Celia de Cuba (Especial)

Celia de Cuba (Especial)

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Ella es de esas personas que escribieron sus nombres en el corazón de la Patria con la tinta indeleble del amor. No necesita más presentaciones, basta decir Celia y la imagen tierna, delgada y enérgica salta del recuerdo, el libro de historia o la anécdota familiar, porque a 100 años de su natalicio Cuba continúa sintiéndola presente, cercana y entrañable.

Hoy más que nunca está aquí, firme junto a nosotros, asegura Marbelis Terry Pérez, directora del museo memorial ubicado en la casa donde Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley vino al mundo, el 9 de mayo de 1920, en el poblado costero de Media Luna, en la actual provincia de Granma.

 

Unido a las excepcionales cualidades como patriota y revolucionaria, la grandeza de su personalidad radica en el humanismo, la sencillez, modestia, esmerada atención a los detalles, y un carácter auténtico que dignificó todo lo mejor que caracteriza a un cubano.

Siempre preocupada por los más desposeídos, hizo honor a su tercer nombre – aunque no le gustaba mucho que la llamaran así- y a juicio de la especialista es ciertamente esa una de las razones por las que el pueblo se identifica tanto con la heroína.

Marbelis trabaja en la institución patrimonial desde 2007 y afirma que 13 años de bregar entre la vida y obra de Celia le han aportado mucho como ser humano, enriqueciendo su disposición y entrega a las tareas, y también la capacidad para entender, escuchar a las personas y sensibilizarse ante cualquier injusticia.

Cuando llegas aquí comprendes que nada es imposible y que todos los retos pueden ganarse a golpe de enorme voluntad y fuerza para seguir adelante.

Sobre todo –dijo- me ha ayudado a comprender la historia, porque la formación y trayectoria de la distinguida guerrillera son resultados de un proceso de concatenación.

La primera mujer incorporada al Ejército Rebelde se nutrió, desde la cuna, con la savia rebelde y patriótica emanada del ejemplo del padre, el doctor Manuel Sánchez Silveira, un hombre de ideas liberales y avanzadas para su época.

Pero también heredó el carácter generoso de la madre, Acacia Manduley Alsina, quien falleció cuando la niña contaba sólo seis años de edad.

 

 

Resulta entonces muy importante enseñar a las nuevas generaciones a conocer y valorar a Celia, para que puedan entender cómo se convirtió en la personalidad admirada y querida que es hoy para toda la nación, por su ejemplo de lealtad insuperable a la Patria, a los cubanos, a Fidel y a la Revolución.

Sobre la hermosa coincidencia de su nacimiento tan cercano al Día de las Madres, Terry Pérez resaltó que, si bien biológicamente no tuvo hijos, el pueblo la considera como tal porque siempre, entre tantas responsabilidades, estuvo muy al tanto de todos los problemas de los ciudadanos.

Parece que a cada momento surge una nueva anécdota, personas a quienes ella benefició o ayudó de alguna forma, alguien que conserva una carta.

 

Por esas razones cuando hablamos con los niños les pedimos que la recuerden bella y delicada, como las orquídeas; pura como la Mariposa; y siempre erguida, como la Palma Real.

 

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