Educación también aporta valientes

Educación también aporta valientes

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Rolando Beltrán Hurtado jamás pensó vivir los inciertos días de una pandemia como la del nuevo coronavirus. Mucho menos imaginó que su escuela, la que dirige hace ya 45 años, se enrolara en el épico enfrentamiento de Cuba a la COVID-19.

El profe Beltrán, en el centro a la izquierda, comparte una rápida instantánea junto a una representación del personal de la salud que permanece aislado en la escuela. Foto: Betty Beatón Ruiz
El profe Beltrán, en el centro a la izquierda, comparte una rápida instantánea junto a una representación del personal de la salud que permanece aislado en la escuela. Foto: Betty Beatón Ruiz

Una y otra cuestión las asumió a su modo, “con un sí por respuesta”, dicho con la quietud propia de su voz —que tanto sosiego ofrece— y ese don especial que lo convierte en una suerte de rey Midas de la educación cubana.

No por gusto el profe Beltrán ostenta el Título Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Su centro es de referencia nacional en el Ministerio de Educación y fue de los escogidos como escenario para el aislamiento de una parte del personal de la salud del hospital Doctor Ambrosio Grillo, que atendió a pacientes con el SARS-CoV-2.

La nueva misión asignada al colectivo del internado de primaria Abel Santamaría Cuadrado del poblado de El Caney, en la ciudad de Santiago de Cuba, fue acogida como suelen hacer con cuanto pedido reciben, con la frase: Manos a la obra.

Del dicho al hecho solo hubo que pulir pequeños detalles porque la escuela es una “tacita de oro” los 365 días del año.

“Los dormitorios, que contaban con 30 capacidades, las dejamos en 15 en aras de propiciar la separación entre camas, comenta Beltrán, y ya teníamos previsto dar una mano de pintura, gracias a un donativo procedente de Alemania, así que nos adelantamos un poco y recibimos a esos valientes de la salud con la escuela como nueva”.

El 19 de abril se abrían las puertas del internado santiaguero y el corazón de los 12 trabajadores escogidos para la atención a los aislados, con el fin de propiciar que los 26 compañeros —personal de laboratorio, de mantenimiento y de servicios del referido hospital— se sintieran como en casa.

“Estamos sorprendidos con esta escuela, los que nos atienden y con su héroe director”, nos dice desde lejos Elena Serrano Montorio, una de las que se recupera en el internado, donde le tocó celebrar su cumpleaños 57, colmada de atenciones que la dejan sorprendida.

Sus colegas —chequeados con rigor por el equipo de salud que encabeza el doctor Arlis Torres, y asintomáticos todos hasta el momento de redactar este material— comparten el mismo sentimiento y cuentan que a las nueve de la noche aplauden por ellos mismos y por cada una de las personas que en estos días difíciles, sin importar oficio o profesión, también aportan al enfrentamiento a la COVID-19.

Entre esos están Beltrán y su “tropa”, díganse por ejemplo, Neysi Muñoz Heredia y Karina Sagarra Matos, en representación del sindicato y el Partido de la escuela, quienes se pusieron del lado del deber para asumir, lejos de casa, y durante 14 días de labor ininterrumpida, la atención a los aislados.

Otros trabajadores del internado Abel Santamaría ya se alistaron para, cuando corresponda, relevar a los que hoy están en el centro.

Cuenta Beltrán que esa disposición nació espontánea, tal y como pasó con la liquidación de la cuota sindical y Mi Aporte a la Patria en saludo al Primero de Mayo.

Y es que no se espera menos de un colectivo donde el liderazgo parte del ejemplo personal.

“No podía quedarme en casa, con todo y mis 73 años. Nada me es ajeno de esta escuela, por eso, cumpliendo al pie de la letra las medidas de seguridad, estoy aquí, y estaré el tiempo que sea necesario, feliz de saber que los educadores estamos siempre dispuestos a dar  un paso adelante, donde nos necesite la patria, ya lo hemos demostrado y ahora lo reafirmamos”.

Acerca del autor

Graduado de Licenciatura en Periodismo, en 1976, en la Universidad de La Habana. Hizo el servicio social en el periódico Victoria, del municipio especial isla de la Juventud, durante dos años.
Desde 1978 labora en el periódico Trabajadores como reportero y atiende, desde 1981 temas relacionados con la industria sideromecánica. Obtuvo premio en el concurso Primero de Mayo en 1999 y en la edición de 2009. Es coautor del libro Madera de Héroes.

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