Lecciones de un brote

Lecciones de un brote

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Dolores, costos, lecciones, son estos saldos visibles del contagio de SARS-CoV-2 que afecta a la Empresa de Construcción y Montaje de Obras del Turismo de Varadero (Constructora Hicacos), entidad yumurina a cargo de una población laboral de 4 mil 464 hombres y mujeres, de los cuales 2 mil 218 residen en albergues, la mayor cifra de alojados en el país.

 

Los constructores de Varadero están dispuestos a retomar el proceso inversionista tan pronto las condiciones lo permitan. Foto: Noryis

 

Casi seis meses desde la llegada de la pandemia a Matanzas estuvo la agrupación sin reportar un solo caso de la COVID-19, hasta el 18 de septiembre, fecha de inicio del evento de transmisión institucional con saldo de 66 enfermos al cierre del pasado jueves.

“Es una lástima lo sucedido. Esta fuerza se atiende con esmero”, confiesa Mario Morales Carrazana, presidente de la Zona de Defensa de Santa Marta, Consejo Popular del municipio de Cárdenas, donde radican campamentos del Ministerio de la Construcción (Micons).

Presumiblemente, explica, el brote lo originó una habitante de Santa Marta (infectada en el evento tienda TRD), esposa de un constructor de la obra Oasis, que a su vez es madre y hermana de empleados de la inversión de Mar del Sur. “Por ahí comenzó todo”.

Aunque la hipótesis de la fuente del evento epidemiológico está por confirmar, de inmediato se procedió a la paralización de todas las obras, y a la entrada en cuarentena estricta de los trabajadores de los albergues, entre otras medidas para contener la expansión del virus y evitar así la menor infección posible, manifiesta Ailuj Casanova Barreto, directora provincial de Salud.

¿Qué pudo haber determinado tan complejo panorama? Quizás factores asociados a violaciones en el cumplimiento de las normas de bioseguridad, por lo general puerta de entrada del coronavirus, estima Carilda Peña García, directora nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

Según su apreciación, el aislamiento precoz de sospechosos y contactos, y el estudio de los casos, permite transitar de manera rápida y oportuna en el manejo de un brote hasta el momento sin reporte de graves ni de fallecidos, pero “el riesgo es grande y existe, en especial en personas con patologías asociadas”, alerta.

Buena parte de los cascos blancos de Cárdenas son jóvenes y saludables, por lo tanto la mayoría han resultado asintomáticos, sostiene Marcial Hernández Zulueta, directivo en la Constructora Hicacos. “Nunca dejamos de hacer las pesquisas, una de las fundamentales medidas de un programa incluyente de la contratación de un número mayor de ómnibus para garantizar el distanciamiento físico y eliminar el hacinamiento, entre otras alternativas”, argumenta.

Hernández Zulueta detiene la voz, mueve la cabeza y reconoce. “Por muchas acciones que se hagan, nada pareciera ser suficiente. Hay que seguir previniendo”, palabras apoyadas por Rafael García, jefe de instalaciones de la brigada constructora de obras de arquitectura (Bcoa) 36. “De vuelta a la normalidad perfeccionaremos algunas cosas. Hay trabajadores del barrio Bachichi que duermen con el nasobuco, mientras otros ignoran usarlo en todos los espacios”.

En su edición impresa del 4 de mayo, bajo el título A la COVID-19, ¡cierra la muralla!, Trabajadores informó del exquisito protocolo de bioseguridad aplicado en la obra Oasis, inversión que concentraba en aquella ocasión a mil 600 empleados.

“La enseñanza es clara aquella ocasión. Hay que trabajar más en la base, donde actúan los grupos de ejecución y los encargados, para exigir rigor en el cumplimiento exacto de lo establecido”, expresa el ingeniero Everto Yero Martínez, director de la Bcoa 47.

El reconocimiento de no bajar la guardia un segundo en un combate cotidiano contra la pandemia define y mucho la misión de las secciones sindicales, admite Anabel Milián Veguería, secretaria general del Sindicato Provincial de Trabajadores de la Construcción.

La efectividad de cualquier protocolo de prevención transita por la responsabilidad individual, sostiene la directora nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial, pensamiento que encuentra eco en la joven doctora Aymara Vienes Álvarez, al frente del equipo médico del campamento Namibia.

“Hay miedo entre los albergados. Están viviendo el peligro de este virus y eso de alguna manera facilita nuestra labor. Se portan muy bien y colaboran en todo. Cuidarse y cuidar a los demás es un deber constante mientras dure la pandemia”, dice con un orgullo singular. “Nunca imaginé estar cumpliendo en Cuba y en mi provincia una misión de tanta envergadura. Nunca he prestado servicios en otro país, ahora siento que lo estoy haciendo”, afirma la facultativa de 27 años, oriunda de San Pedro de Mayabón, en Los Arabos.

En el propio campamento Namibia, un cartel anuncia Aquí no se rinde nadie, frase resumen del espíritu de victoria de los hombres y mujeres de la Constructora Hicacos. “Nadie lo dude. Cuando superemos esto, recuperaremos el ritmo de ejecución de las obras”, promete el director general Roberto Rovira.

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