Con Filo: Suave para que se nos dé

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En casi toda Cuba comienza este jueves la primera fase de la etapa de recuperación después de la epidemia de Covid-19. Solo La Habana y Matanzas permanecen sin cambios, al no alcanzar todavía los indicadores de salud que permitan pasar a ese nuevo estadío del proceso de enfrentamiento al nuevo coronavirus.

Foto: tvavila.icrt.cu

Y aquí es necesario enfatizar en el término “proceso”. Pues lo que arranca hoy no es una vuelta abrupta a la situación anterior al inicio de la presencia de la enfermedad en el país, sino una reactivación gradual de la vida social y económica, hasta donde sea posible, sin comprometer bajo ninguna circunstancia los resultados que hasta ahora se obtuvieron.

Los resúmenes sobre las medidas y características de cada una de las fases que ahora comienzan han sido bastante amplios, y continuarán los detalles con las informaciones de los diferentes organismos.

Sin embargo, la complejidad de ese entramado de disposiciones, más la peculiaridad de que su aplicación será asimétrica, o sea, no al mismo ritmo en todos los territorios, implica que será imprescindible un nivel de comunicación mucho más apegado a la base, en cada municipio y tal vez hasta en el nivel de la comunidad, en dependencia de los requerimientos específicos de cada lugar.

Porque no es que ya estemos libres del peligro que representa la pandemia, ni que podamos renunciar a un grupo de precauciones y formas de actuar que permanecerán por mucho tiempo, e incluso pudieran ser prácticas permanentes hacia el futuro.

Por el momento, está claro que las medidas de higiene personal, autocuidado y distanciamiento físico tendrán que asumirse como nuevos hábitos y estilos de vida, los cuales debemos incorporar como rutinas elementales para nuestra protección individual y colectiva.

Lo cierto es que el llamado “desescalamiento” de las protecciones que nos impuso la Covid-19 no será camino lineal ni exento de peligros. La experiencia internacional así ya lo demuestra, a partir de las noticias sobre retrocesos y rebrotes de los contagios en lugares donde no hubo un control efectivo sobre cada paso de esa transición hacia una reapertura de actividades económicas y sociales.

En Cuba quedó demostrada la efectividad de la organización estatal para el control y prevención de la trasmisión del virus, pero también durante estos últimos cien días pudimos identificar no pocas debilidades en la actuación institucional y en la disciplina social, que no en todos los casos están resueltas ni mucho menos.

En esas circunstancias emprendemos este tránsito, también inédito, hacia una situación de mayor actividad, donde hay que aprender a regular también las ansiedades acumuladas durante la pandemia, para evitar los apresuramientos que nos puedan hacer cometer errores.

En particular, la situación de la capital requiere de un seguimiento estricto y esmerado, más aún en esta etapa que hoy comienza, cuando la mayor parte del resto del país inicia la recuperación, pero todavía no puede hacerlo su principal urbe y centro socio-administrativo, una limitación que no solamente le incumbe a esta provincia, sino también a todas las restantes.

Pero más allá de todas estas alertas, es válido que hoy también nos congratulemos con el avance que esta nueva etapa representa, y que reconozcamos la labor de tantas personas e instituciones que hicieron posible llegar a ella. Asumamos esta victoria —porque sin dudas lo es, y grande—, y todo lo que resta por hacer en lo adelante para consolidarla, con la filosofía de aquella frase tan popular: suave, pa´ que se nos dé.

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