04/02/2010 03:18
Rusia en La Habana, también desde el cine
A propósito de la 19ª Feria Internacional del Libro de La Habana, de la que es paÃs invitado de honor
La invasión de literatura rusa (y soviética) que tendremos durante la Feria Internacional del Libro que se celebrará en La Habana durante el mes en curso, permitirá también, por extensión, recibir muchos de los tesoros cinematográficos que esa gran nación –huésped honorÃfica de esta edición- nos entregara en el pasado.
Para quienes afortunadamente disfrutamos entonces esa producción sin contÃnuum –otras son las circunstancias, el mundo, el paÃs y, por ende, el cine— será una oportunidad maravillosa de revisitar, recordar, apreciar desde otra perspectiva; los más jóvenes tendrán ante sÃ, por vez primera, un cine que respondÃa a coordenadas ya superadas.
Aunque la selección que pasará el Multicine Infanta del 12 al 27 de febrero tuvo como objetivo –en consonancia con el megaevento literario— programar filmes basados en narraciones mayoritariamente de siglos anteriores, de cualquier manera los criterios de producción, realización, dirección de arte e incluso actuación, son bien diferentes a, por ejemplo, esas mismas obras desde lecturas hollywoodenses.
Lo cierto es que el Ciclo “Clásicos basados en obras literarias” nos remitirá tanto a esas páginas imborrables, como a las singulares maneras en que, una vez, décadas atrás, las recreó la pantalla grande a través de su única productora estatal (Mosfilm) en la extinta Unión Soviética.
Descorre las cortinas una de las piezas más conocidas de la época, La Guerra y la paz (1965-67), que partÃa de la célebre novela homónima de León Tolstoi. Rodada en cuatro partes, que dirigió el también actor Sergei Bondarchuk, conquistó en 1968 el Oscar al mejor filme no hablado en inglés. Sus escenas de batalla (la de Borodino o el incendio de Moscú en 1812) se rodaron con la participación activa del ejército y un regimiento de caballerÃa especialmente creado para la ocasión.
Reconstrucción epocal y ambiental meritorias, hondura psicológica en los personajes, y recreación de muchos de los ideologemas que plasmó en su obra maestra el célebre novelista, más algunas actuaciones inolvidables, nos hacÃan perdonarle la irregularidad de las directrices narrativas en sus cuatro segmentos, la rigidez y el academicismo de la puesta en pantalla, a veces demasiado retórica.
Nido de Hidalgos (1969), de uno de los grandes cineastas de entonces (quien sigue en activo), Andrei Mijalkov Konchalovski (El lustre), se basa por su parte en otro grande de las letras rusas decimonónicas: Andrei Turgenev. Triángulo amoroso que trasunta a la vez las complejas relaciones familiares y sociales de la aristocracia rural, exhibe la reciedumbre estética y la sólida mano de su realizador.
No podÃa estar ausente de este panorama el hermano de Andrei, Nikita Mijalkov (12), quien en su Pieza inconclusa para piano mecánico (1977) incorporó a la gran pantalla otro indispensable de la narrativa decimonónica: Antnn Chejov, lanzando una mirada tan vasta como intensa a la variada tipologÃa que formó la alta sociedad en ese minuto histórico, con una corrosividad y una ironÃa que no se extravió, al contrario, en el trasvase artÃstico.
De este afamado narrador apreciaremos igualmente La Dama del perrito (1960, Iosif Heifits), otra historia de amor imposible, resuelta a nivel fÃlmico con sutileza y elegancia análogos al original libresco. Como se plasma en el programa de mano que acompaña el ciclo, la versión “tiene algo de la acuarela de Chejov y Bunin en la literatura, y de la estética de los sexagésimos en el cine: la marchitez de los tintes, sonidos suavizados, el tÃmido punteado de la trama”.
De seguro, el escritor ruso más contemporáneo, más leÃdo en la actualidad (aún viviendo en el siglo XIX): Fiodor Dostoievski , aparece representado con uno de sus tÃtulos emblemáticos: Crimen y castigo (con decenas de versiones fÃlmicas en todos los tiempos y paÃses, incluido Japón), esta vez desde el estilo de Led Kulidzhanov, quien en 1970 sintetizó en dos partes, con fidelidad y conocimiento de causa, la tragedia de la culpa y el perdón, el pecado y la redención, la pobreza y la paz interior que tanto obsesionaron al escritor en vida, y plasmó en muchos de sus libros.
Pero el siglo XX y sus escritores soviéticos, algunos de los cuales trascendieron los lÃmites de su paÃs, están también presentes. El más conocido y admirado de ellos, Bulgakov, el de El maestro y Margarita, llega ahora en El vuelo (1970), de los cineastas Alov y Naumov. Cinta bélica, dentro de las muchas que se hicieron por la cinematografÃa soviética, y que se ubica en los dÃas finales de la guerra civil tras la invasión del Ejército Rojo a Crimea.
Otra de guerra es El Don apacible, según la novela homónima del Premio Nobel Mihail Sholojov, y llevada a la pantalla en tres partes por Sergei Gerasimov en 1958: toda una epopeya de Rusia a inicios del siglo XX, la Primera Guerra Mundial y la Revolución (con admirables escenas bélicas), magma trágico donde se desarrolla la historia personal del protagonista, Grigori Melejov.
Tempranos relatos de Máximo Gorki (La madre) alimentaron el texto fÃlmico Los gitanos van al cielo, de Emil Lotyanu, muy bien recibida en su momento de estreno (1976): el campamento de este peculiar grupo étnico en la aldea Besarabia, en la segunda mitad del siglo XIX (suburbio provincial del imperio austrohúngaro), sirve de marco a historias de amor cruzadas y relatadas con lirismo, sensibilidad y belleza, huyendo del folclorismo y la postal al uso.
Por último, Romanza cruel (1984) parte de la obra teatral de A. Ostrovsky La muchacha sin dote, y es una tragedia moderna concebida con toda la fuerza, el dolor y la poesÃa del alma rusa.
Habrá también, con motivo de la Feria del Libro, y dentro de ella, un ciclo con filmes rusos contemporáneos, pero esto, claro, motivará otro comentario.
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