México digno y querido

México digno y querido

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A José uno de estos redactores se lo encontró por segunda noche a la entrada del hotel donde nos tocó hospedarnos. Por la ropa, parece ser un empleado que sale o entra sobre la misma hora. La 1:00 de la mañana no es buena para preguntar con quién estamos hablando,o eso creía el reportero, obligado a recorrer a esa hora 250 metros de pasillos del alojamiento para salir al zaguán, donde único está permitido fumar, como ya es norma en cualquier hotel del mundo.

 

 

La primera vez José lo saludó cordial, pero tímido, como para no interrumpirle el instante de dañino «solaz»; la segunda ocasión ya no fue igual. Cortés pero locuaz, hizo la pregunta que se veía venir, «entonces ustedes son los periodistas de Cuba». «Sí», respondió el periodista, sacudiendo el humo para no ser grosero (los fumadores cada día son más raras avis).

«Yo soy seguidor de Morena, el movimiento de AMLO (Andrés Manuel López Obrador), mi presidente. Ese sí es un hombre bueno, un mexicano de corazón. Él conoce bastante del país de ustedes.Desde chiquito yo oigo hablar de Cuba, de Martí, de Fidel, de la Revolución y ahora me interesa conocer más sobre ustedes y su presidente, Díaz-Canel, ¿no? AMLO dijo que él es el invitado de honor del desfile militar por el 211 aniversario del Grito de Dolores, y eso es algo importante».

Joven al fin, José no paraba de navegar por las redes, entonces al periodista se le ocurrió invitarlo a seguir al presidente cubano en su cuenta en twitter (@DiazCanelB).

Le explicó que recién había puesto ahí dos tuit sobre México. Uno sobre los Niños Héroes de Chapultepec, a quienes calificó de «símbolos del valor y la resistencia de su pueblo ante la intervención extranjera», y en otro replicaba palabras de Fidel, quién había señalado que «la Revolución Mexicana constituyó una fuente de profunda inspiración para el movimiento revolucionario latinoamericano».

MARTÍ, FIDEL, DÍAZ-CANEL

Compartiendo luego la conversación sostenida con José, a estos periodistas se les hizo evidente cómo la historia de Cuba se entreteje única en la vida y el hacer de sus mejores hijos e hijas, incluso para personas que a primera vista parecieran distantes de una pequeña isla antillana, la que, sin embargo, parece estrella para millones de personas en el planeta.

El corazón de México, el secular y el de hoy —que es uno solo—, está al lado de Cuba. Y viceversa. Martí, Fidel, Raúl y ahora Díaz-Canel… Suárez, Zapata, Cárdenas y ahora López Obrador… La Revolución mexicana y la Revolución cubana son ejes que trazan una línea continúa entre ambos pueblos desde las entrañas «nuestro americanas».

 

«Veintidós años contaba José Martí cuando, procedente de su exilio en España, arribó a nuestra patria para su primera estadía, 1875-1876. Llegaba al México republicano, liberal y juarista de Lerdo de Tejada, que le abrió los brazos y lo sentó al lado de Guillermo Prieto, Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez el Nigromante, Juan José Baz, Vicente Villada, Manuel Mercado, fogueados en las luchas contra la intervención francesa, y de hombres de la nueva generación como Justo Sierra y Juan de Dios Peza», escribía el historiador Alfonso Herrera Franyutti en una bella crónica publicada el 28 de enero de 2003 en el diario local La Jornada.

«México —añadía— sería para Martí fuente de vivencias que le dan nuevo sentido a su vida y alas a su poesía, el despertar de su conciencia a la realidad de la otra parte de América, diferente a la del Norte, con características y necesidades propias, donde nuevas realidades se unían a las inquietudes de su Cuba natal, permitiéndole la toma de conciencia de la problemática latinoamericana».

En México —agregaba Franyutti— Martí «observó por primera vez el peligro que representaba Estados Unidos para México. Aquel amenazaba con invadir a su vecino y Martí escribe “que los mexicanos saben morir, no vendrá a enseñarlo al mundo una nueva invasión americana: los sabinos de Chapultepec tienen escrita en sus canas nuestra historia».

«En México (Martí) siente la necesidad del renacer de nuestros pueblos, del regreso orgulloso a nuestras raíces, de fomentar la identidad nacional (…). Aquí encuentra al indio y ve la antigua grandeza de la raza aniquilada, sus ruinas prehispánicas que hablan de grandioso pasado y la obra de Juárez, “el indio egregio que echó un imperio al mar”. Martí señala que hasta que no se haga andar al indio no andará América.

Tras dos años de vida en México, camino a Veracruz, el joven Martí escribiría: «¡Oh México querido! ¡Oh México adorado, ve los peligros que te cercan! ¡Oye el clamor de un hijo tuyo, que no nació de ti! Por el norte un vecino avieso se cuaja…»

 

Chapultepec también fue inspiración de Fidel. El 10 de octubre de 1955, cuando exiliado en México fue invitado a la Tribuna de la Juventud Mexicana para celebrar el aniversario del inicio de las guerras de independencia de Cuba, expresaría:

«Quien les habla aquí quiere aprovechar la oportunidad para expresarles quizás uno de los sentimientos más fervorosos de veneración, de admiración y de respeto que ha albergado hacia México; nuestra admiración y nuestro respeto por los niños héroes de México (…)

Ustedes, jóvenes de México, pueden sentirse orgullosos; pueden sentirse convencidos de que poseen una de las fortunas espirituales que haya poseído ninguna juventud en el mundo: ese ejemplo extraordinario de los niños héroes (…).

«Cuantas veces me detengo allí junto a la torre majestuosa que se alza en lo alto del templo, me parece verlos caer envueltos en la bandera mexicana, y subir de nuevo hacia el cielo para convertirse en estrellas que guíen para siempre el decoro y la dignidad del pueblo mexicano (…) Creo que los niños héroes pertenecen a México y pertenecen también a América, porque cayeron luchando contra un imperialismo que ha puesto sobre toda la América sus garras.

Decía más adelante Fidel aquel 10 de Octubre de 1955 frente a la juventud mexicana:

«Y para concluir, solo me resta hacer nuestra profesión de fe en el destino de América. Bellas palabras decía Juárez cuando expresaba que no nos debemos a nosotros, que no nos debemos a nuestra generación, que para quien siente un ideal la vida no es fácil, la muerte la toma como un medio y no como meta, quien siente un ideal no le importa consumirse como un aerolito cuando atraviesa la resistencia de la atmósfera; quien siente un ideal no le importa siquiera que muchos no le comprendan, si precisamente por lo mucho que quieren unos pocos es que disfrutan algo todos; quien siente un ideal no le importa el obstáculo que tenga por delante. Hay algo que está por encima de todas las razones: es la razón del corazón, es la razón de la fe, es la convicción de que el derecho y la justicia están con uno. Y son esos ideales los que logran prender la llama de los pueblos, de la rebeldía de los pueblos.» (En Discurso pronunciado por el Dr. Fidel Castro Ruz, en México, el día 10 de octubre de 1955, www.fidelcastro.cu).

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