19/11/2009 07:11
Copenhague: ¿punto de inflexión?
La comunidad internacional se pregunta si el presidente estadounidense Barack Obama asumirá los compromisos que reclama la vida en el planeta
“El tiempo para actuar se acaba”, advirtió dramáticamente el pasado martes un informe de la Agencia Internacional de EnergÃa (AIE), al demandar una “revolución mundial” en los patrones de consumo de los combustibles fósiles, que permita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de este modo limitar la incidencia nociva del calentamiento global hasta niveles aceptables.
“Este objetivo puede ser alcanzado… con una acción radical y polÃticas coordinadas en todo el orbe”, afirma la AIE en su resumen anual —divulgado en Londres—, que también urge a los lÃderes mundiales a negociar un acuerdo “que de verdad ponga al planeta en el camino de la sostenibilidad”.
Similares advertencias y llamados a la acción inmediata, provenientes de instituciones, gobiernos y personalidades de todos los continentes, se han multiplicado desde que hace diez dÃas concluyó en Barcelona, sin los avances requeridos, la última reunión preparatoria de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
Prevista para el próximo diciembre en Copenhague, esta cita mundial tiene la encomienda de adoptar el acuerdo sustitutivo del Protocolo de Kyoto, que expira en el 2012.
Sin embargo, dada la falta de compromisos a solo un mes de la Cumbre, el responsable de la ONU para el tema, Ivo de Boer, descartó que en la capital danesa se materialice de manera efectiva la convención internacional sobre el complejo asunto, y auguró que un acuerdo satisfactorio requerirá entre tres meses y un año. “Copenhague será un punto de inflexión”, opinó.
El escollo que determinó la falta de resultados tangibles en la reunión de la urbe española lo puso Estados Unidos, por su negativa a ofrecer cifras concretas sobre reducción de gases de efecto invernadero, como exige la comunidad internacional.
Al menos tres irrebatibles argumentos fundamentan la exigencia universal a Washington.
En primer término, Estados Unidos es el primer contaminador de la atmósfera a nivel mundial, ya que produce casi la cuarta parte de los gases causantes del nefasto cambio de clima.
En segundo lugar, porque teniendo tan alto grado de responsabilidad en el trastorno medioambiental, nunca ha asumido compromiso alguno para enfrentarlo, y es el único paÃs industrializado que no ratificó el Protocolo de Kyoto.
Y finalmente, por el gran peso polÃtico, económico y tecnológico que indiscutiblemente tiene esa nación a nivel mundial.
Debido a tales motivos, no hay dudas de que el ejemplo y la influencia que ejercerÃa un adecuado compromiso de la superpotencia impulsarÃa a otros importantes paÃses a asumir los necesarios aportes, sobre todo a las naciones ricas, responsables históricas del acuciante problema.
Un ejemplo: la Unión Europea, que ya se comprometió a reducir sus emisiones de CO2 hasta el 20% para el 2020, anunció que elevarÃa esa cifra al 30% si Washington asume el aporte que se le reclama.
En sintonÃa con estas apreciaciones, y de cara a la Cumbre, luego de las insatisfacciones en Barcelona, el alto funcionario de Naciones Unidas expresó además: “La cifra que dé el Presidente de Estados Unidos será importante, y además una señal vital en el proceso internacional. Creo que puede comprometerse a una cifra en Copenhague”.
Junto a De Boer, la comunidad internacional no quiere perder la esperanza de que esta vez no vuelvan a primar en Washington el egoÃsmo y la irresponsabilidad que hoy ponen en peligro la propia supervivencia de la especie humana. Porque, como ya muchos repiten, “el tiempo para actuar se acaba”.
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