Eliseo Diego: precursor de Orígenes

Eliseo Diego: precursor de Orígenes

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Como «un rasguño en la piedra», calificó  José Lezama Lima la creación en el año 1944, del grupo y Revista Orígenes,  paradigma de la cultura insular donde se reunieron varios intelectuales de su tiempo bajo los preceptos de la amistad y el diálogo espiritual, para asumir la mejor concreción del espíritu moderno. Entre sus fundadores estaba Eliseo Diego, relevante figura de las letras insulares cuyo centenario celebramos en este verano.

Eliseo Diego

El trascendental  acontecimiento encabezado por Lezama, se produjo  en la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, en la ciudad de Bauta —situada a 29 kilómetros por la carretera antigua, al Oeste de la capital—, donde por aquella época oficiaba el Padre Ángel Gaztelu, también integrante de la célebre asociación de noveles creadores de la vanguardia insular.

Eliseo, leyenda de la Literatura Latinoamericana

Orígenes, según el Diccionario de la Real Lengua Española es una palabra que significa “Principio, nacimiento, manantial, raíz y causa de algo”, además de “Patria, país donde alguien ha nacido o tuvo principio la familia o de donde algo proviene”, premisas sobre las que Lezama Lima creó este proyecto que arriba ya a sus 76 años y se considera uno de los sucesos más singulares de la cultura cubana.

A través de este texto pretendo resaltar, principalmente, algunos aspectos relacionados con la vinculación a Orígenes de Eliseo de Jesús de Diego y Fernández-Cuervo, conocido en todo el mundo como Eliseo Diego, quien nació el 2 de julio de 1920 en La Habana, y falleció en México, a la edad de 74 años, el 1 de marzo de 1994, víctima de un infarto del miocardio vinculado a un edema pulmonar agudo; noticia sobre la que el Premio Nobel de Literatura en 1990 y premio Cervantes en 1981, Octavio Paz, poeta, ensayista, dramaturgo y diplomático mexicano —uno de los más influyentes escritores del siglo XX y de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos—, comentó: “solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”, mientras que el emblemático  escritor, guionista, editor y periodista colombiano, Gabriel García Márquez,  Nobel de Literatura en 1982, lo consideró uno de los grandes poetas de la lengua española.

Es significativo el hecho de que, tras llegar los restos de Eliseo a La Habana, el 4 de marzo de 1994,  fue enterrado en la necrópolis de Colón en una bóveda  muy cercana a la de su gran amigo José Lezama Lima, fallecido el 9 de agosto de 1976.

A través del grupo y la revista Orígenes, Eliseo se conectó estrechamente con Lezama, en tanto consolidó sus relaciones con otros jóvenes  intelectuales de la época, muchos de los cuales se conocían por su activa presencia en el prolífico ámbito intelectual de la cuarta década del pasado siglo en la capital.

Aunque se consideraba, ante todo, un bardo: “Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos”, la labor intelectual de Eliseo se extendió asimismo al ensayo, las traducciones y la prosa, géneros en los que su talento del mismo modo brilló.

 

Dos parejas de enamorados

Junto a Lezama y el Padre Gaztelu, de igual forma sostuvo reciprocidad afectiva con cuatro de los jóvenes que posteriormente se integraron a Orígenes: Cintio Vitier y las hermanas Fina y Bella García Marruz, luego emparentados a través del amor hasta que la muerte los separó.

 

Eliseo Diego, Bella y Fina García Marruz, y Cintio Vitier. Foto: Tomada de La Jiribilla

 

Otros poetas, músicos y pintores también se nuclearon en torno al memorable proyecto y fundaron la revista homónima que hizo historia en las letras cubanas: José Rdríguez Feo, Virgilio Piñera, Octavio Smith, Lorenzo García Vega, Cleva Solís, Gastón Baquero, Julián Orbón, José Ardévol Gimbernat, Mariano Rodríguez, René Portocarrero  y Agustín Pí.

