Médico de familia: bitácora de un positivo

Médico de familia: bitácora de un positivo

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Aliviada y satisfecha con la noticia, la doctora Idaliana Fernández Saltarén camina hasta su destino. Va a comunicar a los moradores de la vivienda, que fuera su primer control de foco como médico de familia, que ya tienen el alta clínica y epidemiológica, luego de padecer la COVID-19.

Doctora Idaliana Fernández Saltarén, médico de familia del consultorio número 4 del Consejo Popular Jamaica, municipio de Manuel Tames en la provincia de Guantánamo. Foto: Adriana Rojas Preval

La novedad también es beneplácito entre los participantes del Consejo de Defensa Municipal de Manuel Tames, en la provincia de Guantánamo, y por eso ―según ella afirma― “la llamaron temprano para que cumpla su rol de informar a esa familia y continúe el protocolo correspondiente como Atención Primaria de Salud.

“Ya los padres y su hija, que fue el primer positivo, lo saben. Yo vine hace dos días a comunicárselo, porque se cumplía un mes, el tiempo requerido”.

El episodio es aún más trascendente, pues con él cierra uno de los primeros casos por importación de la enfermedad que provocó el brote en la oriental provincia cubana a finales del mes de diciembre, tras varios meses en fase de nueva normalidad.

Todo comenzó el pasado 16 de diciembre cuando la joven Daynelis, de 34 años, sin padecimientos crónicos, rasgos aparentes de buena salud, arribó al país en el vuelo S6-300, procedente de Haití y con destino a Santiago de Cuba.

En auto de alquiler se trasladó hasta la provincia de Guantánamo, específicamente al Consejo Popular Jamaica, donde reside junto a sus padres.

“Desde la llegada de la viajera yo me presenté en su hogar porque ya había sido avisada de su arribo al país”, comenta la doctora Idaliana. “Ahí comienza la pesquisa activa del hogar. Empezamos por controlar y seguir diariamente la temperatura a ella y sus familiares o las manifestaciones catarrales, algo que sí presentaban sus padres antes de viajar su hija, no así al regreso de ella. Para mí el hecho de que los padres tuvieran catarro antes del viaje constituía un factor de riesgo pues, en caso de contraer la enfermedad, eran más vulnerables y la carga viral se presentaría con mayor rapidez”.

Asumiendo que había un atraso con el resultado del PCR realizado en el aeropuerto, la doctora procedió ansiosa con el equipo epidemiológico a efectuar la prueba correspondiente al quinto día, el miércoles 21 del propio mes.

“La paciente había estado ya demasiado expectante a los resultados. Siempre me preguntaba si ya los teníamos. Y al darle la confirmación fue que me refirió que tenía dos días con pérdida del gusto”.

Abrimos así el control de foco e inmediatamente se identificó la fuente de infección en el exterior. El procedimiento consiste en la activación del equipo de respuesta rápida integrado por un médico especialista en Medicina General Integral, el epidemiólogo del área de salud, el Inspector sanitario estatal, y el médico y enfermera del consultorio”.

Realizadas todas las acciones necesarias y en seguimiento del protocolo, la vivienda fue desinfectada, en tanto se orientó e informó a la familia: madre, padre y esposo de la viajera que eran sus únicos contactos, según arrojó la encuesta epidemiológica.

“También se efectuó el cronopatograma, que es como se le llama al procedimiento donde con mi ayuda el equipo pudo conocer los antecedentes patológicos personales de cada una de las personas o miembros de la familia. Son datos que solo el médico y enfermero de la familia conocen al dedillo y nos permiten evaluar con rapidez el grado de vulnerabilidad de cada persona”.

En ese sentido, la madre explicó: “Del médico de la familia nosotros no tenemos quejas. Desde apenas llegar mi hija de Haití la doctora venía todos los días sin fallar. Siempre nos decía que nos cuidáramos, que le informáramos cualquier síntoma o anomalía. “Nos advirtió que ninguno podía salir de la casa ni permitir incluso que vinieran mis nietos, hijos de mi otro hijo varón».

La doctora agrega al respecto: “Hay que decir que esta vigilancia activa tiene un paso importante en el protocolo de la Atención Primaria que es cuando el médico y la enfermera de la familia visitan la vivienda para chequear las características de esta y comprueban si existe hacinamiento o no, y si resulta posible un ingreso domiciliario efectivo que permita el cumplimiento estricto del aislamiento.

“En caso de que la vivienda no cumpla los requisitos, nosotros notificamos a instancias superiores y esos viajeros son trasladados a otro sitio seguro a pasar su período de confinamiento”.

“Tomamos todas las medidas necesarias y no nos quitamos el nasobuco ni mi esposo ni yo en ningún momento”, refiere la madre.

“A los dos días del viaje ya mi hija me decía que no sentía el sabor del café. Y entonces después que le hicieron el PCR no tenía olfato.

Yo le dije que a lo mejor tenía la COVID-19. Me preocupé y era mi deber atenderla.

“En la cuarentena solo estábamos aquí en la casa nosotros tres: su papá, de 55 años de edad, ella y yo, que tengo 54. El marido de ella, que vino el último día antes de llegar el resultado, se quedó, y cuando nos hicieron la prueba a todos, solo él dio negativo.

“Luego, cuando nos llevaron al centro de atención en Santiago de Cuba, él se quedó aquí y esperó la prueba del quinto día, que también le salió negativa.

“A ninguno de los tres nos dio fiebre. Yo soy hipertensa y cuando supe que había dado positivo, me subió la presión. No quisieron decirme a cuánto, pero luego se estabilizó y no tuve nada más.

“Mi hija fue la única que perdió el apetito mientras estaba ingresada”.

Aunque la familia hoy está más tranquila y sin lamentar complicaciones de la enfermedad, quedan imborrables los días aciagos fuera del hogar y quién sabe si las secuelas del virus que aún no han podido identificar, cuestiones que advierte la doctora del consultorio:

“Desde ahora la familia iniciará un nuevo seguimiento con un equipo multidisciplinario que los consultará de manera independiente y evaluará el alcance de las secuelas y el estado general de cada uno de ellos de acuerdo a sus edades y patologías, teniendo en cuenta que es un virus y está en constante mutación”.

En la actualidad, según apreciaciones del Consejo de Defensa Provincial en Guantánamo, impresiona el número de casos autóctonos, lo cual manifiesta una transmisión local de la enfermedad. Sin embargo la mayoría de los pacientes son contactos de contactos de algún viajero internacional.

 

Desde el inicio del brote en el Alto Oriente cubano la tasa de incidencia oscila entre los 167.86 por cada 100 mil habitantes, cifra en la que es recurrente la presencia de casos importados con viajeros procedentes de Haití, Estados Unidos y Venezuela, en ese orden como las naciones de mayores casos importados.

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