Guerrero convertido en leyenda

Guerrero convertido en leyenda

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“Toma esto, te puede hacer falta”, le susurró Alfredo López a Julio Antonio Mella, apretándole la mano debajo de la frazada que lo cubría en la camilla donde lo trasladaban, muy debilitado, a causa de la huelga de hambre que este declarara en protesta por su detención.

Alfredo le había entregado un billete de cinco pesos. “Tómalo y no seas bobo, no te dejes morir. Tenemos mucho que hacer para triunfar. Come, chico…”.

La anécdota la narró posteriormente el propio Mella, que al recordarla escribió: “Yo guardé aquellos cinco pesos por un tiempo. Estaba orgulloso de haber recibido aquel dinero de solidaridad de las cuotas que recogían para los obreros presos… Los guardé hasta que la necesidad de la emigración hizo que se gastaran.”

Ese fue el último encuentro entre los dos luchadores, a quienes los unió una gran amistad. Cuando en 1926 Mella marchaba a México, Alfredo salía de la cárcel, adonde lo llevaron por su rebeldía en varias ocasiones. El primero de mayo de ese año acusaba al Gobierno de Gerardo Machado por los crímenes cometidos. Lo encarcelaron nuevamente y lo amenazaron de muerte. Logró que lo liberaran, pero por poco tiempo: el 20 de julio fue secuestrado y desaparecido.

No hay mejor caracterización de Alfredo que la contenida en los textos escritos sobre él por Mella. En El grito de los mártires evocó así al compañero de batallas, como si estuviera dialogando con él: “Guerrero, no tengo palabras para ti. El autor de estas líneas se siente hoy huérfano. Bisoño en la lucha, fue con tu ejemplo, con tu acción, que él adquirió experiencia.

“¡Oh, tu verbo proletario, oh, tu acción sindical, oh, tu poder de organización! La Federación Obrera de La Habana, la Confederación Nacional Obrera, los Congresos de Camagüey y Cienfuegos son organismos potentes de la lucha de clases. Pero tú, luchador, fuiste el alma de ellos. Más todavía, a pesar de tu desaparición, seguirás siendo el maestro del proletariado cubano”.

No fue hasta transcurridos siete años, al producirse la caída de la dictadura machadista, que se supo la suerte corrida por Alfredo López. En excavaciones realizadas en las faldas del Castillo de Atarés se encontró la fosa en la que había sido lanzado su cuerpo. Miles de personas acudieron a su entierro. Nadie pudo impedir que se convirtiera en una leyenda para los trabajadores.

Acerca del autor

Graduada de Periodismo. Subdirector Editorial del Periódico Trabajadores desde el …

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