración en el paÃs de los ayatollahs islámicos fue no haber podido reconquistar la predominante posición norteamericana disfrutada en los tiempos del régimen monárquico.
Desde el triunfo la revolución iranÃ, el 11 de febrero de 1979, o quizás antes, Estados Unidos se propuso aniquilar la rebelión popular, que liderado por el Ayatollah Roullah Ali Khomeni derrocó la tiranÃa de su fiel aliado el Sha Reza Pahlevi, una de las más corruptas del Asia central, e instauró la República Islámica de Irán.
Por más de 30 años y utilizando todos los medios a su alcance, Washington, mancomunado con Israel y la cofradÃa europea, no ha dejado de persistir en hacer girar hacia atrás la rueda de la historia en la renacida nación.
Entre sus últimos empeños se inscribe el intento de subvertir el orden y crear serios disturbios internos, tras el resultado de las pasadas elecciones iranÃes en las cuales fue reelegido presidente Mohmud Ahmadineyad, al que acusó, sin fundamentos, de haber obtenido la victoria mediante fraudes en los comicios.
Además, lo responsabiliza con la supuesta ayuda del gobierno iranÃ, en armas y suministros, a los rebeldes afganos, a los combatientes del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), en la Franja de Gaza, y a los de Hezbollah (Partido de Dios) en el Sur libanés.
En su reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente de la mayor potencia nuclear y militar del mundo reiteró las severas amenazas a las lÃderes iranÃes, conminándolos “a no seguir ignorando sus obligaciones so pena de arrostrar unas consecuencias cada vez más graves”.
No es esta, sin dudas, la búsqueda del nuevo comienzo, ni el cambio prometido al mundo musulmán en el año 2009 por la Casa Blanca en El Cairo.
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