Sanos y agradecidos (+Fotos)

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En la mirada octogenaria de Delma Fernández Calzerrada hay alivio y gratitud. Sobresalientes, los ojos del pequeño de diez años Michel Alejandro Soto reflejan iguales sentimientos. De Idania Pupo Sarmiento, de 58 años, no puede decirse algo diferente.

 

En su apartamento del reparto Sanfield, la familia del pequeño Michel respira aliviada y toma rigurosamente las medidas higiénicas necesarias. Foto: Lianne Fonseca

 

Los tres holguineros, recuperados recientemente de la Covid-19 en el Hospital Militar Fermín Valdés Domínguez, representan otras de las tantas historias felices que el sistema de salud cubano escribe en medio de la pandemia.

 

Con 80 años de edad, Delma rebasó el COVID-19 con la atención constante del personal médico del Hospital Fermín Valdés Domínguez. Foto: Lianne Fonseca

Medicinas de amor para Delma

Ya de alta clínica en su apartamento del Reparto Pedro Díaz Coello, Delma no olvida ningún detalle de los últimos días. Asegura no haber sentido miedo, salvo un poco de susto el primer día, cuando pasadas las tres de la madrugada del domingo 5 de abril llegaron de improviso a su casa para llevársela por ser contacto de un caso confirmado.

Afirma que en esos instantes, un poco desorientada, su alma de madre no pensó en la pandemia, sino que se preocupó por si algo malo le había pasado a algunos de sus hijos mellizos. Luego, con la certeza de ser positiva a la enfermedad y estando ingresada en el Hospital Fermín Valdés Domínguez, de Holguín, tampoco la rondaron temores y mucho menos los síntomas más evidentes del nuevo coronavirus.

Sin embargo, explica, que entre la enfermedad, el ingreso y el tratamiento, se le debilitó el estómago, y no quería comer, aun cuando la alimentación era muy buena. Pero, para su suerte, en el hospital holguinero había también medicamentos de amor y preocupación.

“Un médico del municipio de Sagua de Tánamo me ve y me pregunta que qué me pasa, con aquel amor, y le digo ay mijo, yo tengo una cosa en el estómago que hace cinco días que no como nada. Y entonces me dice y ¿qué tú desearas comer? Y yo le respondí que quería un huevo hervido con un pedacito de fongo (plátano burro). Y él mismo me lo hizo y me lo trajo. Eso no se hace en ningún lugar, nada más que allí”, narra.

Desde su aislamiento hogareño y mientras sigue las noticias del canal local de televisión, Delma dedica pensamientos de gratitud hacia quienes la atendieron. “Yo nunca en la vida he sido una persona enferma. Pero bastante tengo que agradecerles a los médicos, a los jefes de sala, a todos. Medicamentos me dieron de todo tipo y hasta unas vitaminas de las que tengo todavía”.

 

La tranquilidad de una familia

En el Reparto Sanfield, de la ciudad de Holguín, hay una familia que respira aliviada después de tener en casa y fuera de peligro a dos de sus miembros, que contrajeron la COVID-19. La doctora Idalmis Pupo da gracias porque su pequeño hijo Michel Alejandro Soto y su hermana Idania Pupo están nuevamente junto a ella, tras pasar de forma estable los 14 días de ingreso pertinentes.

 

Idania Pupo veló al mismo tiempo pos su salud y la de su sobrino. Foto: Lianne Fonseca

 

La madre del niño, que no llegó a contagiarse, explica que todo comenzó cuando se enteraron que un caso confirmado de COVID-19 había tenido contacto con su hermana en el Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez. Al saber esto, ella misma se comunicó con el grupo de Higiene y Epidemiología de esa instalación médica, el cual actuó con agilidad y rápidamente la familia fue llevada para un centro de aislamiento, donde se le practicaron las pruebas correspondientes.

Los resultados arrojaron que el niño y su tía Idania, aunque asintomáticos, estaban contagiados. Ambos fueron ingresados y permanecieron juntos durante el ingreso, con el objetivo de que Idalmis, hipertensa y asmática, no tuviera que arriesgarse al fungir como acompañante de su hijo.

Idania relata que cuando le dieron la noticia de que era positiva “fue como un shock porque no me esperaba ese resultado. Pero hoy doy gracias porque todo fue bien. El medicamento es muy fuerte, pero me siento bien.

“En el hospital militar fue un tiempo difícil y a la vez maravilloso por el trato de los médicos, los enfermeros y hasta de las tías y tíos, como les llamábamos a quienes nos llevaban el alimento. Ya temprano en la mañana nos estaban dando los buenos días y por las noches, antes de acostarse iban a la sala”.

 

Michel, con sus 10 años, agradece la atención que recibió. Foto: Lianne Fonseca

 

Aún con sus 10 años, Michel está consciente de todo lo que ha vivido. Con un aplomo y una madurez inusuales a su edad, confiesa que se sintió “encerrado durante el ingreso, pero toda la atención fue buena y los médicos superpreocupados. Había mucha higiene, todo el tiempo andábamos con hipoclorito y con nasobucos”.

La madre del niño subraya que la familia acaba de pasar “un período de angustia tremenda, de preocupación y estrés, porque sabíamos las consecuencias que puede acarrear esta enfermedad”. Sin embargo, es evidente que la tristeza y preocupación se van diluyendo para darle paso, gradualmente, a la serenidad. Es bueno verse sanos y poder agradecer.

 

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