Confiarse es individualismo

Confiarse es individualismo

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Ante el azote de la Covid-19 se reclama a los cubanos: usar el nasobuco, respetar el distanciamiento social, hacer bien el lavado de las manos, preservarse y protegerse. En el cumplimiento de estas medidas insisten el Presidente de la República, los presidentes de los Consejos de Defensa Provinciales, de manera constante lo reiteramos los periodistas en cada reporte, y es además una exigencia médica persistente.

No obstante, muchos cubanos hacen caso omiso a estas alertas, pero vale recordar el refrán: En la confianza está el peligro.

Confieso que tuve exacta conciencia de la importancia de estas medidas ante los consejos enfáticos que han realizado muchos galenos de reconocido prestigio desde las redes sociales, entre ellos el doctor Jesús Satore, director del Cardiocentro Ernesto Guevara de Villa Clara, la pediatra Lisset Ley Vega, del Hospital José Luis Miranda, de Santa Clara, la epidemióloga Gretza Sánchez, directora provincial de salud en el territorio y la alerta convincente del especialista de Segundo Grado en Medicina Interna Ernesto Díaz, Jefe del Grupo que atiende los casos confirmados con Covid-19, en la región central de Cuba, desde el Hospital Militar Manuel Fajardo.

He sido testigo de la persuasión que realizan muchos médicos de la familia, quienes incansablemente orientan a la población. Veo el cansancio y la preocupación en los rostros del personal de la Salud que atiende a los enfermos. Y aunque las autoridades médicas han explicado que las fuentes de infección provienen de personas que han entrado a Cuba desde países donde el contagio es alto, ello no da derecho a ser irresponsables.

Expertos de todas las latitudes insisten en que el contacto físico es la vía de contagio más probable y fácil para expandir la enfermedad, por lo que recomiendan la distancia social porque limita el número de individuos con los que un infectado tiene contacto, y afirman que si se realiza de manera correcta y a gran escala, se rompe o disminuye la cadena de transmisión.

El aislamiento social, está comprobado, disminuye la propagación de la Covid-19 y cuesta poco. Entonces, ¿cómo tener oídos sordos ante reclamos de profesionales de excelencia que batallan, incluso exponiendo sus vidas?

 

 

No es posible ser insensatos conociendo de la preocupación del Estado cubano, que ha concebido un plan de prevención integral sin escatimar un centavo para atender este proceso complejo, disponiendo todo por la salud del ser humano, sin importar nacionalidad, religión, raza, profesión, sexo, ni ideas políticas.

¿Tenemos derecho a ser indolentes cuando la ciencia cubana está batallando y concibiendo protocolos de tratamientos, buscando medicamentos y alternativas ante una enfermedad nueva, sin el conocimiento exacto de su comportamiento y lo hace sin importar los gastos?

¿Aislarnos en casa será más difícil que conseguir los recursos para analizar las muestras en laboratorios o curar enfermos en Cuba y en otros lugares del mundo para eliminar la pandemia?

Muchas razones proporcionan seguridad  y confianza a los cubanos, las que se sustentan en la indiscutible solidez del sistema de salud cubano capaz de crecerse en circunstancias extremas. Por ellas podemos no sentir pánico.

Ahora bien: no cuidarnos, incumplir las medidas de protección orientadas, amontonarnos, seguir haciendo colas sin que estas sean necesarias,  tratar de burlar a los grupos de trabajo comunitario cuando se sabe que es un posible contacto, negarse a decirle a un estudiante de Medicina que tienes tos, catarro, fiebre o cualquiera de los síntomas descritos, jugar dominó, estar con los niños en la calle, eso es INDIVIDUALISMO, pongo la palabra en mayúsculas y negritas, aunque las normas gramaticales no lo permitan.

¡Atención cubanos! Tomemos conciencia, el aislamiento social es una necesidad impostergable, pues el momento es de máximo riesgo. ¿Qué hacemos cuando el ciclón nos pasa por encima? Nos resguardamos, ¿verdad? El momento es casi similar, eso sí, el tiempo lo alargamos o acortamos nosotros mismos con nuestra actitud.

Somos un país solidario y humanista, capaz de hacer milagros por otros, cómo entonces ser egoístas con nosotros mismos. Las cifras crecen, alarman y tengamos en cuenta que son muchos los cubanos expuestos al riesgo: esos que laboran en hospitales, centros de vigilancia, personal de apoyo, directivos… ellos merecen nuestro respeto.

Solo se nos pide ser responsable, obedecer, acatar lo indicado y limitar nuestra idiosincrasia por un tiempo, solo tenemos que mantenernos lo suficientemente lejos los unos de los otros, evitar las multitudes, no tocarnos, nada de apretones de manos.  La distancia social y el nasobuco, aunque no puede prevenir el 100 % de los contagios, juegan un rol primordial para evitar la propagación y frenar la curva ascendente. Hagamos “autocuarentena”, “cuarentena obligatoria”, como usted quiera llamarle, pero hagámosla ya.

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