Con Filo: El economista que todos llevamos dentro

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La celebración este 26 de noviembre del Día del Economista nos debiera hacer pensar que esta fecha tendría que empezar a dejar de ser solamente un reconocimiento que involucre a quienes estudian o ejercen profesiones relacionadas con las ciencias económicas.

 

 

De hecho, pocas veces nuestra ciudadanía ha hablado tanto de economía como por estos días, pues dondequiera que uno llega puede escuchar agudas reflexiones sobre el próximo ordenamiento monetario y cambiario, y sus posibles impactos inmediatos y futuros en nuestros hogares y colectivos laborales.

Y eso está muy bien, porque en realidad la noción sobre la economía, sus leyes, las maneras en que debemos gestionar los recursos para su aprovechamiento óptimo y la satisfacción de nuestras necesidades individuales y colectivas, es mucho más que una materia de la estricta y exclusiva competencia de un grupo determinado de profesionales o técnicos.

A fin de cuentas, de una u otra manera, con mejores o peores resultados, sin percatarnos o con plena conciencia de ello, todos hacemos o debiéramos hacer nuestros propios análisis económicos, para contribuir al desarrollo de la sociedad y de nuestra familia.

No por gusto el modelo que en el país se trata de perfeccionar mediante la Estrategia Económica y Social que configuramos a partir de la inteligencia colectiva de toda nuestra población, exige cada vez más que todo ciudadano o ciudadana piense y, fundamentalmente, actúe, con una mentalidad de economista.

En ese sentido debemos desterrar la vieja concepción que identificaba la acción de administrar con la potestad de un pequeño grupo de personas que deciden sobre la manera de emplear los recursos, y son los únicos responsables por su control, preservación y crecimiento.

La gestión de los bienes y el modo de organizarnos para que estos nos ofrezcan mejor provecho y nos rindan más, es una tarea que tenemos que asumir cada persona en el nivel donde nos desempeñamos, desde el ama de casa hasta el más encumbrado directivo, pasando por todas las modalidades de trabajadores, tanto estatales como privados.

Por supuesto que para lograr ese funcionamiento con criterio económico hay que crear condiciones que favorezcan la creatividad, la independencia y la productividad de todos los sujetos que actúan en la economía, propósito al cual están siendo encaminadas la mayoría de las medidas ahora en implementación.

Sabemos, no obstante, que este es un proceso contradictorio, no exento de escollos y de resistencias, porque es muy difícil comenzar a hacer de una manera distinta lo que por mucho tiempo realizamos de otro modo. Los cambios por venir suscitan además la lógica preocupación del camino desconocido, pero la mejor manera de enfrentarlos será como agentes activos, enterados y actuantes, con una actitud positiva, optimista y de mentalidad económica.

Porque esa es la única vía para poder satisfacer nuestras expectativas individuales y colectivas: que todos nos convirtamos y hasta sintamos que debemos celebrar como nuestro cada Día del economista, para que de hecho tomemos las riendas del conocimiento y la previsión, y así llegar a administrar, siempre un poco mejor hoy que ayer, y mañana que hoy, desde nuestro centro de trabajo hasta nuestra propia casa

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