No te quiero en mi casa

No te quiero en mi casa

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Leí en  Internet un texto que me pareció muy revelador de los procedimientos de Washington para intentar someter a los pueblos que se han propuesto seguir un camino independiente. Se le atribuye a Roger Waters, exlíder de la banda de rock inglesa Pink Floyd y se refiere a Venezuela hacia la cual ha manifestado más de una vez su solidaridad,  pero es aplicable también a Cuba. Creo que  puede ilustrar desde la perspectiva de cada ciudadano lo que significa el bloqueo y las presiones de todo tipo a él asociadas para crear escaseces y pesimismo y después alegar la necesidad de cambiar el régimen en ese país porque supuestamente tiene oprimido a su pueblo.

 

Caricatura: Martirena

Dice así el texto:

“Si le interesa mi casa y no me la puede comprar es porque no se la quiero vender, ni tampoco se la quiero alquilar o arrendar…Entonces usted me encierra en mi casa, y no me deja salir para ir al supermercado, ni a la farmacia ni al banco, y tampoco deja que me vendan  los repuestos del carro o la moto, y aunado a eso me cancelan las cuentas de crédito y ahorro… Al cabo de un tiempo mis familiares se van a desesperar, algunos escaparán por la ventana… y usted desde afuera empezará a vociferar que soy un inepto para conducir las riendas de mi casa y que soy un dictador, que hago sufrir a mi familia…y entonces van a comenzar a decir que el gobierno de mi casa está en CRISIS y que los vecinos tendrán permiso para INTERVENIR y echarme con el propósito de atender la crisis humanitaria de mi familia».

“Eso sí, usted nunca dirá que lo que le interesa es quedarse con mi casa. Y que por eso fue que me puso en una situación tan CRITICA ante mi familia”

Cualquier parecido con la actuación de las sucesivas administraciones estadounidenses para someter a Cuba es coincidencia. Baste recordar que solo entre 2019 y 2020 se aplicaron contra nuestra nación más de 130 medidas con el deliberado propósito de asfixiar la economía.

Este año se cumplieron seis décadas del famoso memorándum secreto del Departamento de Estado, suscrito por Lester Mallory, vicesecretario  para los Asuntos Interamericanos. Vale la pena recordar su siniestro contenido: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales…hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar  la vida económica de Cuba…una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discretas posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Es el mismo cuento de quien quiere apoderarse de nuestra casa aunque sus inquilinos se opongan. En sesenta años no han podido lograrlo. Y si nuestro adversario esperaba que las presiones económicas sumadas a los efectos de la pandemia iban a facilitarle el camino, se equivocó, porque los cubanos tensamos nuestras fuerzas para enfrentar ambos desafíos.

Voluntad política, comprensión del pueblo para poner en práctica las  medidas sanitarias orientadas frente a la COVID-19; un sistema de salud que se ha consagrado a combatir tan peligrosa enfermedad tanto dentro como fuera de nuestras fronteras; instituciones científicas de alto nivel capaces de crear tratamientos que han revertido el estado crítico o de gravedad a muchos pacientes y la elaboración de un candidato vacunal contra la COVID-19, demuestran que contamos con recursos para enfrentar un peligro que ha desarticulado a naciones desarrolladas del mundo.

Tampoco hay magia en el hecho de que en un país pequeño, bloqueado y difamado por la mayor potencia del mundo, no haya colapsado su economía a pesar de las tremendas carencias que ha tenido que soportar y además crezca, creando, innovando, como señaló el Presidente cubano.

En  circunstancias tan adversas el país no se ha detenido, por el contrario, se ha propuesto profundas transformaciones contenidas en la Estrategia  Económico Social para impulsar la economía y enfrentar la desafiante situación que vivimos.

Hace más de 120 años, el Generalísimo Máximo Gómez se refirió así a la ocupación militar yanqui de nuestra tierra: “Nada más racional y justo que el dueño de una casa, sea el mismo que la va a vivir con su familia, el que la amueble y la adorne su gusto; y no que se vea obligado a seguir, contra su voluntad y gusto, las imposiciones del vecino.”

Ya pasaron los tiempos en que este se entrometía descaradamente en nuestros asuntos. No lo queremos en nuestra casa.

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