El mundo necesita el éxito en cumbre del clima COP26 (+ Fotos)

El mundo necesita el éxito en cumbre del clima COP26 (+ Fotos)

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Con la esperanza de que alcance el mayor éxito posible, aguarda la humanidad por la vigesimosexta Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), pospuesta en el 2020 debido a la pandemia de la COVID-19, y que ahora tendrá lugar del 31 de octubre al 12 de noviembre en la ciudad escocesa de Glasgow, Reino Unido.

Es incuestionable que el mundo deberá evolucionar hacia un nuevo modelo de desarrollo económico que propicie la protección de la naturaleza en lugar de su destrucción, como viene ocurriendo hasta el presente. Foto: Tomada de El Español
Es incuestionable que el mundo deberá evolucionar hacia un nuevo modelo de desarrollo económico que propicie la protección de la naturaleza en lugar de su destrucción, como viene ocurriendo hasta el presente. Foto: Tomada de El Español

Válido el anhelo, porque esa cita es el principal evento mundial que pudiera adoptar las medidas reclamadas por la ciencia con el fin de frenar el creciente avance del cambio climático, fenómeno equiparado con la guerra nuclear como mayor amenaza actual sobre nuestro planeta. Y válido también porque sería una respuesta positiva a la mayor preocupación de la población mundial, según amplia encuesta realizada por la ONU en todos los continentes y concluida este año.

Informes científicos divulgados en los últimos meses por organismos de la ONU analizan la evolución de esta crisis climática generada por el calentamiento global en curso; asimismo, revelan  importantes daños ya ocasionados, advierten sobre futuras consecuencias, y también sugieren urgentes y decididas acciones para enfrentarla.

La temperatura del planeta se ha elevado 1,1 grados centígrados (°C) desde el período preindustrial (1850-1900) hasta la actualidad, un nivel nunca visto en los últimos dos mil años; y alcanzará —e incluso pudiera superar — los 1,5 °C en los próximos 20 años.

Alarman estos datos, si se tiene en cuenta que el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, suscrito en el 2015 bajo los auspicios de la ONU, fijó la meta de limitar el alza de las temperaturas entre 1,5 y 2 °C para finales del presente siglo.

Ese aumento del calor se explica porque se mantiene e incluso alcanza niveles récord el factor que lo origina: la concentración en la atmósfera de los gases de efecto invernadero (GEI), provocados por actividades humanas. Precisan los expertos que, no obstante una disminución temporal en la emisión de los gases por la COVID-19, en el 2020 y el 2021continuó el incremento en la atmósfera de los principales GEI: dióxido de carbono, óxido nitroso y metano.

El alza continuada de las temperaturas globales en la superficie terrestre, los océanos y la atmósfera, ya está provocando fenómenos meteorológicos extremos devastadores y cambios en todas las regiones del orbe, con un impacto cada vez mayor en las economías, las sociedades y las diversas formas de vida.

Aumenta la movilización mundial que exige frenar el calentamiento global. En esa demanda crece la participación de los jóvenes, el segmento poblacional que más amenazado tiene su futuro. Foto: Tomada de El País
Aumenta la movilización mundial que exige frenar el calentamiento global. En esa demanda crece la participación de los jóvenes, el segmento poblacional que más amenazado tiene su futuro. Foto: Tomada de El País

Se deterioran los ecosistemas terrestres y marítimos; aumentan los trastornos en procesos naturales relacionados con el clima, como las olas de calor, prolongadas sequías, intensas precipitaciones e inundaciones; se incrementa el derretido de los hielos perpetuos, la acidificación de las aguas oceánicas, la elevación del nivel del mar.

Todo ello eleva las pérdidas humanas y materiales; perturba la vida de muchas personas y ocasiona en numerosos países desplazamientos internos y migraciones transfronterizas, al ser amenazada la integridad física de los individuos, su salud y su alimentación, por los nocivos efectos de los fenómenos climáticos, incluyendo aquí los daños a los cultivos agrícolas y a los animales de los que se sirven los humanos.

Graves consecuencias conlleva también la crisis climática para la rica biodiversidad de plantas y animales que habita el planeta, registrándose ya por esa causa la disminución de la población en un grupo de especies mientras otras se han extinguido. Según pronostican algunos estudios, la extinción pudiera alcanzar incluso hasta un millón de especies.

Con vistas a la celebración de la COP26 en su fecha inicial, en el 2020, la ONU convocó a los casi doscientos países suscriptores del Acuerdo de París a elevar sus ambiciones en el enfrentamiento al calentamiento global; pero tras el último chequeo realizado sobre la respuesta a esa convocatoria, y a pesar de la prórroga concedida al posponerse por un año la reunión, aún resultan insuficientes los compromisos contraídos para controlar el alza de las temperaturas.

No frenar el calentamiento global resulta suicida. La solución frente a esa amenaza existencial que gravita sobre la humanidad solo puede ser, unidos, salvar el hogar de todos. Foto: Tomada de Fundación Terram
No frenar el calentamiento global resulta suicida. La solución frente a esa amenaza existencial que gravita sobre la humanidad solo puede ser, unidos, salvar el hogar de todos. Foto: Tomada de Fundación Terram

La comunidad científica internacional afirma que el desarrollo científico-técnico alcanzado por la especie humana, y los recursos con los que cuenta, hacen posible frenar el calentamiento del planeta y neutralizar nocivos y graves efectos aún evitables.

En esta dirección, la indispensable prioridad consiste en eliminar progresivamente el empleo de los combustibles fósiles, principales emisores de los GEI, al tiempo que se acelera el tránsito hacia las energías limpias o renovables, hasta alcanzar para el año 2050 cero emisiones netas de dichos gases, lo cual equivaldría a un equilibrio entre los que se emiten y los que se eliminan de la atmósfera.

También el mundo deberá evolucionar hacia un nuevo modelo de desarrollo económico que propicie la protección de la naturaleza en lugar de su destrucción, como viene ocurriendo hasta el presente.

Para conquistar tales objetivos, es indispensable que el conjunto de los países más desarrollados y poderosos tengan la voluntad de ser solidarios con la mayoría de la población del planeta, aquella que reside en los países de menor desarrollo y en los más pobres, y que es además la más afectada a pesar de ser la menos responsable por la  amenaza existencial que hoy flagela a nuestra casa común.

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