 

De izquierda a derecha: Fina García-Marruz, Eliseo Diego, Bella García-Marruz, Collazo (linotipista), Cintio Vitier, el padre Ángel Gaztelu, Lorenzo García Vega, Alfredo Lozano, José Lezama Lima, Julián Orbón, Mariano Rodríguez y Octavio Smith.

 

Corría la primera mitad de los años 40 del pasado siglo, y el apego entre Eliseo y Cintio se había fortificado grandemente. Asistían a tertulias, presentaciones de libros y espectáculos escénicos. Ambos tenían entonces poco más de 20 años de edad y desde entonces sellaron sus respectivas vidas con las hermosas muchachas, igualmente movidas por la literatura: Bella y Fina, quienes vivían en la calle Neptuno número 308, en Centro Habana, donde se realizaban encuentros entre algunos escritores de la época, cita que fue bautizada por Agustín Pi como El Turco Sentado.

Eliseo y Bella se conocieron en el año 1941 en la Universidad de La Habana, donde no terminaron sus carreras para más tarde matricular Pedagogía; se casaron en la Parroquia de Bauta el 17 de julio de 1948; mientras que en ese mismo centro de altos estudios Fina y Cintio —quienes desde la adolescencia profesaban admiración y respeto por José Martí y su obra—,  entablaron una amistad que devino en un profundo amor consumado el 26 de diciembre de 1946. Ambos matrimonios fueron bendecidos por el padre Ángel Gaztelu.

Los cuatro impacientes intelectuales generalmente viajaban juntos a la parroquia de la apacible ciudad de Bauta —hoy municipio de la provincia de Artemisa, que hasta el año 2010, perteneció a la antigua provincia de La Habana—.  Allí Gaztelu ofreció su residencia —hoy Biblioteca municipal Antonio Maceo— y la iglesia para propiciar el encuentro del grupo reunido por Orígenes.

 

Bella conoce a Lezama

En un inicio, a José Lezama Lima  solamente lo conocía Cintio. Eliseo, Fina y, posteriormente Bella, se mantenían en activo con la revista a  través de sus colaboraciones,  pues no habían tenido la posibilidad de relacionarse con el notable poeta, novelista, cuentista, ensayista y pensador estético cubano que trascendió al mundo con su novela publicada en 1966, Paradiso —considerada por muchos críticos como una de las obras maestras de la narrativa del siglo XX—.

En varias entrevistas, Bella contaba la anécdota de cómo conoció y habló con Lezama en la Librería Económica, ubicada en la calle O’Reilly, número 466, casi esquina a Villegas, en La Habana Vieja. En un día del mes de marzo de 1946, ella andaba de recorrido por esa zona en busca del libro La mujer pobre, de León Bloy, para regalárselo a Eliseo. Lezama adquirió el volumen y, para sorpresa de ella, se lo regaló. Antes de entregárselo escribió una dedicatoria: “A las hermanas García Marruz, a su distinción y temperamento”, con fecha marzo de 1946.

Antes del surgimiento de Orígenes, Eliseo publicó en el primer número de la revista Clavileño —fundada en agosto de 1942 por Cintio y Gastón Baquero— su  prosa poética titulada Boabdil, un significativo texto que conmovió a la crítica y que firmó bajo el nombre de Eliseo de Diego.

Algunos estudiosos afirman que las esencias origenistas se remontan al año 1937 con la aparición del poema Muerte de Narciso, de José María Andrés Fernando Lezama Lima, quien había sido  inscripto con ese nombre en el Registro Civil al venir al mundo  el 19 de diciembre de 1910 en el campamento militar de Columbia, en La Habana —hijo de un coronel de artillería—, simplemente conocido como José Lezama Lima,  asimismo devenido una de las más importantes figuras de la Literatura Hispanoamericana, que aunque se dedicó sobre todo a la poesía y al ensayo, se le recuerda fundamentalmente por su faceta de novelista.

