RETRATOS: Músico, zapador y delegado

RETRATOS: Músico, zapador y delegado

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Con su guitarra en el hombro, Silvio Ibarra Alemán no se cansa de apostar por la música. Según dice es su vida, pues desde que era niño estuvo cerca de esta, ya que se crió en una familia de artistas.

Silvio Ibarra Alemán no se cansa de apostar por la música. Foto: Agustín Borrego
Silvio Ibarra Alemán no se cansa de apostar por la música. Foto: Agustín Borrego

Si bien su padre fue violinista, él prefirió el tres y la guitarra, instrumentos que con el tiempo dominó hasta extraerles las melodías más preferidas. Todo eso lo logró con maestros particulares, aunque intentó matricular en las Escuelas de Música Manuel Saumell y Alejandro García Caturla no pudo entrar, y no fue hasta 1995 que se graduó en la Escuela de Superación Profesional de Música Félix Varela.

Pero en la década del 80 del pasado siglo, la música era solo un hobby. A instancias de la familia, concluyó sus estudios como técnico de nivel medio en Sistema Eléctrico Industrial, oficio que desempeñó en la Cubana de Acero. Sería por poco tiempo, pues en 1981, ante el llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas, se convirtió en maestro de Dibujo Técnico en la Secundaria Básica Álvaro Barba.

Combinó todo eso con su pasión por la nueva trova y llegó a compartir escenarios, según cuenta, con Vicente y Santiago Feliú y Marta Campos. “En 1986 pasé a trabajar profesionalmente con la empresa Benny Moré y en marzo de 1992 fundé el Septeto Sonido Son, el cual dirijo hasta la fecha. Nos presentamos en hoteles e instituciones de las cadenas Habaguanex, Gran Caribe, Islazul y Gaviota.

La vida siempre pone retos y a Silvio le gusta atreverse. Por eso no dudó en pasar las pruebas como zapador en las Milicias de Tropas Territoriales. No imaginó que sus saberes como electricista industrial le permitiría asimilar con mayor prontitud y destreza los conocimientos, en los cursos efectuados en la Escuela de Colinas de Villa Real.

El zapador tiene que tener cuidado y destreza. De alguna manera todas esas experiencias le han servido para su desempeño en la labor de delegado de su circunscripción. Para interactuar con la población se requiere tacto y sensibilidad.

Silvito, el delegado

Por el día la vida de Silvio Ibarra Alemán tiene un sentido: su comunidad. Entonces, su nombre cambia: para todos es Silvito. Lo mismo se le puede ver en el mercado, en la panadería o en medio de la calle conversando con uno de sus electores sobre alguna preocupación del barrio o del funcionamiento de las instituciones.

Hace tiempo que se ha entregado en alma a las personas que durante cuatro mandatos lo han elegido como su representante ante el gobierno del municipio del Cerro. No hay otra manera de cumplir esa misión: “ponerle corazón”, aunque no siempre se logren las expectativas de los vecinos.

Estar al frente de la Circunscripción 85, del Consejo Armada, es para él un desafío constante. Su área abarca a más de mil habitantes, algunas familias disfuncionales, y casos de sancionados, así como niños y adolescentes con problemas de conducta y aprendizaje.

Por si fuera poco, el tornado que azotó el pasado año la ciudad tuvo su nacimiento muy cerca del reparto Martí y entre las instituciones dañadas estuvo la escuela primaria Osvaldo Sánchez, que ya de por sí requería una reparación. Ahora quedó como nueva.

“Se reparó el mercado principal y el Joven Club de Computación. También se reinauguró el Sistema de Atención a la Familia que garantiza el desayuno, almuerzo y comida para las 98 personas que lo necesitan. Hemos tenido resultados, pero aún en las asambleas, se reitera por ejemplo la necesidad de un cajero automático, aquí hay mucha población de adultos mayores, que para acceder al servicio tienen que caminar hasta el otro reparto”, apuntó.

Ahora con la presencia del nuevo coronavirus COVID-19, él está más que nunca pendiente de las necesidades del barrio, en la distribución correcta de los alimentos, actuando de manera coordinada con todos los factores para que prevalezca la disciplina, la responsabilidad individual, y que todos contribuyan a evitar en lo posible los daños de esta pandemia.

Para cuando la vida vuelva a la normalidad, ya piensa en una actividad en el barrio, a lo mejor en el propio Joven Club; donde pueda regalar su música, compartir con los pintores del barrio y los vecinos, de forma sencilla, como son los pobladores de su circunscripción.

Acerca del autor

Graduada en Licenciatura en Periodismo en la Facultad de Filología, en la Universidad de La Habana en 1984. Edita la separata EconoMía y aborda además temas relacionados con la sociedad. Ha realizado Diplomados y Postgrados en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. En su blog Nieves.cu trata con regularidad asuntos vinculados a la familia y el medio ambiente.

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