Ahogados

Ahogados

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No hay peor sensación que estar ahogándose, que esa desesperada agonía de luchar por un poco de aire, mientras el mar revuelto te traga y justo cuando piensas que respiras… te vuelve a zarandear, porque creíste que ya no corrías peligro y en esa confianza la sacudida resulta mayor, muchas veces, definitiva.

Francia no pudo pasar a los cuartos de final de la Eurocopa.

Así le sucedió a Francia en Bucarest. Llegaron flotando en océanos de adulaciones y se hundieron entre tanta floritura.

Seferović los hizo probar los primeros buches de agua salada. Estocada de cabeza a una esquina de la portería de Lloris tan rápido como al minuto 15, tras un centro de Zuber, quien desestabilizó a Pavard durante todo el primer tiempo.

Desde ahí, Francia se empezó a notar marchita y casi al inicio de la segunda mitad un penalti a favor de Suiza acabó de dejarlos pálidos, pataleando, intentando salvar la vida. Ricardo Rodríguez ejecutó y tapó Lloris para salir a la superficie y volver a respirar.

Ahora quienes empezaban a ahogarse en su propia inseguridad parecían ser los helvéticos.

Y en tres minutos Benzema los sumergió con dos tantos, como si los torturara, zambulléndoles la cabeza en el agua, sin dejarlos siquiera salir a coger oxígeno.

Los galos volvían a flotar con Griezmann, Mbappé y compañía. Pogba, con un golazo por toda la escuadra, pensó que los había terminado de matar y se hinchó, creyendo en realidad que así había sido.

Pero Petković leyó el partido de manera magistral y sus cambios empezaron a dar señales de vida. Los de Deschamps, en la confianza, no lo notaban.

Minuto 81. Seferović otra vez. Los navajos no querían morir ahogados. Miedo en Francia ante la turbulencia. Buches de agua salada que parecían haber olvidado. Gravanović se encargó de hacerlos palidecer otra vez: minuto 90, gol de Suiza.

Parejos, forcejeando para no perecer, sofocados de un lado y de otro, se consumieron los dos tiempos extra.

En los penales, la pugna siguió igual de cerrada. Los helvéticos iban al frente 5-4 y Mbappé cargaba la responsabilidad de mantener las ilusiones. Lanzó de derecha y detuvo Sommer.

Los Suizos finalmente respiraban. Mientras, los potenciales campeones franceses no lo creían. Murieron, ahogados, entre tanto favoritismo.

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