 

Orígenes: «raíces de grandes profundidades sociales»

Sobre este gran suceso cultural que marcó la carrera literaria de Eliseo, vale rememorar algunos detalles:

El proyecto origenista era una organización verdadera, un ente que, por tener raíces de grandes profundidades sociales, históricas y culturales, no dependía de los arrastres de vendavales coyunturales, en una época caracterizada por la banalidad republicana donde la consonancia de una política regida por doctrinas impuestas por corruptos gobernantes, constreñía los horizontes de cualquier tipo de valoración cultural que se revelara en la isla.

Aquel conjunto de intelectuales expresaba su desacuerdo ante la opresión social. Mediante esa conducta contestataria, Orígenes devino propugnador de un novel propósito empeñado en profundizar en los gérmenes de la cultura nacional, partiendo de la impugnación abierta  a todo aquello que epidermizara la cultura. Para sus integrantes, la idea central de su acción emergía de una visión teleológica y trascendental, en la que, ante todo, se enaltecía el sentido de «lo cubano», apreciado desde los planos más profundos, es decir, los  más recónditos y esenciales de la realidad. Conceptos que sirvieron de estandarte en la lucha por la emancipación plena del hombre, ahondando en su ser individual y participativo, para llegar a las entraña y raíces de sus formas de decir y actuar.

 

La realidad asumida en su carnalidad

Según el filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital, Orígenes constituyó la búsqueda de la esencialidad y del afianzamiento del hombre.

A Orígenes le antecedieron Verbum (1937),  Espuela de Plata (1939-1941), Clavileño (1941-1943), Nadie Parecía (1942-1944), Poeta (1942-1943); para finalmente derivar, en 1944, en esta revista igualmente alentada por el Padre  Ángel Gaztelu, quien facilitó el recurrente encuentro de aquellos intelectuales.

Bien se ha enfatizado que Orígenes, como revista co-dirigida por el promotor cultural, traductor, periodista, editor y crítico literario José Rodríguez Feo, materializó un espíritu poético que redimensionó la realidad cubana. De este modo esa realidad no sólo es expresada, recreada y valorizada, sino asumida en su carnalidad. No sólo fue un espacio para cultivar y publicar de poesía, sino fue tribuna de ella, el cuerpo que expresó el espíritu devenido forma expresa de una nacionalidad defendida a toda costa, visionada más allá de su significante para ser el solo significado.

 

“Fragua de la nacionalidad cubana”

Esos preceptos editoriales ya habían sido anunciados, en el segundo número de Verbum, por el crítico de arte y diplomático  Guy Pérez Cisneros, quien en un artículo sobre varios pintores cubanos expresaba, en cuatro significativos puntos, la acción cultural del grupo. El primero de esos apartados proponía “derrocar todo intento artístico de tendencia política, pues en este momento toda tendencia política que no sea estrictamente nacional, está forzosamente equivocada y sólo nos puede conducir a una desaparición total”; mientras que en el cuarto y último se afirmaba  “alentar con celo todo lo que sea capaz de crear la sensibilidad nacional y desarrollar una cultura”.

Más adelante Guy sostenía que “este deber, por minúsculos que sean nuestros medios y nuestras fuerzas, trataremos de cumplirlo para que por fin, estas paredes históricas que nos rodean y que quizás avergüencen mis palabras, lleguen a ser: la fragua de la nacionalidad cubana…”.

Otro planteamiento concordante con los enunciados de Pérez Cisneros, los expuso Lezama Lima, en 1937, en su célebre Coloquio con Juan Ramón Jiménez, donde argumentaba el propósito de concretar el mito de la insularidad e integrarlo como aporte a la personalidad social y cultural de la nación.

