Remiendos no, hacer las cosas bien

Remiendos no, hacer las cosas bien

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No es cuestión de remendar lo mal hecho sino de no seguir haciéndolo mal. Los remiendos cuestan y a la larga no satisfacen las necesidades; las demoras injustificadas también son costosas, por no mencionar otras irregularidades que afectan no pocos proyectos beneficiosos para la sociedad.

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A la inversión del hotel Ancón, en la península de ese nombre al sur de la ciudad espirituana de Trinidad, el ejecutor de la obra cuando la comenzó llevaba a su hijo, y por la demora, a la fase de terminación tuvo la oportunidad de que lo acompañara el nieto.

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En el ámbito anecdótico conocimos cómo a un puente sobre la vía férrea, en la Autopista Nacional a la altura de Taguasco, en el centro del país, le retiraron unas piezas prefabricadas para reforzar otro que antes de entrar en funcionamiento presentó problemas en las cercanías de Cabaiguán. Pero esos ¿préstamos? no terminaron ahí, pues Osdeny Bornes González, jefe técnico del colectivo responsable de la construcción del nuevo vial de acceso de la ciudad cabecera de Artemisa a la Autopista Nacional, comentó: “Hubo que desmontar las vigas de un puente en desuso en Taguasco, Sancti Spíritus, y trasladarlas por vía férrea con más contratiempos que los esperados”. Realmente ese puente nunca se usó, como sucede con otros sobre la Autopista Nacional o el Ferrocarril Central que no conducen a ninguna parte.

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Recordamos la reunión de chequeo en la que exigieron a un especialista llamado Jorge Yara, que luego de atrasos imputables a muchos factores, intensificara el ritmo de trabajo para concluir a tiempo la obra necesaria en el procesamiento de un cultivo tan delicado como el tabaco. En aquella ocasión, Jorge dijo: “Si el tabaco tiene tiempos que no se pueden violentar porque es una hoja muy sensible, al cemento, la piedra y la arena les pasa lo mismo y tenemos que esperar a que fragüe para luego hacer otras partes de la construcción. Y el tiempo de fraguado hay que respetarlo tanto como el tiempo de curación del tabaco”.

En esa oportunidad indagamos con la arquitecta Carolina Vilches por qué no proyectaban las inversiones con los árboles adecuados para que las raíces no dañaran los pisos ni las ramas chocaran contra las paredes y techos. Su respuesta fue: “Eso lo tenemos en cuenta, pero como es la última parte de la obra, y van moviendo los presupuestos, al final para áreas verdes el dinero que queda no alcanza para las especies que proyectamos”.

En resumen: abundan los desaguisados, pero también hay buenos ejemplos de calidad. Ustedes, amables lectores, tienen la palabra.

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