 

Emblema revolucionario de la cultura insular

Fue esa reunión de talentos, de espiritualidades tan grandes como divergentes, la que ocasionó, con sus respectivas obras literarias (poesía, narrativa, crítica literaria, artística, estética y filosófica) una gran conmoción cultural. Por sus aportes y por la indiscutible calidad de sus textos, así como por la concreción de un espíritu poético. Durante sus doce años de existencia, la Revista Orígenes devino emblema revolucionario de la cultura insular en aquellos años.

Eliseo, tal y como lo hicieron otros de sus colegas integrados al grupo, editó varias de sus obras en Ediciones Orígenes, como su libro de prosa poética Divertimentos, publicado el 12 de marzo de 1946 en los Talleres Úcar, García, S.A., ubicado en Teniente Rey No.15, en La Habana Vieja, imprenta en la que también vio la luz el 5 de enero de 1949 su  primer y célebre poemario En la calzada de Jesús del Monte,  una de las obras más intimistas de la literatura caribeña.

 

El ideario martiano

En un artículo publicado por Enrique Saínz en el número 1 del año 2012 de la Revista Espacio Laical, titulado De las entrañas de la isla, sobre el grupo Orígenes señala: “Ahí estaba, sin dudas, la vanguardia, pero llevada hasta límites insospechados por sus más fieles adeptos. Fina García Marruz ha señalado que Lezama era más delirante que todos los vanguardistas, aseveración que podemos corroborar leyendo sus páginas representativas. Y además hallamos en Muerte de Narciso, como en su acercamiento a Garcilaso, innumerables fuentes espirituales y una decisiva voluntad de ruptura, también proclamada por los movimientos surrealista, cubista, dadaísta.

“Desde su propia época —agrega—, Lezama se remonta hacia el pasado e integra múltiples elementos diversos para crear otra interpretación de la vida y de la cultura, propuesta radicalmente distinta de todas las que animaban los lineamientos ideoestéticos en aquellos años. El gran antecedente estaba en José Martí, el hombre que aunó, con recia voluntad creadora, poesía e historia, pasado y porvenir”.

Hay que apuntar que la mayoría de los integrantes de Orígenes tuvieron en sus sólidas formaciones las enseñanzas de los grandes maestros del cristianismo, sobre todo de muchos de sus poetas. Fina García Marruz alega en su libro La familia de Orígenes (1997) que “Dante es un nombre más esencial a nuestro modernismo que Verlaine”, de donde se infiere —según Enrique Saínz—, que “también para Orígenes el gran poeta florentino fue más importante porque para los poetas del grupo el gran autor católico había alcanzado lo que ellos, como los modernistas, también buscaban: la catolicidad, es decir, la universalidad que habría de integrar vida y muerte, cuerpo y alma, Poesía e Historia.

“Esa religiosidad profunda de los origenistas —añade—, asumida desde posiciones libres, sin desentenderse de los dogmas, pero sin vivirlos en sentido estricto, dio al grupo una manera muy peculiar de asumir la cultura precedente y coetánea, como se evidencia en la lectura que hicieron Lezama, Vitier, García Marruz, Diego y Smith de los poetas que mayor significación tuvieron para ellos. Ningún poeta cubano, exceptuado José Martí, se planteó semejantes tesis ni alcanzó a realizar tan extraordinarias interpretaciones de sus autores formativos como ellos”.

 

Nuestra América en Orígenes 

Otro valioso aporte de los origeneístas fue su cuidadoso escudriñamiento en la variopinta arquitectura de la nacionalidad cubana, a través de disimiles textos que de alguna manera contribuyeron a establecer una posición estrechamente vinculada con el latinoamericanismo, en concordancia con el ideario martiano en el que se insta a comprender a Nuestra América como un solo cosmos, una Patria grande, desde el Río Bravo hasta La Patagonia, en tanto integrar a la isla al vasto universo de la cultura mundial.

Tales empeños fueron posibles a través de sus producciones literarias, en las que no establecieron diferencias  entre una personalidad insular u otra hispanoamericana, Europea, Asiática o de cualquier otra región del orbe.

Se ha comprobado que muchos de los volúmenes de poesía, teatro, narrativa y ensayos hispanoamericanos publicados a mediados de la pasada centuria establecen nexos indiscutibles con los trabajos aparecidos en Orígenes, tanto a través de su revista como en los libros de  sus integrantes, en todos los cuales, de acuerdo con los criterios de muchos de los grandes maestros de la literatura, y de prestigiosos críticos, emanó un fecundo taller fundado y enriquecido sobre la diversidad, tomando como punto de partida las raíces más hondas de nuestra ínsula, subyacentes en nuestros ancestros: el indio, el negro, el español, el chino….

Como expresara el sabio Don Fernando Ortiz, en su artículo titulado Factores humanos de la cubanidad, publicado en la Revista Bimestre Cubano (Marzo-Abril de 1940): «Cuba es un ajiaco, ante todo, una cazuela abierta. Eso es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos… cazuela singular la de nuestra tierra, que ha de ser de barro, muy abierta».

 

Un proyecto monumental e indestructible 

En tal sentido, la propia presentación de Orígenes afirmaba: “Queremos situarnos cerca de aquellas fuerzas de creación, de todo fuerte nacimiento, donde hay que ir a buscar la pureza o impureza, la cualidad o descalificación de todo arte (…) nos interesan fundamentalmente aquellos momentos de creación en los que el germen se convierte en criatura y lo desconocido va siendo poseído en la medida en que esto es posible y en lo que no engendra una desdichada arrogancia.”

Con la mirada en el pasado y sobre la base del necesario e ineludible enriquecimiento de nuestra identidad, la obra del Grupo Orígenes se erige en monumental e indestructible  herencia de los cubanos, joya que, como afirma Saínz, constituye un importante instrumento cultural a tener muy en cuenta en “esta época de creciente pérdida de valores, de avances tecnológicos que parecen juegos de la imaginación y que contribuyen, en su lado negativo, a desustanciar la vida y a hacernos creer que los grandes problemas se van a resolver con los avances científicos, las propuestas de estos poetas y pensadores poseen un extraordinario significado en la medida en que nos inducen a indagar más adentro en nosotros para ver nuestras insuficiencias y nuestra pobreza.

“Creo que la cultura de nuestros días —enfatiza Saínz— tiene en este grupo de escritores, pintores y músicos uno de sus grandes momentos no sólo por las calidades intrínsecas de sus libros, sino además por habernos enseñado a mirar y comprender, sentir y disfrutar la alegría de la vida y la esperanza de un mundo mejor hasta el día de la eternidad”.

Bien es cierto que, durante su existencia, Orígenes no tuvo un explícito carácter polémico;  sin embargo son conocidos sus espinosos debates en defensa de determinadas tesis y planteamientos de sus autores en algunos escritos, sobre todo aquellos que enfrentaron valientemente la desvergüenza y la corrupción de los mandatarios de la época y sus principales seguidores, además de la mediocridad, a veces humillante, del ambiente cultural que era alimentado por los poderosos oligarcas con el principal fin de entretener a la rancia burguesía cubana.

 

Fernández Retamar: “Orígenes llegó a su fin debido a absurdas disputas”

En una magistral conferencia del poeta, ensayista y promotor cultural, Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa de las Américas, publicada en la revista Thesaurus, del Instituto Caro y Cuervo, de Colombia  (Tomo 49, Número 2 , correspondiente al año 1994), bajo el título de Orígenes como revista, el destacado intelectual cubano  puntualiza: “En cuanto a la circunstancia nacional en que vivió Orígenes, el propio José Rodríguez Feo —(1920-1993), crítico, traductor, ensayista, editor y uno de sus directores— la caracterizaría años después señalando que en la Cuba de entonces ‘prevalecieron la corrupción administrativa, la malversación de los dineros del pueblo, el enriquecimiento de los politiqueros con los negocios más sucios, el pandillerismo, la división del movimiento sindical y el sometimiento total del país a las imposiciones del imperialismo yanqui’. Convertida además Cuba en feudo de la mafia».

Tras la publicación de  42 números, entre 1944 y 1956,  con portadas en cada una de sus ediciones que fueron ilustradas por grandes pintores cubanos, además de los 23 libros que vieron la luz bajo su sello editorial, así como los numerosas programas culturales que alentó y defendió dentro de una ferviente unidad de trabajo, lamentablemente la revista Orígenes —que también tuvo como editores iniciales a Mariano Rodríguez y Alfredo Lozano Peiruga—  llegó a su fin debido a absurdas disputas por viejos odios españoles entre sus dos directores, Lezama Lima y Rodríguez Feo.

Sucumbía así aquella revista que en su número 16, correspondiente al  invierno de 1947 —se publicaba cada tres meses, en correspondencia con las estaciones del año— afirmaba que  “todo podrá tener acogida en nuestras páginas, menos lo chusma, lo frío informe, lo apresurado, y el rezagado que quiere ahora pasarse de listo, cuando todos sabemos que llegó tarde a la fiesta y no tiene alegría ni expresión para hacer otras fiestas”.

Para muchos, el pleito entre Lezama y Rodríguez Feo fue superfluo, aunque provocó  doloridas repercusiones entre la intelectualidad cubana y de Hispanoamérica. Tras la discordia entre ambos intelectuales se editaron dos revistas con el mismo nombre, Orígenes, una de ellas dirigida por Lezama, quien se valió para ello de un Consejo de colaboración integrado por algunas de las figuras cubanas más notables de esa época, y la otra, creada por Rodríguez Feo, con otro Comité de Colaboración integrado por escritores extranjeros.

Orígenes se había rajado, y empezaba a extinguirse. Una, la de Lezama, quedó desguarnecida; otra, la de Rodríguez Feo, era un conjunto amorfo de colaboraciones, aunque no pocas de ellas fueran en sí excelentes”, afirma Retamar en la prestigiosa publicación Thesaurus  dedicada  esencialmente a  los campos de la lingüística y la literatura, tanto en lengua española como en lenguas indígenas americanas.

Seguidamente enfatiza: “¿Qué habría ocurrido si, de no haberse publicado los exabruptos que asesinaron a Orígenes, esta hubiera durado al menos dos años y medio más, hasta el triunfo revolucionario de 1959, un triunfo que sus dos exdirectores, a la sazón absurdamente separados, saludaron con entusiasmo? No puedo dejar de pensar que en ese caso nos habríamos ahorrado ciertas mediocridades y groserías. Aunque esta conjetura no puede desconocer que el clima cada vez más espantoso del batistato muy probablemente hubiera hecho imposible la sobrevivencia de Orígenes, como ocurrió con la nueva revista de Rodríguez Feo, Ciclón, fundada en 1955 e interrumpida por él en 1957”.

En tan breve espacio no es imposible hablar con mayor profundidad sobre Orígenes, cuyo subtítulo fue Revista de Arte y Literatura, fenómeno cultural en torno  al que hay  mucho qué estudiar y difundir aún, especialmente entre las jóvenes generaciones que apenas conocen de la existencia de este maravilloso esplendor de cubanía, en el que dejó su impronta uno de los más brillantes intelectuales cubanos de todos los tiempos: Eliseo Diego, quien precisamente desde la Biblioteca Nacional José Martí, donde trabajó en la década de los años 60 del pasado siglo, promovió la literatura y la lectura para niños y jóvenes. Sirvan estas líneas como homenaje a este gran escritor que asimismo nos legó una extensa bibliografía, en la que además de la poesía,  aparecen la prosa y la traducción, para de tal modo ser acreedor del Premio Nacional de Literatura, en 1986, y del Premio de Literatura Juan Rulfo, en México, 1993.

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